Archivo mensual: febrero 2021

Las tribulaciones del Desemérito

Me imagino al Desemérito wasapeando a sus amigos con frases que, seguramente, emularían la de Lola Flores: “Si un Euro pusiera cada uno de vosotros (…) Y después me iría al estadio con todos los que han dado esos Euros para tomarme una copa con vosotros y llorar de alegría”. Ignoro si los términos fueron esos u otros similares, pero lo cierto es que alguien llamó a rebato. De los cientos de destinatarios apenas respondieron treinta y dos benefactores, aunque sólo diez cumplieron su palabra y tiraron de chequera. Y eso tiene que ser muy doloroso. Te rebajas a pedir una limosna a aquellos que deben a tus manejos la mayor parte de la fortuna que han amasado y ahora huyen de ti como la peste o, lo que es peor, te ignoran. Hay un sarcasmo que resume este fenómeno y refleja muy bien la crueldad de la naturaleza humana: “No sé por qué me mira mal fulanito si nunca le hice un favor”.

Así que diez colegas de francachelas, financieras o aristocráticas, han apoquinado más de cuatro millones de euros para que Su majestad confiese un segundo fraude a la Hacienda pública con el propósito de adelantarse a los requerimientos que le harían pasar por el escarnio de un juicio y, en su caso, el hospedaje gratis tras unos barrotes como el paria de su yerno. Su abogado, Javier Sánchez-Junco, ha debido persuadirle de que si en España no pisan la cárcel ni actores ni futbolistas no se van a atrever a enchironar a un rey. Detrás de los fraudes fiscales de periodistas y actores hay un criterio técnico, esto es, un aprovechamiento espurio de la interpretación de la ley; tras los fraudes fiscales del residente en Abudabi hay ocultación deliberada de fondos y, puede que ilícitos penales en el origen de los mismos.

Es difícil saber si el letrado es un genio o un insensato, sabe que ha abierto la veda para que la Agencia Tributaria revise los ejercicios fiscales de su representado desde el año 2014 al 2018 al interrumpir la prescripción. Además, al presentarla como complementaria en el Impuesto sobre la renta, tendrá que demostrar de qué rentas se nutría la Fundación Zagatka con cuyos fondos se pagaron ocho millones en viajes de avión con amantes, amigos y maletines de dinero -según tiene confesado a la justicia suiza el gestor de fondos Arturo Fasana-. No parece que las rentas declaradas deriven del trabajo porque el cargo de rey tiene una remuneración pacata y no le alcanza para tanto, ergo, provienen de comisiones o de rentas de otros activos. En el primer caso estaría destapando posibles delitos de blanqueo o de cohecho, y si alega que proceden de rentas de otros activos tendrá que precisar de qué activos, cómo los adquirió y por qué rendían unas rentabilidades tan suculentas.

Como los prestamistas-benefactores han sido rácanos y no han querido utilizar la figura de la donación porque Hacienda les cobraría hasta el 40% del importe donado, el prestatario tendrá que devolverles lo prestado en vida o trasladarle la deuda a sus herederos y, si no es reintegrado el préstamo en su totalidad, habrá de  considerarse como un acto de liberalidad y gravar a los donantes en consecuencia.

Llueve sobre mojado. El pasado 9 de diciembre quiso redimir su culpa con una primera regularización sobre las cantidades que recibió “gratis et amore” de su amigo Allen Sanginés-Krause (se conoce que para frecuentar a la realeza hay que tener apellidos compuestos). El hecho lo desvelaron sus nietos con el uso y disfrute desaforado de tarjetas “black” que les proveía el abuelo. Aquí el abogado tendrá que hacer encaje de bolillos porque para que sea exonerado del delito fiscal, el Código penal establece que ha de regularizarse “antes de que el Ministerio Fiscal o el Juez de Instrucción realice actuaciones que le permitan tener conocimiento de iniciación de diligencias”. Lo cierto es que el Ministerio Fiscal le comunicó que las iniciaba antes de que se dignara rascarse el bolsillo, aunque el abogado alega que no la han recibido. Debe ser que en Zarzuela el correo se tira a la basura como la dignidad de su antiguo inquilino.

