Archivo mensual: enero 2019

Resumiendo

catedral

La Ética de la sociedad humana se construye despacio como las catedrales, viendo pasar los siglos. En realidad se construye y se deconstruye. Y es que, mientras se yerguen las paredes y se apuntalan los arbotantes, a veces, se suceden derrumbes de bóvedas mal facturadas, o pequeños contratiempos debidos a sillares desencajados o pináculos que no siguen la línea de la plomada.

En el último medio siglo la catedral de la Ética ha pegado un estirón considerable, pero todavía queda mucha tarea para su remate.

Para muestra, dos botones:

Pocos admiten hoy que cosificar a un ser humano va contra la Razón y contra la Dignidad. Y que ejercer la prostitución no debería ser un derecho, como no lo es exponer tu vida jugando a la ruleta rusa para que otros apuesten o, esclavizarte trabajando gratis o, dejándote machacar las neuronas en un cuadrilátero de boxeo. Casi nadie admite, todavía, que no debería existir la libertad para que un ser humano se cosifique en una sociedad éticamente avanzada, ni por dinero, ni por amor al arte. Resulta curioso que cuando sacas el tema de la prostitución a debate, lo primero que escuchas como argumento de peso es que es la profesión más vieja del mundo. Falso, la profesión más vieja del mundo es la de asesino, hasta en la Biblia se narra que Caín mató a Abel con una quijada de burro. Yo no tengo la varita mágica para terminar con el boxeo, con la esclavitud, con la ruleta rusa o con la prostitución porque, seguramente, todos los que se creen con derecho a cosificarse son sólo víctimas y maldita la ética que se dedica a perseguir a las víctimas. Así, para atemperar la fractura ética que supone la cosificación del ser humano con la prostitución, hay países como Suiza que han optado por profesionalizar ese tipo de maltrato, donde las putas tienen su cartilla sanitaria, su plan de pensiones y pagan impuestos; otros, como Suecia, han decidido penalizar como violencia de género al que consume; pero la gran mayoría de Estados, sobre todo los católicos, prefieren la práctica del avestruz: “La prostitución no existe en la ley, a lo sumo, se considera un mero intercambio lúdico y voluntario de fluidos a cambio de dinero”. Sin duda, esta última es la peor de las soluciones, porque la ceguera institucional permite cubrir con un manto de hipocresía a las mafias de trata, a los policías, a los proxenetas y hasta algunos maridos que viven, todos ellos, a costa de explotar y reducir a sus semejantes a la condición de cachos de carne con agujeros, privándoles de la Dignidad.

Afortunadamente cada vez hay más gente que piensa que, el maltrato animal y el sufrimiento añadido para llevárnoslo al plato es un sindiós. Por eso el Tribunal Supremo de EEUU ha prohibido la comercialización del foie-grass en el Estado de California, porque para elaborar ese alimento se fuerza a comer a un ganso, o a una oca, por un embudo y durante 16 días, hasta que su hígado enferma y multiplica por siete su peso. Ya sé que el 70% del foie se produce en la civilizada Francia, también en España; sin embargo hay países, en concreto 19, que tienen prohibida su producción, desde Alemania hasta Turquía, desde Argentina hasta Israel. Sabrás también que los judíos y los musulmanes siguen a día de hoy haciendo sacrificios de animales a sus dioses. El Kosher del Talmud y el Halat de la Sharia exigen que el animal, cuya carne llevan a la boca los acólitos de estas religiones, ha de morir sufriendo, por eso tienen prohibido que se les sede antes de rebanarle el pescuezo. Los daneses, en febrero pasado, se han atrevido a poner coto a esa incuria, de seguido las asociaciones religiosas han puesto el grito en el cielo, unos lo consideran una ley antisemita y otros se sienten ofendidos porque atenta contra su religión. Lo que debería ofender es que haya personas a los que, en tierras civilizadas, se les permita ejercer ese grado de crueldad con los animales. Los daneses no están solos, se le adelantaron islandeses, polacos, noruegos y suecos. Lo que debería ofender a todo el orbe es que el maltrato animal se practique no ya para cumplir con el mandamiento de un ser mágico escrito en dos libros vetustos, ni siquiera para aplacar el hambre, sino para solaz y entretenimiento de unos cuantos desalmados cuyo grado de evolución ética es manifiestamente deficiente. Ahí tienes la caza, los toros o, las peleas de gallos que nos venden con la mojiganga de la cultura, la tradición y el interés económico. Hay tradiciones como la del maltrato animal o la ablación del clítoris que constituyen macabros aportes del ser humano a la historia de la barbarie, pero que están tan instalados socialmente que sólo la educación y el vacío social a sus practicantes conseguirá erradicarlas.

En verdad te digo que, si los ciudadanos no tuviéramos pereza mental tanto el putero, como el empresario que tiene trabajadores por la patilla, como  los asistentes a veladas de ruleta rusa, de boxeo, corridas de toros y partidas de caza, así como los que gustan de suculentos platos de foie-grass o de echarse al coleto carne sellada con una muerte cruel, deberían ser considerados maltratadores. Y con las malas personas nadie quiere cuentas.

La catedral de la Ética no se construye sólo con leyes y pancartas, se construye despacio, con paciencia, viendo pasar los siglos; también se construye extendiendo un cordón sanitario, elaborado con la actitud de cada cual, para aislar a quienes horadan sus cimientos y derriban sus sillares.

J. Carlos

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