Archivo mensual: abril 2013

Los cordones sanitarios y el efecto McGurk

         tatcher

              Prima.-El próximo miércoles, el gobierno de la Gran Bretaña nos distraerá con un funeral de estado en la catedral de San Pablo, a mayor gloria de Margaret Tatcher. Maggie, para los amigos, fue aquella hija de un tendero y una laborista que se aplicó, junto a su amigo Reagan, en crear un cordón sanitario económico que cambió drásticamente la distribución de riqueza a favor de la clase dominante. Redujo los presupuestos sociales. Laminó el poder de los sindicatos dejando a los trabajadores sin su potencia de negociación colectiva frente al lobby empresarial. Liberalizó el sistema financiero convirtiendo la City en un casino para especuladores y trileros con información privilegiada y libras. Vendió las joyas de la corona por debajo de su valor, denominándolo capitalismo popular porque podían acceder los pequeños ahorradores; al cabo de dos o tres años las acciones estaban en manos de las grandes corporaciones –en mi pueblo se dice pan para hoy y hambre para mañana-. Como colofón, redujo la fiscalidad de los ricos y aumentó la de las clases medias y populares. El impuesto más llamativo que introdujo y que, a la postre, acabaría con su carrera política fue el poll-tax; un tributo local que obligaba a los ciudadanos a contribuir por igual, independientemente de su nivel de ingresos y de la zona en que residieran. Curiosamente, el adalid del llamado neoliberalismo, a la vez que malvendió los activos de todos sus ciudadanos y privatizó los servicios públicos, incrementó los presupuestos del estado y sus gastos. Dicho lo cual, es forzoso reconocer que el cordón sanitario que impuso contra los trabajadores y las clases medias ha sido un éxito: La balanza de distribución de la riqueza ha basculado hacia el platillo de los ricos, el 1% de la población de Gran Bretaña, depreda hasta un 25% de la riqueza en la actualidad, frente al 15 % a principios de los años 80. En contraste, la parte que corresponde a la mitad inferior de la población ha caído progresivamente desde el 12% hasta el 6%. Su vida profesional tuvo su colofón como asesora de Philip Morris, ayudando a abrir mercados de humo y cáncer en Vietnam y en los países de la antigua Unión soviética.

            Secunda.- Las pantallas de plasma contienen una mezcla de gases nobles (neón y xenón). Al excitarlos eléctricamente se convierten en plasma y provoca que una substancia fosforescente emita luz. Como estos gases están metidos en celdillas y éstas encerradas entre dos vidrios, no hay contaminación posible, salvo la contaminación lumínica. Será por eso que nuestro Presidente ha decidido poner entre su persona y los ciudadanos un cordón sanitario para no contaminarse. Así que sólo se nos aparece a través del plasma, como el Dios del antiguo Testamento: “Y llegó Moisés al Horeb, la montaña de Dios. El ángel de Yhaveh se le apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio que la zarza estaba ardiendo, pero que la zarza no se consumía.”. Nuestro Presidente tiene otras características sin iguales: Cuando no enmudece, y tiene a bien aparecerse a los mortales en efigie plasmática, se le olvidan palabras tan en boga como Bárcenas, sobre, Gürtel y rescate. Si el foco de la Justicia  se mete en el bolsillo de su partido por ver si alumbra qué empresas lo llenaban, para después cobrárselos a los ciudadanos en suculentas concesiones públicas, nuestro querido Presidente llama al Jefe de los Jueces no vaya a suceder que la mano que dirija el foco sea un tal Bermúdez. Basta que el juez Castro impute a la hija del que afirmó que “la justicia es igual para todos”, para que dé orden a la abogacía del estado y, seguramente, también a la fiscalía, para que interponga el recurso correspondiente contra la decisión de eso togado loco. Y no es menor su capacidad profética, los hilillos de plastilina del Prestige se transformaron en miles de toneladas de chapapote que enmerdaron las costas gallegas. De Jaume Matas dijo que, “Vamos a intentar hacer en España lo que Jaume ha hecho en Baleares”. ¿Aligerar los bolsillos de los ciudadanos a mayor gloria propia y de amigos como el Duque Empalmado? A Camps le espetó, “Siempre estaré detrás de ti, o delante, o a un lado”. ¿Dónde se va a colocar ahora que el Tribunal Supremo ha confirmado la absolución?, seguramente de perfil. Sin duda, lo más original de este espécimen que nos gobierna es su nulo sentido del ridículo. Sucedió que, su segunda en el partido, María Dolores de Cospedal, balbuceó incoherencias en un atril cuando intentaba explicarnos, ¿en serio?, lo de la indemnización en diferido de Luís Bárcenas: Ni corto ni perezoso, fue nuestro Presidente y dispuso un acto solemne de desagravio con la plana mayor del partido y del Gobierno. Y, por encima, le puso ojitos.