El rey Juan Carlos está atribulado porque se creyó su propio mito y ahora se está desmoronando. Ignora que los mitos y leyendas son fruto de la ficción y de la necesidad. Anda buscando culpables bajo los granos de arena del desierto abudabí. Denuesta a los que le reían las gracias a cambio de favores y hoy se le ponen de perfil, denigra a todos los que alumbran mediáticamente sus desafueros y antes le lisonjeaban, detesta al pueblo desafecto que otrora le vitoreaba por calles y plazas. Como señala José Antonio Zarzalejos en su libro, Felipe VI. Un rey en la adversidad, “el rey emérito no es consciente de su comportamiento en los últimos tiempos.”

Dejemos los mitos y leyendas a la literatura y sepamos, de una vez, cuándo malbarató su dignidad y honradez, y cuánto burló la buena fe de los españoles desde la institución que encarnaba.

J. Carlos

Fenómenos emergentes

Aquella tarde de invierno que mi padre me llevó al campo se juntaron todos los pájaros y sombrearon el cielo con dibujos para mí. Tendría cuatro años. Ya había visto en las nubes la figura de Dios pastoreando el mundo y, en los atardeceres, contemplaba las lenguas de fuego que incendiaban el horizonte. Pero las nubes eran perezosas y tardaban en desdibujarse mientras las figuras de la bandada, moteadas de puntitos negros, se descomponían contra el celaje tostado del crepúsculo a una velocidad endiablada. Mi padre me había indicado que me sentara al comienzo de la linde, me tapó con una manta de cuadritos negros y blancos y él se fue a repartir sobre el trigo verde recién nacido, a puñados, el abono de una sembradera colgada sobre el hombro. Estaba lejos, no me oía, corrí hacia él con cuidado de no pisar los brotes. Cuando le alcanzaron mis gritos dio la vuelta y yo le señalé el cielo con el índice, aquel velo de pájaros había desparecido y el celaje tostado del crepúsculo estaba desnudo.

Muchos años después supe que eran estorninos que se juntan en bandadas para cooperar buscando alimento o defendiéndose de los depredadores. Lo curioso es que no tienen un plan definido, ni un líder que les arengue y les dirija, ni banderas y estandartes que seguir. Cada estornino decide individualmente con la sola intención de tapar huecos. El comportamiento en bandada se repite también en cardúmenes de peces, en enjambres de insectos, en manadas de animales terrestres, en bacterias e, incluso, en movimientos colectivos humanos. Es más, si estudias el comportamiento de la bolsa a largo plazo encontrarás paralelismos con las figuras “aleatorias”  que crea el movimiento de una bandada de pájaros. Son ejemplos de un fenómeno físico: el fenómeno emergente en el que el resultado es mucho más que la suma de las partes.

Un hormiguero o una colmena son organizaciones sumamente complejas y sofisticadas sin que nadie las coordine, ni sus individuos sean conscientes de que son una pieza clave para que todo funcione con la precisión de un reloj. Tampoco mi glóbulo blanco, que en este momento está aniquilando una bacteria dañina, es consciente de que está salvando la vida a un organismo formado por treinta billones de células humanas, treinta y ocho billones de bacterias y sesenta billones de virus que en perfecta sincronía cooperan y forman un ser humano. Ninguna de mis cien mil millones de neuronas tiene la más remota idea de que juntas han producido el fenómeno emergente de la conciencia y del pensamiento. Y ahí queríamos llegar: Casi todo lo que existe en el universo es fruto de fenómenos emergentes: el espacio tiempo que surgió como una malla arrastrada por la energía liberada en el big bang, las partículas elementales que vibran y maridan formando átomos, la luz que emerge de la radiación electromagnética, las nubes de gas cósmico que colapsan creando estrellas. Sin embargo, estamos rodeados de utilidades que no han emergido “espontáneamente” sino que derivan del fenómeno emergente que llamamos pensamiento. Si tuviésemos la ocasión de explorar todos los confines del universo y encontráramos una hoja escrita en un planeta remoto, colegiríamos que no ha surgido como fenómeno espontáneo sino que ha sido obra de alguna forma de vida pensante.

