Archivo mensual: marzo 2013

A perro flaco, todo se le vuelven pulgas

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Los romanos extraían cobre en la isla de Chipre, “aes Cyprium” (que significa, metal de Chipre, en abreviatura Cuprum). Ahora el cobre está por las nubes, pero sus minas están agotadas y Chipre hundida por la UE. El cobre tiene una particularidad poco conocida, ayuda a la formación de la hemoglobina en la sangre, por lo que debe ser ingerido diariamente en muy pequeñas cantidades. Falta le va a hacer a los chipriotas porque les acaban de rescatar y les van a chupar la sangre como a los griegos, irlandeses y portugueses. Y, ¿españoles…?

Resulta que los bancos de Chipre tenían en su balance una cantidad desproporcionada de bonos soberanos griegos, al aprobarse el año pasado una quita de la deuda griega sus balances quedaron a los pies de la bancarrota. Además, por proximidad, gran parte del sistema económico que daba de comer al poco más del millón de personas que forman la República de Chipre, se sostenía gracias al comercio con sus vecinos griegos, hoy condenados a la pobreza por la UE y el FMI –Merkel y Lagarde-. Estas dos instituciones han aprobado, no con tú voto ni con el mío, rescatar al país y prestarle 10.000 millones de €. A cambio no se les ha ocurrido otro disparate que confiscar, a razón del 9,9%  y 6,75%, a los ahorradores que tengan depositados en los bancos más de 100.000, o menos de 100.000 € respectivamente.

Sí, ya sé que la distancia entre España y Chipre es de más de 3.600 kms. y está el Mediterráneo de por medio, pero esta última tropelía de Merkel y Lagarde, que espero no apruebe el Parlamento chipriota, va a provocar un tsunami que nos va a llegar hasta la entrepierna y nos va a dejar los bajos entre fríos y escarchados. Sucede que nuestro sistema financiero ya está rescatado, por eso nos visitan con regularidad prusiana los hombres de negro. Acontece que el rescate de España no se ha producido, aún, no porque el Sr. Rajoy sea más listo que el hambre y se haya negado a pedirlo por aquello del que resiste gana; es más simple, la Sra. Merkel le tiene dicho que su Parlamento no aprobaría nunca meter más dinero en España, así que si lo pide haría el ridículo más espantoso porque no se lo iban a conceder. Ocurre que el tipo de interés que tenemos que pagar para que nos presten el dinero se ha reducido un poco, porque el BCE ha dado barra libre a nuestros bancos, de forma que éstos toman el dinero del BCE al 1% y los prestan al estado al 5%, así el Sr. Montoro puede pagar las nóminas y los bancos engordan su cuenta de resultados con el esfuerzo ímprobo de un clic de ratón. Pasa que la demanda agoniza porque hay seis millones de parados y han saqueado el bolsillo de las clases medias y de las bajas: reduciendo el salario de quienes trabajan, subiendo todos los impuestos, rebajando los subsidios de desempleo, las prestaciones de jubilación, imponiendo el repago en sanidad, multiplicando las tasas universitarias y cobrando hasta por calentar la fiambrera de los niños en el colegio. Cuando el sistema financiero empezaba a respirar después de haberles perdonado sus desmanes y de haberle chutado en vena 55.000 millones de € -de tu bolsillo y del mío, sin contar avales y otras garantías-. Ahora que algunos, pocos, inversores extranjeros volvían a confiar en España, nos compraban deuda pública y depositaban pequeños importes en nuestros bancos. Se les ocurre a Fräulein Merkel y Mademoiselle Lagarde confiscar los depósitos a los chipriotas, eso sí, para que no parezca un atraco les van a dar estampitas –acciones- de esos mismos bancos, cuyo valor después de esta tropelía tenderá a cero. Las consecuencias son de libro:

El principio básico que nos había vendido Europa de una protección de los depósitos europeos hasta 100.000 € por titular y banco, salta por los aires. El miedo es libre. ¿Nos están invitando a sacar el dinero de Europa, o es que Merkel y Lagarde son agentes pagados por EEUU o China o Japón o, será que sólo pretenden desvalijarnos a los ciudadanos del sur de Europa?

