Archivo mensual: septiembre 2011

Perspectiva

Perspectiva

 No está la situación para andar con paños calientes. De aquellos polvos de las hipotecas subprime que nos empaquetaron con lazos de colores y nos vendieron los USA, vinieron estos lodos de crisis financiera porque los bancos no podían cubrir los riesgos que habían comprometido, y los estados se endeudaron para taparles los agujeros. Como corolario a tanta ineptitud ahora llega la tormenta de arena de la deuda, lo que obliga a los estados a asumir las pérdidas que la compra de deuda ha generado a los bancos. Una espiral estúpida que recae siempre sobre las mismas espaldas. Lo cierto es que la arena tiene cegados a nuestros prohombres y nadie se atreve a aventurar cuándo amainará la tormenta. Es más, gracias a la  desregulación y a la opacidad de muchas de las operaciones financieras de economía virtual, hay algunos que están trasvasando, a mansalva, nuestro dinero a sus bolsillos y no les interesa que cese la tormenta.

Es también mala suerte que nos haya tocado en suerte el toro con más trapío, tal vez más bravo que el del 29, con los peores toreros en cartel. Obama nos deslumbró con su oratoria del Yes we can, pero fue un espejismo, en cuanto llegó al poder puso al frente del corral económico a los zorros de Wall Street y se nos desinfló en seguida como un mal suflé. En la desmembrada Europa tenemos una burocracia de correveydile con tendencia a la piromanía que sólo se dedica a hacer juegos de prestidigitación en los que en un santiamén se saca 27 estados de la chistera; al parecer los únicos que ordenan y mandan en ese cotarro, antes llamado Unión Europea, son dos excrecencias de la banalidad llamados Merkel y Sarkozy; ambos dos burlando las más elementales normas de la cortesía, y haciendo mofa y befa de la democracia y de los valores europeos que tanto esfuerzo costó hilvanar, se permiten el lujo de reunirse para nada, obligan a la voz de “ar”, y al son de las trompetas del apocalipsis, a los países del sur a hacer lo contrario de lo que pide el sentido común, con la sola pretensión de arañar unos votos nacionales que, para más inri, les niegan reiteradamente sus urnas. Es difícil encontrar un momento histórico en que se haya concentrado tanta idiocia junta entre nuestros gobernantes. Para que hablar de Zapatero y su inveterado optimismo de anteojeras, que lleva noqueado desde mayo de 2010 poniendo parches neoliberales y haciendo recortes sociales al más puro estilo aznarista. O de Berlusconi que se dedica a la política ocasional para ejercer con propiedad su profesión de delincuente. O de Camerón que en su remedo de Tacher seguirá desmantelando el estado social hasta su estallido final… Ahí tienes a Putin y Mendievev intercambiando sus puestos en Rusia como quien cambia cromos, al puro estilo mafioso. Tenemos hasta un comunista, Ju Jintao, que dirige un país bipolar y bastante hace con regular la válvula que alivia la presión de la olla exprés china, donde se cuece el capitalismo más salvaje especiado de comunismo y dictadura de partido.

No, no está la situación para tirar cohetes, pero déjame ser optimista, aunque las urnas alemanas y francesas que desalojarán a estos inútiles todavía están lejos, la historia nos enseña que después de la desesperación viene la catarsis. Nos dejaremos unos cuantos pelos en la gatera y muchos de nuestros ahorros se volatizarán, sin duda, pero llegará la reacción ciudadana y no tardando mucho: Tendremos una cierta armonización fiscal europea, un Tesoro único, emitiremos eurobonos, se cobrará una tasa por transacción financiera internacional, se regularán los CDS y demás instrumentos opacos, se prohibirán las ventas en corto y, tal vez, hasta se ponga coto a los paraísos fiscales mediante el establecimiento de tasas aduaneras virtuales. Y lo que es más importante, los estados europeos inyectarán miles de millones de euros en inversión productiva en el más puro estilo Keynesiano para poner en marcha la locomotora económica y paliar el paro. Con todo, nos espera una década que habrá que transitar a lomos de burro porque nos han bajado, a la fuerza, del caballo.

