Plagas de verano

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Feminicidios: Las mujeres caen como moscas en todas las estaciones, pero en el verano la lista progresa geométricamente. Los hombres primero matan y luego se suicidan. Aquí el orden de factores sí altera el producto. La primera muerte te la sirven en el plasma con el aperitivo y se te encoge el estómago. La duodécima te pilla con los postres y le das la misma importancia que a la rutina de salir el sol cada día. Ahí caes en la cuenta de que tu mente actúa como la pituitaria que, cuando es impresionada durante largo tiempo por la misma sustancia deja de percibir su olor. Pero tranquilo, no va contigo. Son celosos de mierda, mentes descarriadas, enfermos. No va contigo. Tú “ayudas” a tu mujer. Aunque te cagues siempre en la puta y pienses que si a una mujer es fácil llevártela al catre es un zorrón verbenero. No va contigo que lo malo o lo pesado se adjetive como coñazo. Que reconoces que alguna mujer conduce bien, aunque en general son unas torpes. No va contigo que cobras más que ella por hacer lo mismo. No va contigo que ves Sálvame y Mujeres y viceversa, y criticas cómo va vestida la ministra o si está flaca la reina. Y es que lo de planchar no se te da. No va contigo que vistes a la hija de rosa y al hijo de azul, o llevas a tu progenie a colegios que los separan por sexos. No va contigo que vitoreas los primeros escarceos sexuales de tu hijo, pero ay como te enteres que a tu hija se le han caído las bragas. Alguna vez vas de putas pero siempre es mayor de edad y te ha asegurado que lo hace porque le gusta. No va contigo que eres católico, apostólico y crees a pies juntillas que Eva salió de una costilla de Adán y que se dejó tentar la muy estúpida y lo tentó a él. No va contigo que eres católico y no conoces curas, ni obispos ni papas que sean mujeres; ni apóstolas tampoco. Tú te sabes de memoria el Nuevo Testamento donde sólo salen magdalenas pecadoras y marías que paren y siguen siendo vírgenes. No va contigo que observas en el martirologio que ellas figuran por no dejarse horadar la entrepierna, mientras que ellos lo están por defender su credo o su pensamiento. Lees la Biblia y Edith,la mujer de Lot, se convirtió en estatua de sal por cotilla. No te lo planteas, ni lo criticas. No va contigo. Que va. Tú eres un hombre de orden. Es el calor del verano que licúa las neuronas de algunos malnacidos. Unos enfermos mentales.

Toros: Doce personas muertas por asta de toro, varios matarifes que pasaron por quirófano y cientos de toros estoqueados, apuntillados y baleados después de agonizar para regodeo de unos pocos. Tradición y arte, dicen. El toro es un herbívoro. Conviene aclarar lo obvio. Los vegetales, que se sepa, no atacan, por tanto no es preciso cazarlos ni pescarlos. A lo sumo hay que reconocerlos porque algunos se defienden con espinas, venenos y otras artimañas, pero no corren ni vuelan. El toro es un animal rumiante que vive en dehesas donde tiene pasto suficiente y, si no, se lo provee el ganadero. No tiene que luchar por su comida. Sus lances suelen ser con sus homólogos a modo de juego o, ya en serio, cuando se trata de montar a la hembra de la manada. Ello aparte, como todo ser vivo, si te dedicas a alancearlo y varearlo desde que es un mocoso hasta que se convierte en un morlaco de seiscientos kilos, se le agria el carácter y termina embistiendo, al igual que terminarán matando infieles los niños del Estado Islámico, a los que sus progenitores les regalan un peluche y un cuchillo para que aprendan a degollar a los hombres. El toro es un bóvido que nació manso, hasta que le tocan los perendengues, o atacan a sus terneros o a la manada. Nació manso pero se defiende si le cierras todas las salidas con talanqueras, como en los encierros -nunca mejor dicho-, o lo confinas dentro de las barreras del coso. Tanto más si una muchedumbre con las gónadas inflamadas le vocifera mientras le pican, le clavan tres pares de banderillas y lo estoquean antes de darle la puntilla. El público aplaude en el matadero de toros -perdón, quise decir plaza- viendo durante diez minutos echar mierda al agónico animal por el culo, orina por la verga y vómitos de sangre coagulada por la boca, como calostros negros. Supongo que a ese mismo público, en el preciso instante en que la estocada atraviesa todo el mondongo del animal, se le pondrán tiesos los núcleos paraventricular y supraóptico del hipotálamo y liberarán toda la oxitocina que no han sido capaces de producir ni en ejercicios solitarios ni en compañía de otros. Dalí, en eso de liberar oxitocina, era más pragmático. Lo cuenta Julián Peiró en el libro, “La señora Rius, de moral distraída”: Fue D. Salvador, ya sexagenario, a la Casa de citas San Mario acompañado por ocho mujeres espectaculares, pidió un pato; las señoras le ayudaron a bajarse los pantalones y le sujetaron al animal. Mientras lo penetraba le cortó el cuello beneficiándose de los estertores. Pues eso.