Pone a los ahorradores ante el temor racional, por lo de las barbas de tu vecino, de que su dinero puede ser confiscado, y todo por ser un buen ciudadano, esto es, por tenerlo en el país y no haberlo expatriado, por depositarlo en un banco y pagar sus impuestos derivados, por no haberlo pulido en el ladrillo o en la compra de coches alemanes. Y si hoy decomisan tus depósitos, nada impide que mañana lo hagan con tus fondos privados de pensiones o con tus nóminas o con tus acciones.

¿Quiénes son los arriesgados que tienen depósitos?: Los asalariados, funcionarios pensionistas, parados, autónomos; vamos, los que no vivieron por encima de sus posibilidades.  Los ricos y poderosos tienen Sicavs que están escandalosa y prácticamente libres de impuestos, en fondos internacionales, en inmuebles,  en valores y en metales. Los Bárcenas y demás defraudadores no es que no tengan depósitos, es que los tienen a buen recaudo fuera de Europa, sobre todo, en paraísos fiscales.

Si el efecto contagio se produce, el dinero que hemos entoñado (1) en la banca no impedirá que ésta se vaya al garete, porque necesita de nuestros ahorros para hacer músculo y crear capital. Vaya por dios, ahora que el sistema financiero patrio -sector quebrado de las cajas de ahorro para ser precisos- estaba haciendo pesas en el gimnasio, viene el corralito chipriota, y se nos puede quedar más fofo que un globo pinchado.

Ahí va la despedida: ¿Quid prodest? Traducido al román paladino, ¿no será una treta de Fräulein Merkel para que sus Cajas de Ahorro, que están más bien fofas de músculo, se capitalicen. Después, con nuestros ahorros, una vez extraditados y a buen recaudo en Alemania, Holanda o Finlandia, nos comprarán los activos a precio de saldo (pisos, oficinas, bienes de equipo, empresas, aeropuertos, puertos, autopistas, hospitales, etc)? ¿Te imaginas el panorama en dos o tres años?: Nuestras empresas malvendidas a los ciudadanos del norte que habrán comprado con nuestros ahorros, mientras los españolitos malvivimos con salarios y pensiones de hambre, trabajando –el que lo consiga- como sirvientes sumisos de pensionistas que vienen del frío a disfrutar y bailar el ¡Qué viva España!

¡Qué panorama! Y Rajoy fumándose un puro, pensando en la nada, porque ha alcanzado la máxima sabiduría en un solo oxímoron: “No tomar decisiones es una decisión”.

J. Carlos

(1)  Entoñar.  (De en- y tolla): Enterrar, hundir.

 

 

Signos, señales, indicios

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El labrador adquiere desde niño la costumbre heredada de mirar al cielo y olisquear el aire, en busca de señales que le indican con la contundencia de lo inexorable el tiempo atmosférico por venir. Puede ser una hilacha de nubes deshilvanada por el norte, una ráfaga súbita de viento que se estrella en su cara, un olor tibio a tierra húmeda o, ese dolor de vértebras que pica en la espalda como un trallazo. Con esos indicios certifica la muerte del verano y levanta acta de nacimiento del otoño. Y sabe con certeza que esa misma tarde las rachas de viento levantarán tolvaneras, al poco, los ecos de los truenos retumbarán por las paredes y los relámpagos iluminarán todos los rincones de un color blanco crudo, como de fósforo. Lloverán a borbotones gotas gruesas, del tamaño del granizo, que ahogarán el polvo de los caminos; al poco, se aquietará el aire y seguirá una lluvia mansa y liviana cuyo fin anunciará un arco iris colgado en el horizonte. El aire será más limpio, el silencio será más hondo. Reinará la calma.

