Archivo mensual: abril 2015

El Photoshop genómico y el efecto mariposa

Peces cebra

Hay noticias que asustan. Los periódicos las esconden como el niño esconde el balón dentro de su camiseta pensando que nadie apreciará su impostura. La noticia que hoy nos tapan, entre una maraña de información baladí, es que hay cuatro laboratorios chinos editando el genoma en embriones humanos. Junjiu Huang y su equipo de la Universidad Sun Yat-sen en Guangzhou, han sido los pioneros. Sólo han conseguido corregir el gen mutante en el 50% de los embriones, con el agravante de que se han producido efectos colaterales en forma de mutaciones. Oficialmente la cosa ha salido mal. Todos felices.

Hace 4.000 millones de años que apareció la vida sobre la Tierra y, hasta ahora, los seres vivos recombinábamos nuestro ADN dejando que el proceso natural del azar y la necesidad se encargara de la evolución. Esa misma evolución ha dado lugar a una especie, la humana, que ha conseguido quebrar ese proceso natural y manipularlo.

Aunque desde hace más de 8.000 años los agricultores han venido cruzando las plantas y los animales para modificar sus características, no fue hasta 1866 que, el agustino Gregor Johann Mendel, formuló sus famosas leyes sobre hibridación de las plantas. Los hombres no hacían más que combinar a ciegas todos los genes de dos plantas hasta encontrar la combinación buscada, pero en abril de 1953, Watson y Crick abrieron la Caja de Pandora al descubrir la estructura del material genético. Veinte años más tarde, Herbert Boyer y Stanley Cohen consiguieron transferir ADN de una bacteria a otra. Había nacido la Ingeniería genética, que posibilitaría la recombinación de los ladrillos de la vida y su cruce entre especies distintas.

En 1983 se creó la primera variedad transgénica de tabaco. Desde entonces,  la manipulación genética en vegetales suma más de 40 variedades de cultivos transgénicos. Unos incrementan la producción, otros contienen más vitaminas, los hay que retardan su maduración para facilitar el transporte, y los más, son inmunes frente a plagas de insectos, malas hierbas y otras enfermedades. En tu despensa, seguramente, tendrás alimentos como arroz, maíz o tomates a los que se le  han incorporado en el laboratorio ciertos genes que controlan esos caracteres. Dentro de unos años -las variedades ya están creadas en laboratorio- el médico te recetará la ingesta de  tal pieza de fruta y tantos gramos de arroz, trigo o maíz con el fin de vacunarte contra una enfermedad o, para que tengas anticuerpos que luchen contra infecciones víricas.

Si la manipulación genética en las plantas da lugar a distintas variedades, con  los microorganismos se crean nuevas cepas. Así, se utilizan virus modificados que introducen genes en el ADN humano para curar enfermedades derivadas de desórdenes genéticos como la inmunodeficiencia combinada grave y otras. Existen bacterias y levaduras a las que se les inyecta genes humanos que producen, de forma eficiente y barata, insulina, la hormona del crecimiento, el factor de coagulación, o vacunas como la de la hepatitis B, que se “fabrica” con levaduras a las que se ha insertado un gen para producir el antígeno presente en la envoltura del virus. En 2010, Craig Venter y su equipo dieron un nuevo paso en la historia de la vida sobre la Tierra, crearon una bacteria “sintética”. El proceso fue el siguiente, fabricaron en su laboratorio cada una de las unidades de ADN de una especie de bacteria Mycoplasma mycoides y las ensamblaron como un puzzle; después vaciaron de material genético una célula de otra especie de bacteria, la Mycoplasma capricolum, y le insertaron el material ensamblado.

Ese mismo año, 2010, se crearon mosquitos resistentes a la malaria, mediante manipulación genética, salvando cientos de miles de vidas. Otro mosquito modificado genéticamente produce un gel letal para combatir a otros insectos que son los causantes de la dispersión del dengue. Hay decenas de otros ejemplos, sólo te añadiré uno más que me ha llamado la atención porque es muy sofisticado: se ha desarrollado una especie de oruga que contiene un marcador fluorescente en su ADN, lo que permite a los investigadores su seguimiento para esterilizarlas por radiación y liberarlas en los cultivos para reducir las plagas causadas por estos insectos.

