Archivo mensual: septiembre 2020

Oído cocina.

En La forja de un rebelde Arturo Barea nos relata, con profusión de detalles, como los oficiales y suboficiales del Ejército español en Marruecos trincaban de los presupuestos de obras, comida, pertrechos y hasta de las zapatillas de la soldadesca. Luis Bárcenas que fue tesorero del PP y beneficiario de un finiquito en diferido nos desveló en unos folios de contabilidad de tendero viejo las paguitas extras que se ensobraban los peces gordos de la organización. Luego amagó con leer en voz alta en las salas de audiencia de la magistratura la comanda de fechorías pormenorizada con el reparto del botín para que el magistrado, dando un golpe con su mazo de madera, exclamara: “oído cocina” y enchironara a los malvados. Pero, casualmente, un  juez consideró que su mujer tenía la sesera corta y no se había enterado de los dineros que distraía su marido. (Inciso: en la doctrina judicial española la consorte es tontaelhaba y no se entera, ahí tienes a Cristina de Borbón o Ana Mato). En resumen, el ex tesorero cerró el pico y no hubo comanda. Nos quedamos in albis.

Su silencio nos privó de saber si la mordida que pagaban los empresarios era del 2% o del 3% de lo adjudicado. Ignoramos qué parte del dinero sustraído al contribuyente se quedaba en el partido y qué parte nutría los bolsillos de sus directivos. Y lo que es más grave, ha manchado con su omisión del deber de largar el buen nombre de aquellas empresas adjudicatarias en administraciones gobernadas por el PP que no utilizaron el soborno, alguna habrá, digo yo. También ha dilapidado la honorabilidad de los dirigentes del partido que no han participado en las coimas ni eran receptores de sobres a final de mes.

En España se gasta muy mala leche, hay quien piensa que Bárcenas ha hecho un Corinna. Quiere decirse que los 48,3 millones coimeados que obraban en cuentas en Suiza en 2008 estaban a su nombre a título de testaferro, pero pertenecerían en comandita a otros dirigentes del partido y, visto que él es el único enrejado, decidió quedárselos en propiedad. El silencio cotiza caro, concretamente está en 33 años y 4 meses de cárcel, salvo que el Supremo en última subasta modifique el precio.

Jorge Fernández Díaz fue un ministro que imponía medallas a las vírgenes, tenía un ángel custodio que se llamaba Marcelo y bajo su égida se desarrolló la Operación Kitchen (cocina) en la que participó hasta su confesor Silverio Nieto. Lo de las medallas sólo se entiende porque el hombre llevaba una vida disipada hasta que estando en una ciudad del pecado, Las Vegas, vio una luz cegadora que le tiró del “caballo” como a San Pablo y resultó que era el mismísimo Dios. Pues bien, la Operación cocina fue un operativo policial para robarle la comanda a Luis Bárcenas (pruebas en documentos, ordenadores y pen drivers) para que no pudiera cantarla en voz alta ante un juez. Así que no hubo ni golpe de maza ni ningún togado pudo decir aquello de: “oído cocina”.

Por lo demás, dicen que dejaron un verso suelto que no metieron en el poema de los cargos públicos. Ya sabes que una buena nómina y una buena jubilación sellan la boca y de qué manera. Al tal Paco, Francisco Martínez se llama, lo han dejado tirado como una caja de clínex vacía y está cantando la comanda de la “policía patriótica”. Me barrunto que los directivos de Netflix lo van a denunciar porque el relato es mejor que cualquiera de sus series más premiadas. Siempre dije que la ficción es una sombra chinesca de la realidad. Hay personajes impagables como Sergio Ríos, el chófer-mayordomo de la familia Bárcenas. Está Villarejo, que nos tememos usa varios clones porque es un multipersonaje que acapara las mejores tramas de la realeza, del Ibex, y de la parapolicía del país. Un delincuente que asalta a punta de pistola, vestido de cura, la casa de la familia del ex tesorero. El ministro y hasta su confesor que hace el papel de correveidile. Aparece también la plana mayor de la policía. Como estrella invitada actúa Cospedal, la del finiquito en diferido, y su señor marido. La contraparte es Rosalía Iglesias, la mujer del ex tesorero, rubia espiada y acosada. Hay un cameo de un tal Mariano Rajoy, lástima que sólo tiene una frase: a la pregunta de cuántos billetes de quinientos  contenía la caja de puros que le llevaba Álvaro Lapuerta a su despacho mensualmente, replica,no me haga preguntas porque no las voy a oír. Y así no podrá usted decir que no le he respondido”. Lo mejor es que no tienes que verla de una sentada te la van dosificando los medios con pequeños giros de guión.