No obstante, con el fin de darte esos ánimos que te faltan, me gustaría que te dieras un breve garbeo conmigo por la historia, porque permite una visión con cierta perspectiva que, a menudo, desdeñamos porque la vorágine de lo cotidiano nos impide ver más allá de nuestras propias narices. Siguiendo este hilo argumental te apunto la frase que escuché el pasado sábado en la radio al profesor Santos Juliá: “Hubo europeos nacidos a principios del siglo XX que cambiaron dos o tres veces de país sin moverse de su casa”. Nos olvidamos que en la primera mitad del siglo pasado Europa tuvo que renacer de sus cenizas, como el Ave Fénix, dos veces. En las dos guerras mundiales murieron más de ochenta millones de personas, y ya nos cuesta recordar que en la segunda mitad del siglo, parte de Europa cayó al otro lado del telón de acero y vivió bajo los regímenes de terror comunistas. Nos olvidamos también de que a las puertas del siglo XXI, desde 1.991 hasta 200, se sucedieron las denominadas guerras de los Balcanes, en el corazón de Europa, que afectaron a las seis ex repúblicas yugoslavas y que se cobraron más de doscientos mil muertos.

Ciñéndonos a España y desde la perspectiva cultural hay que recordar que, la voz “alfabetización” aparece por primera vez en el DRAE en 1970. Lo que es tremendamente significativo, tal vez sea porque hace ciento cincuenta años, en 1860, sólo el 19,9% de los españoles sabía leer y escribir. En 1950 se había elevado la alfabetización al 55,6%. Pero hubo que esperar a los años 80 del pasado siglo para conseguir que el 95% de los españoles supiéramos leer y escribir. Hoy el proceso de alfabetización es completo, obligatorio y gratuito desde los 6 a los a16 años.

Hace apenas treinta y seis años vivíamos en una dictadura, bajo el régimen de partido único y sin libertades, depauperados después de una guerra civil que sembró nuestro suelo con la sangre de más de 500.000 muertos, y una posguerra de racionamientos y represión. Aislados internacionalmente, apenas pudimos empezar a levantar cabeza a partir de los años 60, gracias a las remesas de los emigrantes, los ingresos por turismo y la mano de obra abundante y barata que abandonaba el campo. Muerto el dictador hicimos una transición modélica, pero los que vivimos aquellos años recordamos el miedo a la involución, los asesinatos casi diarios de ETA, la extrema derecha campando por sus respetos en la calle, la matanza de Atocha… Fueron días densos y pesados como el plomo.

Desde la perspectiva económica, basta con unas cuantas pinceladas para situarnos: Al final de la dictadura, en el año 72, el 5,1% de la población activa había emigrado a otros países para buscarse la vida porque en España faltaba trabajo y sobraba miseria. Por el contrario, a día de hoy tenemos cinco millones de personas que han venido a buscarse la vida en España y realizan, en general, aquellos trabajos penosos o insalubres y mal pagados que los españoles ya no estamos dispuestos a realizar. Basta volver la vista atrás a los últimos treinta años para encontrar varias crisis económicas de mayor calado social que la que nos oprime: La crisis del petróleo del año 73 eleva el precio del barril de petróleo de 1,63  a 14 dólares, lo que coloca la inflación en España en el 44% en 1977 y el paro afecta a 900.000 personas; afortunadamente los políticos de la transición de todo el espectro, desde Suárez hasta Carrillo, son capaces de suscribir los Pactos de la Moncloa, devaluar la moneda y paliar la situación, aunque la década siguiente fue muy dura y exigió el desmantelamiento del tejido industrial en su mayor parte obsoleto e incompetente. En 1986, el año de entrada de España en la CEE, el paro se cifraba en el 24,4%, pero la entrada en el club europeo rindió sus buenos frutos porque en apenas tres años, la tasa de paro quedó reducida al 15% y la inflación se estabilizó en el 3%. En los años 90 nos sacudió otra nueva crisis que exigió devaluar la peseta hasta en tres ocasiones en el término de ocho meses. En el año olímpico de Barcelona y la expo de Sevilla, el 92, caímos en la tan temida recesión y 3,3 millones de personas se quedaron en el paro.

Ya sé que los números son fríos como el témpano y no contienen una gota de emoción. A su través no se ve el dolor, ni la miseria, ni el hambre. Toma una película o un documental de hace veinte o treinta años y luego sal a la calle. Espero que la vista en perspectiva te modere el pesimismo. Ya me dirás.