La creación de nuevas razas de animales la inició Rudolf Jaenisch, en 1973, que “fabricó” un ratón transgénico, aunque no logró que la modificación genética se transmitiera a sus descendientes (la transmisión hereditaria no se consiguió hasta 1981). En la década de los 80 se crearon ratones, ratas, conejos y cerdos transgénicos para obtener modelos de enfermedades humanas e investigar con ellos, incluyendo el primer carcinoma producido por un oncogén. Lo más llamativo por noticioso, aunque no lo más importante desde el punto de vista científico, fue la clonación, en 1996, del primer mamífero utilizando una célula adulta, la oveja Dolly. Hoy día se comercializan gatos y perros hipoalergénicos, para evitar que produzcan reacciones alérgicas a sus dueños. También se venden peces Cebra fluorescentes, como los de la foto de portada. Resultan tan lindos. Yo quiero un loro que cante La Traviata y que los colores de sus plumas formen una puesta de sol.

Tenemos ya virus, bacterias, hongos, plantas, insectos, peces, aves y mamíferos transgénicos cuyos genes se cruzan, se quitan, se silencian y, cuyas modificaciones se transmiten a sus herederos. ¿Qué pasa con el hombre?

Lo que sabemos es que, desde que se publicó la secuenciación definitiva del genoma humano, el 15 de febrero de 2001, en las revistas Nature y Science, su utilización ha tenido tres vertientes: La terapia génica: Que consiste en que, una vez cartografiadas sus posibles enfermedades hereditarias, esto es, conocidos cuáles de sus genes están defectuosos o ausentes, se inserta una copia funcional de ese gen o genes. Su eficacia todavía es limitada, puede insertarse donde no debe, o activar un oncogén, o que interfiera en la actividad de otro gen. En suma, puede ser peor el remedio que la enfermedad. La terapia farmacológica: Que trata de neutralizar las alteraciones y anomalías que se han observado en la secuenciación, suministrando fármacos que neutralicen las alteraciones y modifiquen el curso de la enfermedad. La medicina predictiva: Conocidas las combinaciones de genes que resultan peligrosas se pueden diagnosticar las probabilidades de sufrir tal o cual enfermedad. Este es el caso de la actriz Angelina Jolie que, se ha sometido a una operación de extirpación de ovarios al conocer, mediante la secuenciación de su genoma, que heredó una mutación que predispone a padecer cáncer en esos órganos.

El proceso para jugar al solitario de la vida con los naipes del genoma era lento y caro, sólo algunos laboratorios podían acceder a la partida, pero hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad  -que decía Don Sebastián en la Verbena de la Paloma- y desde 2013 se utiliza un sistema barato y eficaz, llamado CRISPR/Cas para la edición del genoma. Este sistema aprovecha las secuencias de bases que se repiten en forma de palíndromos –se pueden leer de derecha a izquierda y viceversa- y permite, simplificando mucho, cortar secuencias y agregarlas, interrumpirlas o combinarlas. Lo que viene a ser un Photoshop genómico –corta y pega-. Los cuatro laboratorios chinos –y, seguramente otros que permanecen en silencio por ahora- utilizan esta nueva técnica para recomponer los ladrillos de la vida de un embrión. Bien es verdad que el equipo de Junjiu Huang ha trabajado con embriones donados por clínicas de fertilidad, que resultan inviables porque proceden de óvulos fecundados por dos espermatozoides, lo que da lugar a tres juegos de cromosomas y mueren enseguida.

Con el fin de tutelar  la dignidad y los derechos del hombre cualesquiera que sean sus características genéticas, la Unesco aprobó, el 11 de noviembre de 1997, La Declaración Universal sobre el Genoma y Derechos Humanos que, considera al genoma humano patrimonio de la humanidad y declara que, “No deben permitirse las prácticas que sean contrarias a la dignidad humana, como la clonación con fines de reproducción de seres humanos”

La ciencia es como la vida: audaz, curiosa, aprende con el juego del acierto y el error y es imparable. Estoy seguro de que, en pocas décadas podremos programar, antes de irnos a la cama, una máquina en nuestra cocina para que al día siguiente tengamos una mata de sabrosos tomates rojos, una lechuga verdiblanca de hojas carnosas, dos calabacines y un filete de carne de lomo bajo de ternera. En los barrios de postín de las ciudades de los países ricos, los niños serán rubios, con ojos azules, estirados, musculosos, inteligentes e inmunes a multitud de enfermedades. Ignoro si mis ojos verán esos prodigios porque ya vieron muchas cosas y les falta tiempo.