            Tertia.-. Desde las trincheras del Poder, hace sólo unos meses se limitaban a hacer juegos malabares con los eufemismos, empleando palabras edulcoradas para nombrar cosas feas. Ahora han pasado a aplicar cordones sanitarios muy peligrosos: Ningunean al Parlamento regateándole su tarea legislativa, sólo en 2012 se promulgaron desde Moncloa veintinueve decretos-ley; burlan su labor de intervención del gobierno de la nación, con una falta de respeto y pudor democráticos que asustan. Enmudece el Gobierno ante los periodistas, les entregan ya  las comparecencias o, si comparecen en carne y hueso prohíben las preguntas y, ya puestos, han llegado al sumun: les sientan delante de un plasma. Criminalizan cualquier manifestación o reunión legal; no en vano porque es una estrategia partidista, el número dos del Gobierno de la Comunidad de Madrid, Salvador Victoria, comparó a los manifestantes del 23-f de 2013 con los golpistas del 23-f de 1981 y todavía no ha dimitido. Toman decisiones sectarias tales como habilitar a banqueros delincuentes para seguir en el cargo, indultar a torturadores (mossos d’esquadra) convictos y confesos y a homicidas de carretera, o le dan cargos de asesor pagados con nuestro dinero, regalan suelo público a congregaciones religiosas, conceden el Registro civil a los Registradores, promulgan amnistías fiscales para beneficio de delincuentes, de los que algunos trabajaban en su propio partido, etc. La última vuelta de tuerca de este cordón sanitario ha sido la criminalización del fenómeno escrache. No estoy a favor de los escraches cuando se hacen en los aledaños de los hogares de los escrahados, creo que jurídicamente se acercan más a la falta o al delito que a los derechos de reunión o manifestación. Tampoco lo estaba cuando los antiabortistas lo hacían contra las mujeres que acudían o salían de una clínica que practicaba abortos, o cuando en la parada militar del doce de octubre llamaban asesino a Zapatero y la Sra. Aguirre –la émula de la Maggie- lo consideraba como un derecho a la libertad de expresión-. Sin embargo, ahora, la delegada del Gobierno en Madrid, Sra. Cifuentes y la ya citada María Dolores de Cospedal, además de imponer severas multas económicas a los participantes, los tachan de por etarras y de nazis. Y no les tiembla el orbe. Están porfiando con fuego. Mal se puede mantener contra los ciudadanos una olla hirviendo con los condimentos del desempleo, la bajada de salarios, la quita de derechos sociales, los repagos sanitarios y educacionales, los desahucios, la estafa de las preferentes, la subida de impuestos, la corrupción política y económica; sin habilitar una válvula de escape en la calle que, al menos, libere parte de esa presión social. Es pura física. Por eso sólo caben dos opciones, o se quema la yesca social y se produce un estallido; o bien, consiguen que la ciudadanía sufra un fenómeno de percepción multisensorial, el llamado efecto McGurk. De tal suerte que nuestro cerebro nos engañe y nos creamos sus mantras, al igual que nos hicieron creer los últimos treinta años en el pensamiento único del Tatcherismo. Este efecto de percepción multesensorial lo dieron a conocer Harry McGurk y John McDonald en 1976. En un video mudo el actor pronuncia la sílaba “ga” y, simultáneamente, se escucha un audio de esa misma persona que pronuncia la sílaba “ba”. Pues bien, el oyente cree percibir la sílaba “da”. Y es indiferente las veces que lo escuches, el efecto permanece porque el cerebro integra los sentidos de la vista y del oído y altera lo que creemos escuchar.

       Son ellos los que ponen cordones sanitarios como si los ciudadanos estuviéramos estragados por purulencias. No miran a la calle, no la pisan, no la escuchan, sólo ponen la oreja para recibir los halagos de sus corifeos. Que no se extrañen si los ciudadanos empezamos a huir de ellos como si fueran apestados.

J. Carlos