Lo que nunca sabremos es si el objetivo final del operativo era librar al partido de una sentencia que certifique su corrupción o, evitar que Bárcenas pudiera probar fehacientemente la identidad de los titulares del dinero robado a los contribuyentes. Lo único seguro es que no veremos un puñetero Euro.

      J. Carlos

 

Estúpidos

La historia se reproduce simétricamente como un fractal. Si lees Vida de doce Césares de Suetonio la figura de nuestro rey Desemérito te parecerá un dechado de virtudes pespunteado de sombras minúsculas. Si me hablas de que al amparo de la pandemia los negacionistas y antivacunas crecen como setas te contestaré que: ya en 1798 un grupo de clérigos y de médicos de Boston crearon una sociedad antivacunas y denunciaron que la vacuna contra la viruela era un desafío al cielo y a la propia voluntad de Dios. Si te refieres al auge de los partidos racistas y xenófobos que ponen en el centro de la diana del malestar social al inmigrante, tendré que recordarte la brujería y la Santa Inquisición, la esclavitud, el antisemitismo, la persecución de los homosexuales… En todas las épocas las sociedades hemos buscado víctimas para que expíen nuestros males en el sacrificio de la hoguera,  la guerra, en el horno crematorio, con la rodilla policial en cuellos negros, con la bomba terrorista, en el muro de Tump o en los naufragios patera del Mediterráneo. Envidio a los historiadores porque saben que  las digestiones sociales son cruentas y pesadas pero, afortunadamente, suelen conllevar un cierto metabolismo moral. Les envidio también porque intuyen por dónde discurrirán las líneas fractales de la historia, que repite siempre las mismas figuras geométricas a escalas distintas.

A quienes les extraña que en el siglo XXI proliferen los terraplanistas, negacionistas, conspiranoicos… hay que explicarles que, la estupidez es un rasgo de nuestra especie como la risa o el llanto. Es tan común que se manifiesta, incluso, entre gente cultivada y aseada mentalmente, basta un desorden emocional para que la necedad campe por sus respetos: quién no ha hecho locuras por amor o estupideces en un momento de ira desbordada. Lo que no es tan común es la estupidez a todas horas, pero al igual que una parte de la humanidad es guapa a todas horas o tiene siempre los ojos verdes, hay una parte de la humanidad que se distingue por su pertinaz estupidez. Lo malo es que siempre subestimamos el número de estúpidos en circulación, y olvidamos que la probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona, según rezan las dos primeras leyes fundamentales de la estupidez que enumeró Carlo María Cipolla en su ensayo Allegro ma non tropo. Quiere decirse que los estúpidos están ahí fuera, siempre lo han estado y durante demasiado tiempo han llevado las riendas de la humanidad. Es de necios pedirle a un estúpido que deje de serlo o, al menos, tan inútil como pedirle a un enano que crezca o a un calvo que se peine. La estupidez hay que encauzarla para que no desborde cuando se crece en las tormentas como las torrenteras. Si las redes y los medios les dan visibilidad o si tú retuiteas sus supercherías estáis contribuyendo a llenar el cauce de tierra, rocas y maleza. Si luego desbordan y lo anegan todo, no te quejes.

El autor de la leyes fundamentales de la estupidez también distingue los estúpidos, los más peligrosos porque hacen daño a los demás -también a sí mismos-, de los malvados o bandidos que hacen daño a los demás en beneficio propio. Detrás de la marea de estúpidos que se manifiestan en Colón hay médicos que en las redes, justo debajo de su nombre, ponen el número de su cuenta corriente para que los necios la engorden, hay cantantes en el invierno de su carrera que necesitan estar en el candelero a falta de inspiración y de obra nueva que pague sus gastos suntuarios, vendedoras de pócimas contra el mismo coronavirus  cuya existencia niegan –ya saben que su grey es estúpida-, influencers que necesitan incrementar el número de seguidores porque en ese mundo te pagan a tanto el follower, partidos de extrema derecha que saben que la estupidez es su mayor caladero de votos. Capítulo aparte es el de los medios carroñeros empeñados en demostrarnos que lo más importante que ha pasado en el mundo desde el accidente de Chernóbil es la manifestación de estúpidos en Colón. A veces me pregunto si los directivos de esos medios emitirían en directo la violación de su madre por unas décimas más de cuota de pantalla. Con frecuencia me respondo que sí.

Los emperadores romanos, sabedores de que siempre les sucedería otro más malvado que él, ordenaban arrancar la cabeza del viejo emperador y ponían la suya en su lugar cuando se hacían con el poder, pero mantenían los cuerpos de las estatuas en sus pedestales. No eran estúpidos, se ahorraban una pasta en mármol.

Y es que la historia casi siempre ha sido cosa de malvados y de estúpidos. Va siendo hora de obligarles a abdicar y entregarles las riendas de la cosa común a los incautos y a los inteligentes.

    J. Carlos