No voy a entrar aquí en disquisiciones éticas, el orbe ya cuenta con filósofos, sociólogos, políticos, escritores, científicos… y un sin número de moralistas de todas las creencias y religiones que, analizarán las consecuencias de este nuevo “poder” del hombre, que le permite barajar las cartas de la vida y sentirse como dios.  Básteme enunciar el efecto mariposa: “el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un huracán al otro lado del mundo“. En un sistema dinámico como el de la vida en la Tierra, cuyas factores evolutivos se demoran por cientos de miles de años, si introducimos elementos muy perturbadores en las características intrínsecas de miles de especies y en unas pocas décadas, lo normal es que, más pronto que tarde, se produzcan efectos considerables y tal vez nocivos. Sólo en los últimos 20 años se han extinguido 27 especies de animales. Desconocemos cuántas especies de virus, hongos o plantas, han desaparecido por nuestro modo de vida, ni las consecuencias que puede tener para nuestra supervivencia. Sólo aporto un dato, la población de las abejas está disminuyendo de forma alarmante, pocos saben que polinizan el 84% de los cultivos comerciales europeos y el 80% de las plantas salvajes.

Vaya a ser que no encontramos otras civilizaciones en el universo, no porque hayan destruido sus planetas a bombazo limpio, o hayan sido aniquilados por la inteligencia artificial creada por ellos mismos, sino porque llegados a un nivel de conocimiento avanzado, se pusieron a tirar los dados de la vida y, a lo peor, resulta que es como jugar a la ruleta rusa.

J. Carlos

No es la economía, estúpido, es el sistema

mariano-rajoy

Fue James Carville, estratega de Bill Clinton en la campaña de las presidenciales de 1992 frente a Bush (padre), el que acuñó la frase: “la economía, estúpido” que luego haría fortuna. Es la magia del lenguaje, tres palabras y una síntesis que permearon la mente del ciudadano medio estadounidense como el agua permea las células de un sediento. Después, el propio Clinton en sus mítines la perfeccionó, anteponiéndole el verbo.

Anda nuestro Presidente rastreando con lupa cualquier dato macroeconómico que llevarse a los mítines, mientras el agua negra de la corrupción hace saltar las tapas de las atarjeas por el aire y sale propulsada en un chorro imparable de chapapote. Cree, –y escribo cree y no escribo piensa, porque si pensara no actuaría así- que, mientras nadie pruebe que él mismo recibió sobres de dinero negro, se vistió con trajes de buena tela y mejor sastre y lució corbatas Hermès con cargo a los papeles de Bárcenas, nunca perderá el oremus de los de su parroquia.

No, Sr. Presidente, no es eso, y usted lo sabe. Es un mal sistémico. En la transición se hizo la vista gorda para que los cachorros del régimen no se pusieran de los nervios y de esos polvos vienen estos lodos. Son las mismas élites de entonces, sólo que ahora los collares adornan los cuellos de los hijos y los nietos. Es la misma economía de rapiña, pero como somos más ricos, ahora tocan a mayor pedazo de tarta. Son los mismos valores del enchufe, el amiguismo, el compadreo, el tráfico de influencias, la impunidad, la utilización servil del aparataje institucional en contra de los ciudadanos para favorecer a los suyos. Ahora que usted y sus conmilitones someten a su compadre, el Sr. Rato, de manera obscena y cruel, a la picota del telediario, recuerdo cómo en tiempos del “mejor ministro de economía” se repartió el botín de las empresas públicas por una miseria, y se puso en manos de un puñado de íntimos, con el señuelo de que lo público estaba mal gestionado y había que fomentar la competencia. Hoy, los servicios que prestan las empresas que el Sr. Rato malvendió, son los más caros de Europa y siguen a su frente los mismos gestores que él nombró. Gestores que se han hecho inmensamente ricos para que sus generaciones futuras vivan desahogados por los siglos de los siglos, amén; además, todas ellas constituyen mamandurrias para garantizar el salario a miles de expósitos de la política. El paradigma de este latrocinio es Bankia donde los intimísimos del que a usted le designó a dedo, el Sr. Blesa y el Sr. Rato, no contentos con llevarse cruda la leche de la vaca hasta dejar la ubre más seca que la mojama, pretendieron comerse hasta los higadillos del pobre bicho, estafando a miles de preferentistas, accionistas y a los cuarenta y seis millones de españoles, que hemos tenido que pagar a escote, 23.000 millones de euros.