J. Carlos

Plasticidad

Plasticidad

 Una de las cualidades más singulares de nuestro cerebro es el de la plasticidad, de forma que si algunas neuronas resultan dañadas y dejan de realizar las funciones que le corresponden, otras son capaces de reorganizar sus sinapsis y reemprender per se aquellas funciones. La dificultad estriba en comunicarnos con nuestro propio cerebro para explicarle lo que queremos que haga, nos falta el lenguaje. Los neurólogos tienen que diseñar estratagemas para “engañar” al cerebro y conseguir que otras neuronas hagan tareas que en principio no tenían encomendadas. El pasado domingo estuve viendo un programa de televisión muy instructivo al respecto: A un hombre que le faltaba la mano izquierda, le ponían la mano derecha frente a un espejo y con ese estímulo visual, su cerebro percibía sensaciones de esa mano inexistente. También lo engañaban con el pensamiento, conseguían la misma estimulación de la zona del cerebro que controla el movimiento de los dedos mediante la reiteración física de una escala al piano que, cerrando los ojos y pensando en el movimiento de cada dedo haciendo la escala, pero sin moverlos; se basa en las llamadas neuronas espejo de las que ya te escribí en este cuaderno.

Creo que la sociedad también goza de esa condición de plasticidad. Se sobrepone a las dificultades, ha sido capaz de organizarse y sobrevivir en tiempos de epidemias, guerras, revoluciones, hambrunas, crisis económicas… Pero pasa como con nuestro cerebro, que no existe un lenguaje preciso para poder transmitir a la sociedad lo que queremos de ella en cada momento. Así que nuestros especuladores, ayatollás religiosos, políticos de cabecera, economistas, sociólogos, filósofos de salón y opinadores varios, hacen como los neurólogos con el cerebro: Nos engañan.

Ahora nos echan la culpa de una crisis que han causado ellos, te pasan la factura y, encima, te hacen sentir culpable. Si tienes el estómago de pasearte por los titulares de los medios cada mañana y meter las narices en algún artículo o, lo que es peor, escuchar alguna tertulia en la radio o encender cualquier cadena de televisión, saldrás trasquilado. Te echan unas broncas monumentales: que si hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que somos unos manirrotos y hemos pedido crédito sin medida, que vivimos del subsidio y no buscamos trabajo, que estamos intervenidos, que viene el corralito como en Argentina, que todo está a punto de hundirse… Cuando termino la ronda mañanera tengo la lengua en el suelo, me arrodillo y me doy cien golpes de pecho por pecador. Después salgo a la calle y, aunque parezca mentira, circulan coches, de hecho la M-30 está colapsada, en las cafeterías la gente desayuna y ríe, las aceras están levantadas por cuadrillas de obreros que hacen un ruido con sus taladros como de petardos de feria, los jardineros en el parque de la Fuente el Berro podan los setos de boj, hay gente paseando a sus perros, otros corren en camiseta… Y me pregunto ¿A quién beneficia toda esta retahíla de catástrofes descritas por nuestros apocalípticos bien pagados?

Está bien claro, nuestros neurólogos sociales nos están diciendo que lo público no funciona, por consiguiente, hay que privatizar toda empresa pública, empezando por el agua que bebemos para regalársela a los propios, y, por supuesto, la educación, la sanidad y las pensiones. Nos están indicando que hay que construir otro paradigma social, que éste sólo crea vagos y maleantes. En resumen:

-Que estudie el que tenga dinero, para que no digamos propondrán un limitado sistema de becas por si entre la clase media hay algún lumbreras, que ya lo ganarán para su causa.

-Sanidad pública: Ambulatoria y con copago que los impuestos no dan para más. Si quieres asistencia hospitalaria ya sabes, hazte de Sanitas o de Adeslas. Y si no puedes pagártelo, muérete, que vives demasiados años, y de paso nos ahorramos la pensión.

-Pensiones: Como mucho 500 € al mes. El resto, pensión privada si pudiste ahorrar para ello. No es de recibo que tus hijos o nietos sean mileuristas o estén en paro y tú, viejo de mierda, tengas una pensión tres veces superior.