Seguramente uno de los fenómenos emergentes más importantes para el ser humano ha sido el de la escritura y el de los libros. El conocimiento se expandió, sobre todo a partir de la invención de la imprenta, y el progreso de la especie ha tenido un incremento exponencial. Este fenómeno nos lo cuenta Irene Vallejo, en El infinito en un junco, como un viaje y lo hace con la ternura de una madre, una prosa muy rica y una erudición magistral. Es la historia de la escritura y de los diversos artefactos en que la hemos estabulado para que las ideas, vivencias, conocimientos e historias humanas se transmitan por generaciones de forma que conecten los cerebros actuales con los que ya no están.

Lo que me pregunto es, ¿qué fenómeno emergente producirá la llegada de Internet? En teoría debería producirse un gran salto intelectual puesto que pone a treinta cm de los ojos todo el saber acumulado de la especie, y a golpe de clic el contacto inmediato con cualquier cerebro del planeta. Sin embargo, estamos abducidos por los artefactos tecnológicos como el que tiene un coche y, en vez de usarlo para desplazarse, viviera y comiera y durmiera en él sin moverlo. Nicholas Carr cree que son instrumentos que nos distraen y nos limitan hasta el punto de que reducen nuestra implicación en la forma más elevada del pensamiento. Es verdad que dificultan la concentración porque te demandan atención constante y los creadores de contenido, sabedores de que el bien escaso es la atención, te la roban a golpe de frases cortas como titulares. Es verdad que se atrofia el músculo de la memoria porque cualquier dato lo tienes en un repositorio digital con acceso inmediato. Es verdad que la información no pasa ningún filtro acreditativo así que los bulos y falsedades interesados son muy fáciles de transmitir. Y lo que es peor, cualquier analfabeto funcional cree que su parecer sobre cualquier materia tiene el mismo valor que el del catedrático experto en esa cuestión, confundiendo la libertad de expresión con la capacitación para emitir una opinión. Un dato preocupante es que el coeficiente intelectual parece que está decayendo en la última década, aunque hay quienes lo achacan a defectos estructurales en la prueba de test que lo mide.

Supongo que estamos en la adolescencia de internet y madurará con su desarrollo y, en todo caso, espero que la plasticidad del cerebro ponga remedio a los aspectos negativos. Pero el universo no tiene propósitos y los fenómenos emergentes surgen con independencia de la voluntad de los elementos que intervienen. El entendimiento humano descubrió la fuerza nuclear que unía a los átomos, y del fenómeno emergente del pensamiento surgió la fórmula para liberar esa energía en forma de electricidad beatífica y, por desgracia, también en forma de bomba nuclear.

J. Carlos

Compatriotas, por desgracia

El Rubius es un excelente jugador de videojuegos en la plataforma de video de Google. Tiene nacionalidad española y noruega. Hasta ahora vivía y pagaba impuestos en España derivados de los más de 4 millones de Euros que cobra al año por su talento, trabajo y, sobre todo, porque 39,5 millones de personas ven sus videos y siguen sus peripecias. Te preguntarás que de dónde saca para tanto como destaca: Verás, publicitar tu producto en un espectáculo que congrega a una multitud de 40 millones de consumidores adolescentes es el sueño húmedo de cualquier empresa y está muy bien pagado. Como digo, El Rubius, ha decidido mudarse a Andorra porque allí va a pagar al fisco una cuarta parte. “Llevo literal, diez años pagando aquí” –ha explicado.Se suma a la lista de creadores de contenido para adolescentes (Willyrex, Vegetta 777, The Grefg o Lolito) que han decidido dejar de pagar con sus impuestos las pensiones de sus mayores, las carreteras de sus conciudadanos, los hospitales de sus compatriotas enfermos, las escuelas y universidades de sus hijos, hermanos, primos y amigos, los bomberos que apagan los fuegos de sus bosques, los policías que cuidan del orden y la justicia en España, los funcionarios de protección civil de su ayuntamiento, a los barrenderos que limpian sus calles, los poceros que desatrancan las cloacas por donde fluye su mierda, los cables, postes y satélites por donde discurren los terabytes de los videos que suben… Prefieren pagar las pensiones de los andorranos, sus hospitales, los poceros que limpian las cloacas andorranas, etc. La explicación más explícita fue la del tal Lolito: “En Andorra se pagan impuestos, pero no te sablean como aquí en España. A mí España me ha dado muy poco; yo no he ido al instituto prácticamente, he sido un desgraciado toda mi vida, y que le voy a hacer, España me ha dado muy poco.” (Por cierto, no hace falta que nos jure que no pisó mucho por el instituto).