No, Sr. Presidente, no es eso y usted lo sabe. Un informe reciente de la Comisión Nacional de los Mercados de la Competencia –institución pública que, a la postre, depende de usted- afirma que, las administraciones públicas gastan 47.000 millones de euros de más, cada año, por no abrir el régimen de contratación del Estado. En román paladino, que sustraen el 4,7% del PIB de los bolsillos de los ciudadanos (la mitad de todo lo que se dedica a educación) y se los regalan a los “proveedores” de la Administración. ¿A cambio de qué?: ¿Tal vez alguna parte de esos fondos se anotó en los papeles de Bárcenas? ¿Acaso otras migajas de esos dineros fluyeron hacia la fortuna de los Pujol? ¿Pudo ser que entre presidentes de Comunidades Autónomas, consejeros, directores generales, alcaldes, concejales, sindicalistas, patronos, funcionarios, tonadilleras y adláteres se les pegaran rémoras con forma de billetes de 500? ¿Es posible que, a cuenta de esa miríada de millones, joyeros, hoteleros, lenceros, discotequeros, agencieros de viajes, dueños de puticlubs y otros muchos hayan avivado sus ventas? No es por fastidiar, Sr. Presidente, pero lo ha escrito un juez en un auto, resulta que parte de ese pastel financió sedes de su partido, campañas electorales, viajes… Se ignora si, además, pudo financiar la extraña afición de fumar puros que todavía hoy algunos profesan.

Añádase, Sr. Presidente, los miles de millones repartidos en las diversas loterías: La de los Eres en Andalucía, La lotería de la formación  bien repartida entre sindicatos y patronal. La loca lotería de las infraestructuras ruinosas, económica y socialmente, cuyo premio recae íntegramente en los constructores adictos a los palcos de los estadios de fútbol. Son Aves con menos viajeros que tripulación, aeropuertos sin aviones, autopistas sin coches, puertos infrautilizados, hospitales redundantes, kilómetros de metro sin sentido, tranvías varados, museos faraónicos sin obra que colgar, palacios de exposiciones sin idem, polideportivos sin deportistas, universidades en cada pueblo…).

Le recuerdo, Sr. Presidente, que, para los patriotas del dinero en Suiza y otros paraísos fiscales, habilitaron ustedes una amnistía fiscal, librándoles de la cárcel con un pellizquito de monja del 3%. Que ahora vayamos conociendo la identidad de algunos y sean de la pandilla, es mera coincidencia. Es justo escribir que, los socialistas hicieron dos asquerosas amnistías, pero en la primera cobraban el marginal –más del 50%– y la segunda consistía en que los defraudadores podían comprar activos opacos, los denominados AFROS, con un 45% de retención en origen o, invertir en pagarés para financiar al Tesoro público, con una mínima remuneración. Ya ve, incluso en la inmundicia de las amnistías fiscales –un contradios- siempre habrá clases. Supongo que, como se trataba de evitar la cárcel a los amigos y no es dinero suyo, pues que se vayan de rositas, o casi.

En las casualidades, Sr. Presidente, no creo, aunque haberlas haylas. Supongo que es casual el hecho de que, tres jueces fueran apartados de sus quehaceres –a dos de ellos les retiraron la toga y las puñetas- cuando instruían causas relativas a colegas de partido. Entiendo, asimismo, que no deja de ser casual la antigua militancia en el PP del actual Presidente del máximo órgano de los jueces. Tampoco creo que haya relación causa-efecto que las televisiones públicas bajo su égida, se hayan convertido en el No-Do de un tiempo a esta parte. Ya sé, que es pura coincidencia que los medios afines a su ideología política hayan incrementado sustancialmente la partida acreedora de la publicidad institucional. Supongo que es habitual que los técnicos de Hacienda se distraigan en la observación y catalogación de las facturas falsas, cuando a uno le quedan unos pocos euros para que el fraude se convierta en delito, como en el caso de la Infanta. Valoro la amistad por encima de todo, una virtud que le adorna y le ennoblece, por ello asumo la triste coincidencia del “Luis sé fuerte” y “hacemos lo que podemos”, con el hecho de que el tal Luis se convirtiera en un presidiario. ¿Cómo no voy a estar seguro de que fue una fatalidad que, varias decenas de periodistas estuvieran apostados dos horas antes delante de la casa del presunto inocente Sr. Rato, para que filmaran la presunta detención y captaran, para la posteridad, la imagen del agente aduanero con la mano abierta sobre la cabeza del presunto, para que no se lastimara al entrar en el coche policial?

