Archivo mensual: abril 2017

Mensaje de esperanza

Esperanza Aguirre

La condesa de Bornos, la de la España aristocrática rancia y cañí, se siente engañada y traicionada. Yo no. Me siento feliz como si me duchara después de lustros y aligerara la roña y la suciedad que me ha caído encima. Me siento feliz por mí y por todos aquellos a quienes acosó, vejó, echó de su trabajo, ninguneó e hizo daño personal, política y profesionalmente.

No me siento engañado porque desde el delito de compra de voluntades del Tamayazo ya sabía lo que nos esperaba. Luego vino la privatización de la sanidad, se construyeron nueve hospitales por empresas del amigueo, siempre sobrecostados para que su gestión quedara por tres décadas en manos de esas mismas empresas; mientras los hospitales públicos, ambulatorios y otros centros de salud cerraban plantas porque no tenían ni para retejar y echaban a la “puta calle” a los profesionales. Ahora anda la UCO buscando el hilo de 23 millones de euros que le lleven al ovillo del desfalco sanitario. Cerró laboratorios públicos y otros servicios sanitarios básicos para regalarle la gestión a empresas de sus ex-consejeros, conmilitones y demás amiguetes de parranda financiera. Privatizó la educación regalando colegios pagados por los madrileños a entidades afines, confesionales o no, que entregaban solícitos la coima, al menos a los púnicos, que se sepa. No faltó el suculento plato de las infraestructuras adonde más moscas se arrimaron: metro, metro ligero, M-30, autovías, autopistas siempre con costes duplicados y triplicados. Ahí tienes el ferrocarril de Móstoles a Navalcarnero que fue otro empeño enterrado para repartirse la pasta como los gánsters, o la llamada Ciudad de la Justicia de la que después de 105 millones mediante, sólo queda un ovoide gris en ruinas que no vale ni lo que cuesta demolerlo; por cierto, acaba de aparecer el Libro Mayor de la Ciudad de la Justicia que andaba desparecido.

No me siento traicionado porque lo hacían a la vista de todos. Lo informaban los medios que no vivían de la caridad de la condesa, lo denunciaban en la calle las mareas verdes, blancas y rojas. Es pública y notoria la organización delincuencial que ha gestionado el Canal de Isabel II, tanto como sus casi diarios mítines e inauguraciones a golpe de bolsillo del madrileño que sus comisionistas cobraban a precio de concierto de los Rolling. Es más que indiciaria, de hecho está en los autos judiciales, la financiación del partido que dirigió con mano de hierro a costa del sufrido bolsillo del contribuyente. Es arbitrario, sangrante y da asco el botín publicitario que con el dinero de todos repartía a sus medios hagiógrafos, mientras echaba a la calle con un ERE a 861 trabajadores de Telemadrid. Ahí están las operaciones Púnica, la Gürtel, Lezo, y lo que te rondaré rubia si alguien decide abrir el pico.

La camarilla política de Esperanza anda en la cárcel o se le espera (Granados, González, López Viejo, Lamela, Güemes, Martín Vasco, Alfonso Bosch, Salvador Victoria…). Su camarilla empresarial o ya es huésped del Estado o tiene muchas papeletas para comer y dormir gratis total  durante unos años (Arturo Fernández, Díaz Ferrán, López Madrid, Rato, Blesa…).

Quienes hasta ayer le votaban y aplaudían, cuando saquen toda la ropa sucia al oreo del tiempo, le botarán. Hasta en su propio partido, una vez dimitida del último cargo, le van a echar más mierda que la ya de por sí se merece, al igual que hicieron leña con el árbol caído de Rita Barberá. Y lo sabe.

En fin, no sé si en su colegio inglés de aristocracia rancia le enseñaron a pedir perdón. Es más, no tengo claro que sus votantes se lo merezcan, al parecer usted cree que no. Algún día aprenderán que la ignorancia de los arrogantes suele ser tan larga y ancha como su ego. A mí, como madrileño, sus amigos políticos y empresarios me han robado mientras usted ejercía de Lideresa “in vigilando” unos cuantos miles de euros. Que se lo metan por donde les quepa. Me queda el consuelo de que todos aquellos quienes trincaron a su vera o en sus aledaños, sientan encima de su cogote la espada de Damócles del vacío social, ya sé que la Justicia no invitará al hospedaje del Estado ni a la milésima parte de los que han prosperado ante la mirada verde y, al parecer, ciega de sus ojos.