No son los primeros ni serán los últimos, ya lo hizo Arantxa Sánchez Vicario que pretendía tapar esa traición de lesa patria con una pulsera roja y gualda. Como la memoria es laxa, y los españoles poco escrupulosos con la contribución a lo común, discutimos hasta el hartazgo sobre los políticos que hicieron los recortes, si se medicalizaron a tiempo las residencias o cuál es la hora ideal del toque de queda para salvar vidas en esta pandemia, lo cual está bien y es necesario; pero nadie discute ni se plantea cuántos respiradores, camas, UCIs, médicos, enfermeras faltaron por culpa del dinero hurtado al fisco español por Sánchez Vicario, los moteros Fabio Quartararo, Maverick Viñales, Joan Mir, Jack Miller, Alex Rins, Tito Rabat, Iker Lecuona y los hermanos Espargaró, los ciclistas Purito Rodríguez, Esteban Chaves, Dan Martin, Dani Moreno o Jonathan Castroviejo, todos ellos residentes en Andorra, y los Jorge Lorenzo y Dani Pedrosa que residen en la neutral Suiza, también Fernando Alonso residió allí de 2006 al 2011. Dicho de otra manera: Cuántas vidas se han perdido desde marzo porque estos especímenes que presumen de ser españoles, decidieron engordar más su buchaca a costa nuestra. Lo más estupefaciente es que, encima, nos representan oficialmente y se envuelven en la bandera española tras cada victoria. Habría que enviarles un recordatorio, a sus casas de Andorra y Suiza, con una esquela orlada en negro y el nombre de cada muerto desatendido por falta de medios en esta pandemia.

Lo del Rubius parece, pues, una buena idea. Es el mercado, amigo.

Me pregunto: Si por un suponer, asaltaran o quemasen su casa, su coche u otras de sus propiedades en España, o hackearan sus saneadas cuentas, ¿qué le parecería si la policía y bomberos españoles se negaran a intervenir alegando que corresponde a la policía o bomberos andorranos? ¿Qué pensaría si los jueces españoles no condenaran a los delincuentes que le asaltaron o hackearon porque le corresponde la jurisdicción andorrana que es a la que él paga?

Imagine por un momento que sufre un infarto en territorio español y los médicos españoles se olvidaran de su juramento hipocrático, tendría que esperar a que vinieran a socorrerle los médicos del país donde reside fiscalmente. Si, como es previsible, cuando llegaran los sanitarios estuviera cadáver, le enterrarían los sepultureros andorranos en el cementerio de Andorra la Vella con las salvas de ordenanza que corresponden a los prohombres del país pirenaico.

No podemos evitar que transite por las carreteras, aeropuertos y demás infraestructuras tecnológicas de comunicaciones españolas que pagamos los demás, tampoco que admire in situ nuestras catedrales, alcázares, acueductos… que mantenemos con nuestros impuestos. Ni siquiera podemos evitar que se eduque en universidades españolas o utilice nuestra sanidad pública que pagamos a escote los españoles. Sí podemos hacerle el vacío social: Dejar de seguirle en las plataformas, no comprar ningún producto que publicite, no trabajar con empresas que le provean o firmen acuerdos con él, tampoco frecuentar los bares, hoteles o restaurante que admitan su presencia cuando venga a España… Sólo así aprendería que si su caridad empieza por sí mismo, nuestra solidaridad española termina cuando nos toman el pelo y se ríen en nuestra cara.

Ignoro si se le puede incoar expediente para privarle de la nacionalidad española, en aplicación del art. 24.2 del C. Civil, puesto que no es residente en España y tiene otra nacionalidad, la noruega. Así sabría lo que es andar por el mundo sin el pasaporte rojo borgoña español y sin la condición de ciudadano europeo.

Lo más triste es que sus seguidores preferirán que su abuela se muera en esta pandemia por falta de medios antes de bloquear al Rubius. Ahora entiendo que la Ley Celáa haya suprimido la asignatura de Ética, es para que nuestros adolescentes no tengan ni que plantearse este dilema.

J. Carlos