Sr. Presidente. No es sólo que gran parte de los políticos piensen que la democracia es meter un sobre en una urna cada cuatro años. No es sólo que se hayan ciscado en los interventores para que ustedes pudieran hacer y deshacer a su antojo. No es sólo que hayan apartado de sus servicios profesionales a los funcionarios, a mayor gloria de enchufados, traecafés, correveidiles, carromeros, asesores y otras huestes que les lamen las órdenes y los decretos. No es sólo que hayan constituido empresas públicas a tutiplén para cobijar a los propios. No es sólo que hayan constituido diecisiete estaditos, diecisiete reinos de taifas con sus mercaditos independientes, para rascar poder y portar la vara de mando en las procesiones y fiestas de guardar. No es sólo que hayan hecho de la división de poderes un sayal, como de su capa, con más agujeros que un queso gruyère. No es sólo que para constituir una empresa haya que mantener una guerra burocrática de varios meses. No es sólo que para contratar con la Administración haya que poner el culo ideológico/partidista/familiar/ y aportar al cepillo. No es sólo que haya menos transparencia en los partidos y en las instituciones públicas que en un cenagal. No es sólo que tiren el dinero público en infraestructuras inútiles para que lo mamen los amigos que gestionan las empresas que les óbolean. No es sólo que perdonen 40.000 millones de nada en impuestos a la banca por un vaya a usted a saber por qué o, que el tipo real que pagan las grandes empresas sobre sus ganancias no sobrepase el 5%. No es sólo que se hayan cargado el juego de competencia entre las empresas, que reduce precios y las hace más fuertes. No es sólo que…

Es que han gripado el sistema. Llevan tiempo con la alarma encendida y no se dan por enterados. Mientras duró la burbuja el personal se aplicaba el poema gongorino “ándeme yo caliente y ríase la gente”, y miraba para otro lado. Ahora, que la manta abriga sólo a los ricos, que una parte de la clase media tiene los pies al aire, y que a más de un cuarto de población no le alcanza, los ánimos andan revueltos, como los tiempos. Enderece el timón, póngase el chubasquero y dispóngase a cortar la gran ola que se avecina.

¿El puro?, guárdelo en un lugar seco y seguro.

J. Carlos

Creencias

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          Los libros son como las personas, unos te caen bien, otros te decepcionan, todos te enseñan y de algunos te enamoras. He de confesar que la carne es débil y he estado en amores con dos centenas largas de ellos. Algunos todavía los llevo a la cama, pero sólo de vez en cuando, porque uno es promiscuo en estas lides y siempre anda dejándose seducir por lo último que lee. Te cuento esto porque desde hace unos días tengo un nido de mariposas en el estómago, estoy inapetente, pospongo las citas con los amigos, la vida me sonríe, duermo poco, transpiro euforia, tengo el pulso desbocado. Mi único deseo es quedarme solo y encerrarme en mi habitación con “El sistema humano y su mente” de Fernando García Rodríguez. Un psiquiatra. Ya ves. El amor es ciego.

No me engaño; si me he enamorado de este libro no ha sido un flechazo es,  porque explica, sistematiza y, a mi entender, prueba científicamente lo que creo que somos.

Para García Rodríguez, el ser humano es una estructura gobernada por el sistema más complejo conocido que es el cerebro, con 30.000 millones de neuronas interconectadas entre ellas.

Para explicar cómo hemos llegado a esa estructura, aplica la teoría sistémica. Sintetizando mucho: La materia es una manifestación de la energía con una determinada estructura u organización, esto es, está dotada de información, porque informar es dar forma. La materia, pongamos las partículas elementales, se combinan por azar en estructuras más complejas dando lugar a moléculas y, éstas, a su vez, combinándose, dan lugar a otros sistemas superiores como las células.