Algún día, quizá, tendremos instituciones donde sea imposible que lleguen personajes tan torpes y ciegos como la condesa de Bornos, instituciones fuertes e independientes donde el funcionario y sus técnicos no pueda ser ninguneados, gocen de transparencia plena y todo contrato, concurso y pago esté documentado, sea auditado, se haga público y esté accesible en toda su traza en internet.

Que Dios guarde a usted muchos años, sólo sea porque advierta a luz de las evidencias el enorme destrozo que ha provocado en esta Comunidad su torpeza y su arrogante ceguera.

J. Carlos

Humor

eLa Codorniz

Al igual que la luz blanca del sol cuando penetra una gota de lluvia se refracta y, al reflejarse en su cara posterior, rebota descomponiéndose en sus siete colores, el humor cuando entra en una gota de entendimiento sigue las mismas leyes que dan lugar al arco iris, y termina descomponiéndose en una gama de emociones que abarcan desde la risa floja hasta el cabreo, en función de que la sátira se mofe de los sentimientos y creencias ajenos o haga befa de los propios. De hecho, decimos que alguien tiene sentido del humor cuando no sólo es capaz de encajar con una sonrisa el sarcasmo ajeno sobre sus propios actos o convicciones, sino que  llega a parodiarse a sí mismo y se descojona.

La evolución que nos ha traído la consciencia de nosotros mismos, del absurdo de la vida y de la muerte, nos ha regalado un instrumento para soportarlo, la risa. El resto de seres vivos deben de tener una conciencia más atenuada porque no necesitan de la risa para soportarse. Nietzsche, que era un categórico sin sentido del humor, afirmaba que: “El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa”.

La pasada semana, mientras el gobierno de Rajoy hacía chistes con los presupuestos bajando el IVA a los toros al 10% y dejando el tipo del 21% para el cine, los medios discutían sobre los límites del humor publicado, a raíz de la sentencia recaída sobre la tuitera Cassandra por unos chistes sobre Carrero. Desde que le cayeron un año de prisión y siete de inhabilitación estoy preocupado, en aquellos años grises en que la dictadura no acababa de pudrirse del todo, media España contó a la otra media chistes macabros sobre el particular. Así que como la fiscalía “afine” (Fernández Díaz dixit) todos a la cárcel. Y eso que hasta Tip y Coll ironizaron sobre los ascensos del almirante. Resulta paradójico que, la única que va a pagar por el asesinato de la mano derecha del dictador sanguinario es Cassandra, porque la ley de amnistía del 77 zanjó los crímenes del franquismo y también los de ETA hasta esa fecha.

Cabe preguntarse qué hace ahora una legión de fiscales buceando en Twiter, en busca de humor negro con base supuesta en un terrorismo de una banda cautiva y desarmada, mientras los corruptos, los mafiosos y los defraudadores caen más por delación ajena que por pesquisas judiciales. Más les valdría estar atentos a las amenazas reales de aquellos que vienen de desiertos remotos y montañas lejanas. Y dejemos los desprecios, las ofensas y desafectos para los tribunales de lo civil o de lo contencioso.

Hablando de desiertos remotos y montañas lejanas, el pasado miércoles me tragué la parodia de Aznar que hizo el invitado de Bertín. Insuperable, no paré de reír. Si te soy sincero, como uno tiene buen corazón, me pareció que el invitado, un cómico imitador, hizo excesivo escarnio del personaje. Lo caricaturizó con un egotismo rayano en la neurosis narcisista, se travistió con una notable flaqueza mental escondida en una campechanía que no acababa de cuajar y, puso una voz impostada teñida de un ligero acento tejano donde las vocales apenas escapaban de los labios prietos. En cuanto a las respuestas, el imitador lo ridiculizó hasta el extremo de que había frases que parecían sacadas de una película de autistas.