Desde aquí hago un llamamiento a las madres de Tordesillas: Señoras mías, si sus hijos e hijas van a perpetrar el horror cómplice de ver cómo alancean, acuchillan, pican, dardean, apalean y matan a un toro dentro de dos semanas; tanto más si van a ser partícipes en calidad de torturadores y matarifes.; sírvanse, señoras mías, dispensarles un condón a ellos y un Tampax a ellas para salvaguardar la ropa interior. La otra, la suciedad moral, desde aquí se lo digo, no sale ni con lejía.

Incendios: El calentamiento global es eso que niegan los que viven de ensuciar la atmósfera con toneladas de dióxido de carbono. También lo niega algún científico, a quien las petroleras o las constructoras de automóviles le tapan boca y ojos con papel moneda de curso legal. Lo mismo hicieron algunos médicos que certificaban por la memoria de su padre que el tabaco era saludable mientras le llegara el cheque mensual de las tabaqueras. Así que hemos tenido un mes de julio calentorro. Dicen que el más ardoroso desde que se miden las temperaturas. Añádele que los bosques no se limpian, aunque la mitad del personal esté parado, porque el ganado que pastaba lo sacrificamos a mayor gloria de Europa, no en vano pagaban el degüello del ovino, bovino y caprino a precio de litografía de Picasso. Súmale que este gobierno aprobó, justo cuando el calor se veía venir, la ley gasolina que te permite quemar el monte, construirlo y forrarte. Adiciónale que hay gente pirada, los denominan pirómanos, a quienes les encanta ver sus “hazañas” en el prime time de las televisiones. Agrégale el cabreo de algún brigadista apagafuegos al que no han contratado para la faena estival, y él solito, como un buen emprendedor, se dedica a crear su propio trabajo. Si has volado por la península con cierta frecuencia durante el verano habrás padecido el síndrome de Moisés. Observarías que la zarza de España ardía todos los días por alguna parte, a cualquier hora, dando la sensación de que no llegaba a consumirse.

Doce mujeres asesinadas, doce hombres corneados y muertos. Son plagas de verano. Sangre y fuego. No son las únicas plagas, compiten en contumacia con las pateras, las medusas, las guerras, los mosquitos, el turismo de borrachera o el Estado Islámico.

J. Carlos

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2 Respuestas a “Plagas de verano

  1. Querida María, es un drama. Cuanto más ricos más insensibles. Con ocasión de la guerra de los Balcanes recogimos a decenas de miles de refugiados sin alharacas. Éramos más pobres y todavía no éramos la locomotora de Europa -eso dice Montoro-. Mi pensamiento lateral, sin embargo, me lleva a las causas y a los efectos mariposa. ¿Es que nadie se acuerda de que para darle patadas a Rusia, los USA sodomizaban a Afganistán y se servían del mamporrero de Bin Laden? ¿Se nos ha olvidado de que Bush, Blair y Aznar -los tres de las Azores, hoy muchimillonarios- metieron el palo en el avispero de Irak y, de paso, en todo el Oriente próximo? ¿Qué esperábamos, que nos lloverían pétalos de rosas? Cientos de miles de muertos y diez millones de desplazados sólo en Siria. Mientras tanto los tres susodichos vomitan conferencias por unas carretadas de euros, dando soluciones urbi et orbi. Igual que los banqueros que nos sumieron en la peor crisis económica desde el 29 del siglo pasado, por no saber hacer su trabajo que es controlar el riesgo y, ahora, van por ahí dándonos lecciones de cómo salir de la crisis. Y en vez de mantear a esos sujetos en el patio de una cárcel los enriquecemos más todavía. El mundo al revés, las zorras dando clases de seguridad a las gallinas. Tal vez no. Tal vez el mundo siempre ha sido así.

  2. Hola amigo J.C.:

    Ya he vuelto de mis vacaciones estivales. He vuelto al trabajo con todas las miserias organizacionales más que superadas, por lo que he venido descansada, en paz y armonía, hasta que he conocido como una nueva plaga parece planear sobre nuestras conciencias: las largas filas de los refugiados con sus hijos a cuestas. Imágenes televisivas que me han dejado un poco atorada. He de decir que algunas de ellas, para alivio del personal sensible, fueron acompañadas por imágenes de jóvenes alemanes con comida y pancartas de bienvenida. Parece que esta nueva generación tiene mucho que enseñarnos, pensé. Por breves instantes, esas imágenes me devolvieron la confianza en el ser humano, al igual que las iniciativas de los ayuntamientos de Madrid o Barcelona para reunir familias de acogida, pero pronto volví a la realidad, la caridad cristiana o solidaridad de clase, en mi opinión, resultarían insuficientes, por más que nos remuevan los corazones ver esas filas humanas. El asunto es tan grave e ignominioso para cualquier persona que por serlo, pareciera no tener solución, algo así como el médico que al encontrar al paciente tan grave, duda qué hacer con él. ¿Habría que abrir las fronteras? ¿Intervenir en origen? Todas buenas intenciones para exculpar nuestras conciencias, aunque el hecho en sí, me tiene triste y, al mismo tiempo, indignada. Por si esto fuera poco, anoche vi otras imágenes en las que se mostraban flash back del éxodo republicano, con las imágenes actuales de miles de refugiados y se me terminó de caer el alma a los pies. Voy a ver si lo recojo del suelo.

    En fin, si puedes, escribes y nos das tu opinión, siempre tan bienvenida para estas entendederas que no alcanzan a comprender el porqué de muchas cosas.

    Un besazo,

    María E.

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