El ser humano es una estructura superior formada por la ordenación de estructuras más simples como las células y, viene con su información primigenia, unos programas instalados de fábrica. El cerebro que ha de gobernar esta gran estructura, también viene son su carga genética, que se concreta en un sinfín de programas que han ido utilizando, para sobrevivir, todos los seres vivos que nos han precedido en la escala evolutiva. Entre ellos destacan dos conjuntos de programas básicos: Los que suministran el ánimo (las ganas) de vivir y los que controlan la angustia de morir. Los programas del ánimo nos aportan chutes de placer para que comamos, bebamos, forniquemos, pensemos, aportemos al común, nos solidaricemos, ayudemos…; en suma, para que sigamos subsistiendo individualmente y como especie. Mientras que los programas de la angustia nos ponen en alerta frente a las múltiples amenazas que acechan nuestra existencia.

El autor estima que mantener en equilibrio entre estos dos factores, el ánimo de vivir y la angustia de morir, es fundamental para tener una vida agradable y placentera. Su desequilibrio da lugar a las psicosis y a las neurosis.

En el ensayo, como en todo ensayo que se precie, hay buenas y malas noticias, a saber:

Dos buenas:

La primera es que, del cerebro y su interacción dinámica con la realidad emerge una propiedad, la mente y el yo que lo opera. La mente puede imaginar escenarios diversos, recrear vivencias, pensar, adoptar decisiones, racionalizar. El yo operador puede dirigir, en parte, al sistema, ordenándole, por ejemplo, que traiga determinados outputs a nivel consciente, al igual que el operador de un ordenador puede visualizar resultados en la pantalla.

La segunda es que, no funcionamos sólo con programas instintivos que resuelven nuestra existencia con automatismos básicos. Somos una “máquina” de resolver problemas de forma que, confrontamos con la realidad y, en función de las amenazas u oportunidades que percibimos adoptamos soluciones, y las que se muestran eficaces las fijamos como automatismos (programas), que se activarán cada vez que aparezca el mismo problema u oportunidad. Estamos permanentemente instalando programas nuevos porque estamos interaccionando permanentemente con la realidad o, por mejor decir, con la realidad que interpreta y recrea para nosotros nuestro cerebro. Por eso estamos en permanente evolución, cambiando nuestro cerebro y su propiedad la mente con cada experiencia y con cada pensamiento. La vida es información y el acto de vivir es el manejo de esa información

Las malas noticias son las instalaciones creenciales:

El hombre no acaba de instalarse en la racionalidad. Se resiste a abandonar interpretaciones del mundo y de sí mismo que corresponden a las creencias, sean religiosas, territoriales, ideológicas, etc. Las creencias exigen la absoluta fe en su certeza, de modo que si alguien no las comparte, despierta la duda en el creyente y, con ello, la angustia de estar en el error. Así que el incrédulo, el pagano, se convierte en enemigo. Y ante el enemigo se activan los programas primigenios de agresividad, porque de esos programas han dependido a lo largo de la evolución la posibilidad de destruirlo y seguir subsistiendo.

En occidente, gracias a la Ilustración –que fue una vuelta a la instalación racional de los griegos- llevamos dos siglos fructíferos, liberados de supersticiones, seres fantásticos y dioses, lo que ha permitido al hombre vivir más libre y dedicado al progreso, esto es, a resolver los problemas materiales y a preservar en el conocimiento. Ahí está la Declaración de los Derechos del Hombre, una de las creaciones más hermosas y fructíferas del ser humano, un invento ten esencial como la máquina de vapor de James Watt.

Sólo hace unas décadas hemos asistido a instalaciones en creencias ideológicas que alfombraron Europa con millones de muertos: El fascismo y el marxismo. Marx dividió a la humanidad en dos bandos los proletarios y sus enemigos los burgueses a los que había que destruir. Hitler utilizó la creencia en la raza superior, la raza aria, activando el programa primigenio de la territorialidad animal de los enemigos que, por extensión, eran todos los demás.

Hoy vemos como subsisten mundos cerrados basados en los credos religiosos. Ahí tienes a los yihadistas instalados en sus creencias fanáticas, empañando de sangre la tierra y destruyendo patrimonio de la humanidad, al igual que otras religiones regaron con sangre la tierra siglos atrás. La demostración palpable del poder de seducción que tienen los programas primigenios, la tenemos en los cientos de personas nacidas y cultivadas en Europa que se sumen a la lucha contra el infiel.