El chiste más zafio de la semana lo ha protagonizado la Audiencia Provincial de Madrid, al admitir a trámite una querella contra Dani Mateo y Wyoming por ofensas contra los sentimientos religiosos. Parece ser que a los presentadores del Intermedio no les gusta la cruz del Valle los Caídos y la Asociación para la Defensa del tal Valle se ha sentido ofendida. Ni te imaginas la cantidad de querellas que yo podría interponer a las mujeres que hirieron mis sentimientos. Cada cual es muy libre de ofenderse con lo que tenga por conveniente, pero no es de recibo que los sentimientos y, menos los religiosos, tengan que protegerse con el código penal en una país declarado constitucionalmente como aconfesional. Y es que la cruz de Cuelgamuros, además de ser un símbolo fascista plantada encima del mausoleo del dictador, es, objetivamente, un atentado estético perpetrado contra la sierra de Guadarrama. No deja de ser triste que después de cuarenta años de democracia, no hayamos sido capaces de haber rascado el monumento de las rémoras que le asfixian, especialmente de los restos del dictador, y convertirlo en un memorial de la iniquidad donde la cruz deje de ser un signo religioso y se convierta en un símbolo del “nunca más”.

En los estertores de la dictadura, la revista La Codorniz fue un estandarte del humor. Recuerdo una viñeta con unos obreros trabajando en la calle, a su espalda un edificio con un cartel: “Consejo de Ministros”, el pie de la viñeta sólo contenía una palabra: “Socavones”. El Ministerio de Información cerró la revista y le impuso una multa. Cuando se cumplió el tiempo de condena y volvió a salir a los kioscos se pudo leer en sus páginas: “Bombín es a bombón como cojín es a X y a mí me importa tres X que me cierren la edición”. Se la volvieron a cerrar. Un 28 de diciembre, día de los inocentes, traía en la portada un dibujo de un tren entrando en un túnel, en la contraportada se veía el mismo tren saliendo del  túnel, el resto de las páginas en negro. Dicen que esa semana vendió más que nunca. Eran tiempos en que el gobernante era tan alérgico a los chistes que, a veces, ni los entendía. De un año y medio para acá tengo una sensación de revival, como si alguien hubiera abierto la veda de los comicastros asentados, de los chistosos de fortuna y, en general, de los que usan la libertad de de expresión. Algo así como si alguien de gatillo fácil empuñase el código penal  y disparara a bulto.

En los años difíciles que dieron inicio a la transición las estaciones de metro se llenaron de pintadas más o menos políticas. Sobre los azulejos blancos de una de ellas se podía leer: “Hay que matar al cerdo de Carrillo”. A los pocos días los ácratas, que “fumaban” mucho y gastaban buen ingenio, apostillaron debajo: “Cuidado Carrillo quieren matar tu cerdo”.

Hoy, los mejores chistes no se oyen en el Club de la Comedia ni  en el Intermedio, no se leen en la Revista Mongolia o en El Mundo Today; el humor más desternillante sucede en los Tribunales. ¿Sabes que uno de los imputados del caso Emarsa de la corrupción Valenciana, su ex gerente para más señas, ha manifestado que contrataron a una persona, por 500 € al mes, para que les sacara diariamente del cajero el dinero que nos atracaban a todos con la complicidad de unos de los “proveedores”? Robar mediante sacas diarias es muy cansado por eso subarrendaban el servicio. ¿Y qué me dices del humor que se gastan algunas sentencias? Blesa, condenado a seis años de prisión, y Rato, condenado a cuatro años y medio, se libraron de la prisión y de otras medidas cautelares hasta que la sentencia no sea firme, por su “intachable y cabal” comportamiento “durante el proceso”. Se conoce que sus señorías dejaron a buen recaudo sus carteras y tarjetas.

Así que las tonalidades del humor son como un arco iris de forma que, el que no se ofende es porque no quiere y el que no se ríe es porque no tiene sentido del humor.

J. Carlos