No hace falta ser labrador ni augur para advertir señales de que nos acercamos a un fin de ciclo. Ahí tienes a Zapatero hablando de que estábamos en la Champions league de la economía, o de los brotes verdes, o de cualquier otro tema, que tanto da… Mucho buenismo y poco seso. Ahí tienes a Rajoy ahogado en su misma nimiedad, huyendo de los periodistas en el Senado, compareciendo a través del plasma –no hay metáfora que mejor defina la inanidad del personaje- o, diciendo que ha hecho lo contrario que prometió porque era su deber, silencioso ante la acusación de haber cobrado en sobres sucios de dinero negro, callado ante las acusaciones de ser cómplice o encubridor del presunto delincuente Bárcenas, al que no nombra porque cree –demostrando que tiene la sesera de un niño- que si no pronuncia su nombre no existe… Ahí tienes a Cospedal, coleccionando sueldos, mientras balbucea como una mala estudiante de primaria ante un examen, el tema de finiquitos diferidos y contratos simulados… A Montoro amenazando con la inspección tributaria a todo el que le critica, mientras ordena que no se pague a proveedores desde el siete de noviembre, ni se practiquen devoluciones para maquillar el déficit; el mismo que dijo “que caiga España que ya la levantaremos nosotros”… A De Guindos que con su infame gestión de Bankia -¿alguien nos lo aclarará algún día?- casi se carga el sistema financiero, él solito, con dedicación exclusiva a espalar dinero hacia los mismos que dejaron la economía del país como un erial… Ahí hay un tal Rubalcaba, incapaz de gobernar la derrota, huero de ideas, pactando con delincuentes acosadores para pergeñar alcaldadas; un cadáver político que está dejando en mantillas, más si cabe que su antecesor, al partido que representa… De los sátrapas en sus reinos de Taifas mejor no escribir, ocupados como están en librarse de los juzgados, pontificando desde el púlpito de sus televisiones sectarias y subvencionadas, envolviéndose en sus banderas o repartiendo identidades. Ahí están nuestros sindicalistas, ellos sabrán dónde habían distraído los sentidos de la vista, del oído y, sobre todo del olfato cuándo esto era una fiesta para unos pocos, ¡ah!, perdón, que estaban en los consejos de administración de las cajas de ahorro disfrutando de las migajas; entonces no les cegaba el tufillo a mierda; ¿dónde están ahora? ¿por qué no frenan la sangría del paro reclamando la distribución del trabajo mediante reducciones de jornada y salario a los que tienen la suerte de tenerlo?, ¿por qué permiten que se privatice la sanidad pública y la educación? Y, en fin, ahí están los prebostes de las grandes empresas y sus ejecutivos gregarios con mamandurrias millonarias, cuya mayor gloria y conocimientos es haber sido puestos ahí por el dedo del poder político o, bienvivir de los concursos públicos, normativas ad-hoc, fiscalidad reducida, o gestionando oligopolios sin competencia que pactan entre sí los precios de los servicios; ¿por qué siguen en sus mismos puestos si su gestión nos ha llevado al desastre?… Para colmo de males, en la Casa del Borbón, a poco que aguces el ojo, encuentras, bajo las alfombras, polvos de Corinna que se fueron asentando contra nuestro bolsillo, restos hediondos de las francachelas de su yerno cuando violaba las arcas públicas y excrementos secos de proboscídeos.

Sufrimos desde hace, al menos, dos décadas una oligarquía política y económica vicaria la una de la otra, con una pared esponjosa entrambas, como de alvéolo pulmonar, que se oxigenan entre sí mientras asfixian al ciudadano. Sus métodos son tan pedestres y su codicia tan irrefrenable que no han parado en mientes hasta dejar en pañales al estado de bienestar. Es urgente que se vayan. Es necesario echarlos. Es justo barrer a toda esta patulea de mandamases que han demostrado con creces que han llegado a su máximo nivel de incompetencia. ¡Váyanse de una puñetera vez! ¡Quédense con todo lo que han garrapiñado legalmente, aplicando las leyes que se dieron para favorecerse! Pero ¡váyanse! Cuando abramos las ventanas de su gestión y oreemos con aire limpio y calmo sus desmanes, sólo habremos aprendido una lección de sus Señorías, Excelencia, Ilustrísimas e Ilustrísimos señores: NUNCA MÁS.

Estamos aún en la fase en que sólo se levantan tolvaneras. Faltan por llegar los truenos, los relámpagos, los goterones de lluvia cayendo con rabia sobre nuestras cabezas y enaguándolo todo. Después, mucho despueés, vendrá la lluvia sosegada y, por fin, la calma.

Señores prebostes, reciban de buen grado el consejo de este nindundi: Háganse el harakiri. Váyanse ahora que apenas se suceden en la calle pequeñas tolvaneras. Su incompetencia e ineptitud les incapacita para pilotar el cambio que ha de venir. Están a tiempo, aún. Espero que su ego y su mediocridad no les impidan ver que la tormenta está a punto de desencadenarse y, cuando arrecie, les arrastrarán sus torrenteras o quedarán enlodados en los barros del camino. Barros, sí, de la polvareda que su codicioso paso ha levantado.

J. Carlos