También sufrimos en España los delirios de individuos que están intentando activar en sus conciudadanos la instalación creencial del nacionalismo. El señuelo es una Arcadia feliz que sólo lleva a establecer un “territorio” en el que todo aquel que no participe es un enemigo, por lo que se reacciona contra él activando los programas heredados de agresividad. De poco sirve que hayamos ido construyendo organizaciones sucesivas como la tribu, el pueblo, la nación, la federación de naciones, asociaciones como la Unión Europea, con el afán de crear agrupaciones cada vez más numerosas de individuos organizados en un sistema de confianza, para silenciar los programas de agresividad que hemos heredado de los animales.

Basta un pequeño grupo de filibusteros, aunque utilicen argumentos tan burdos como los nigromantes o los vendedores de pastillas para la cura del cáncer, para hacer mella en personas crédulas o desesperadas; porque los programas genéticos, heredados desde que fuimos anfibios, son fácilmente operables con los señuelos del miedo al enemigo que nos roba, nos amenaza, o se ríe de nuestras creencias y nos hace dudar de ellas.

Frente a estas instalaciones creenciales, García Rodríguez aboga por una instalación racional basada en la renuncia a la certeza porque la realidad es cambiante, interpretando la realidad con un escepticismo moderado, abierto a todo cambio, sin límites fijos, “pero sin que ello despierte la angustia de sentirse perdido en la realidad”.

Más ciencia, más cultura, más libertad, más escepticismo y menos fe. Y si no, atengámonos a las consecuencias.

 J. Carlos

La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro

La sonrisa etrusca

La buena literatura te induce sensaciones que buscas en el mapa de tu memoria para poder recorrer el cuento y empaparte. Encuentras el olor del romero y de lavanda en el monte, a queso recién partido, al guiso en la lumbre de paja, al recio olor de la lana de las ovejas, al de la lluvia, la nieve y el barro, al sudor de años… Y sólo es el olor de la manta de la que Salvatore Roncone (alias Bruno) no se separa nunca. José Luís Sampedro tiene esa rara habilidad de incitarnos en cada página a buscar los sabores, la textura de los objetos, los sonido, y de evocarnos la esencia de la vida, esa que está escondida entre los pliegues del alma: la ternura, el odio, la felicidad, la amargura, el dolor, la pena, la alegría, el amor, el cariño, la compasión…

He leído este viaje hacia la comprensión de uno mismo como si me lo estuviera relatando el mismo José Luís, con la voz cansada ya de tantas palabras y de tantos años. He jugado a que fuera el runrun de esa voz el que me iniciara en la sabiduría de vivir y el que me fuera abriendo los pliegues del alma de Salvatore, que son los míos, que son los de cualquiera.

Tengo en mi mesa una vela encendida y trece rosas que me aroman los papeles, los libros y la cacharrería electrónica. Está la foto de la portada de la dama en un amarillo azufre con la sonrisa etrusca en los labios, es la decimocuarta rosa. El domingo contemplé el parto de la luna roja, más grande que nunca, dicen que estaba en su perigeo y que no volverá a ser tan grande hasta dentro de muchos años y a lo peor ya no me alcanza la vida, dicen que nos hace más sensitivos. Será por la vela, por las rosas, por la portada, por la luna roja que ayer cuando leí la última línea me entró como un desasosiego hondo que todavía me dura.

El Zío Salvatore Roncone sale de Roccasera en Calabria con la visión de su enemigo Cantanotte en silla de ruedas, vencido, con la sola idea de que la diñe antes que él. Lo lleva en coche su hijo Renato, un químico apocado que no tiene las agallas de su padre, para que los médicos le traten a la Rusca que le está comiendo por dentro. El destino es Milán, ciudad industrial, con niebla sucia, edificios altos, gente blanda sin empaque, y una nuera a la que no soporta porque está plana y además, es pija. De camino paran en Roma porque su hijo tiene una entrevista de trabajo, visitan el museo Villa Giullia donde Salvatore Roncone ve la escultura de los esposos, sentados sobre un sarcófago y descubre la serenidad de su sonrisa ante la muerte: la sonrisa etrusca. Y por primera vez, el partisano, el que se casó con la Rosa -la hija del Zío Martino, uno de los ricos del pueblo- se enternece.

En este viaje de Salvatore hacia la muerte, el autor destaca los contrastes para ir construyendo los andamiajes del personaje, y nos desvela cómo va cambiando la percepción de su propia realidad y cómo termina alcanzando la sabiduría, a través de las enseñanzas de un su nieto Brunettino y de una mujer, ya mayor, Hortensia.

-Contrasta el mundo viril, recio, machista y poco civilizado, pero más auténtico de Roccasera; versus el sucio, hipócrita, blandengue y de plástico de Milán.

-El de la vida del campo, libre, aprendiendo de los animales, con reglas antiguas y enemistades eternas; y el de la vida ordenada y virtual de la ciudad, con libros que dicen cómo ha de criar a los niños y Universidades que pierden el tiempo escuchando mentiras de un viejo.

-El de la juventud con la fuerza arrolladora, los instintos básicos y el deseo siempre insatisfecho; frente al sosiego de la vejez, el descubrimiento de los pequeños placeres y la llegada, como una lluvia mansa, de la verdadera sabiduría.

-Contrasta la serenidad ante la muerte cercana del pueblerino Salvatore, con la aptitud de los médicos y de la gente de ciudad que intentan dulcificar el trance con medias verdades y con palabras de plexiglás.

-Un mundo de valores ancestrales, donde las verdades son eternas y sencillas; versus un mundo que no tiene agallas, donde se pierden los valores y sólo se trata de aparentar, un mundo de estampas en que prefieren ver a las mujeres desnudas en las revistas del kiosco “para calentarse, en vez de tocarlas”.

Es Brunettino, su nieto, el que le despierta la ternura, por él deja de fumar, por él se levanta cada noche para velarle, por él calla y aguanta en Milán, por él vuelve a las montaña, a Femminamorta, como un partisano a diseñar estrategias para ganar la batalla del cariño y la guerra de cómo hacerlo un hombre, por él conoce a Hortensia. Y con Hortensia -su amor reciente, otoñal- aprende a estar en la cama sin gozarla, porque el cariño y la ternura son contagiosos, y termina aprobando la última asignatura: que la verdadera dimensión del amor está más allá del goce sensual, está en la ayuda a los demás, en la empatía, en la solidaridad, en el compromiso, en la amistad, en dos almas que se contemplan y se comprenden sin gestos ni palabras. Por eso recuerda a sus compañeros de partida: A Daniel que aguantó la tortura hasta la muerte y por eso él está vivo; a David que consiguió volver a encender la mecha e hizo estallar el tren con armas y municiones, aunque le costó la vida; al Torlonio; al Ambrosio; al hoy senador comunista… Hasta cuando su hija Rosetta le comunica que ha muerto el Cantanotte su enemigo acérrimo le da un punto de tristeza, y eso que la muerte del Cantanotte era su único afán de resistir a la propia muerte: “Madonna que muera antes que yo y te compro el cirio más gordo”. Por eso vuelven a su memoria Salvinia, la molinera voluptuosa, que le quería hasta tal punto que le buscó la treta para casarse con la Rosa, la hija del Zío Martino; fue por Salvinia que se hizo partisano porque los nazis la torturaron y la mataron. Vuelve, una y otra vez, al recuerdo de la partisana Dunka -pianista y culta- que le decía “dime que me quieres aunque sea mentira”. Y se lo cuenta a Hortensia, echando de menos haber sabido entonces que el amor era mucho más que el puro sexo.

De la Maddalena, la del puesto de frutas, aprende que hay gente amable, que no te engaña, aunque viva en Milán en una sociedad aborregada, y aprende también que ya no puede catarla porque el tiempo pasa y no pasa en balde. Aprende de Simonetta, la sobrina de Anunziata, porque es un soplo de aire fresco y lo entiende a él -al Zío Bruno- y lo admira, porque hay almas que se saben sin hablar, y la respeta aunque tenga su carne tan a mano en el abrazo común al nieto.

Cierra su ciclo de sabiduría cuando descubre con Hortensia a la Madonna guerrera de Miguel Ángel en la Pietá Rondani Torlonio. Y el bagaje de esa última estación de su vida, que ha sido un cúmulo de enseñanzas inesperadas, se concentra en la serenidad de una sonrisa. La sonrisa de la ternura.

J. Carlos