Ya están aquí los nuevos ingenieros sociales y, como no hay lenguaje para que la sociedad les entienda, hacen como los neurólogos con el cerebro, elaboran estratagemas para engañarnos. Nos engañan con la descripción  diaria del apocalipsis en los medios para que ejercitemos el pensamiento negativo, vía neuronas espejo, de manera que cuando los entronicen les recibamos como a los salvadores de la patria. También  nos engañan poniéndonos el espejito delante, para hacernos creer que tenemos todavía la mano izquierda y que vamos por el camino del progreso social.

J. Carlos

Las esquinas del verano (y III)

Las esquinas del verano ( y III)

Paseando por las esquinas del Retiro me encontré una estampa imposible, en el Paseo de carruajes estaban montando dos hileras de confesionarios de un blanco satinado, sin cortinas y sin puertas, con una celosía para que se cuelen las palabras y se velen los rostros del perdonante y del arrepentido. Una pareja de policías custodiaba el trabajo de los carpinteros que montaban los adminículos como mecanos. Hacía calor. Hacíamos fotos. Pensé que las sotanas negras harían contraste con los contrachapados de melamina blanca. Pensé que se podría hacer una magnífica película en blanco y negro cuando se oficiara allí la gran parada del arrepentimiento.

Garvotta:

Ni sestear me han dejado las esquinadas noticias del verano. Que si los atentados en Noruega, el estallido social en Reino Unido, la guerra de Libia, la masacre de ciudadanos Sirios perpetrada por su dictador. Que si ese veneno que le han añadido a la deuda, prima de riesgo lo llaman, se dispara en España e Italia arramblando los valores de la Bolsa y mandando hacer puñetas al euro. Que si modifican la Constitución alevosamente, en un santiamén, sin contar con los constituidos y alegando que lo hacen a petición unánime de los mercados. Así no hay quien duerma, te encogen el corazón y el bolsillo, de resultas, cada día eres más pobre que ayer y menos que mañana.

Añoro aquellos telediarios elaborados por los becarios veraniegos con fotos y reportajes de archivo, que te dejaban con la modorra puesta. Ya sabes, los que te contaban las operaciones de salida de la Dirección General de Tráfico, el asentamiento de la Campus Party en Valencia, unos fotogramas de niños chapoteando en las fuentes de Sevilla que terminaban con el plano de un termómetro de Delclaux marcando 45 grados, una reportera con un vestido ibicenco emitiendo desde la arena de Benidorm, el tañido de la campana en las conmemoraciones de Hiroshima y Nagasaki, la voz chillona de una señora gorda con las mantecas al aire quejándose de “la calo y del bochorno”, las desocupaciones de la jet de Marbella, las regatas de su Majestad, las ferias de Málaga y Bilbao, las torturas a los astados infligidas en las calles y plazas de España en las fiestas de la Virgen de agosto, el despacho del Presidente del Gobierno con el Rey en Marivent, la tomatina de Buñol…

Finale molto vivace:

Y llegó el Papa con sus escarpines rojos y su sotana de un blanco inmaculado, como el solideo. Leyó lo que tenía que leer y no escuchó. No venía a escuchar. Alfombras rojas, arterias principales, plazas y aeropuertos cerrados durante semanas para uso y disfrute exclusivo de los suyos, televisiones públicas convertidas en púlpitos, periódicos travestidos en hojas parroquiales. Había más de un millón de jóvenes reclutados en todo el Globo, gritando enfervorecidos como se grita a un cantante de éxito. Estaban todos los prebostes de nuestras instituciones haciendo cola en el besamanos, tal que hace cincuenta años, pero a todo color.

En la gran parada del arrepentimiento se hizo una oferta especial -quise decir bula especial-, se perdonaban todos los pecados, incluso los del aborto, siempre que se mostrase el debido propósito de la enmienda; oficiaban bajo la canícula dos mil quinientos curas, se sumó también el propio Papa. Él ya venía confesado.

Me llamó la atención la misa con su parafernalia medieval: Concelebraban los varones (ellas son parte del atrezzo) con albas blancas, casullas repujadas en hilo de oro, cíngulos con borlas, solideos púrpuras, zapatos rojos. Lo hacían bajo un árbol artificial que expelía agua vaporizada… Impagables las imágenes. Si John Ford levantara la cabeza le gustaría haber rodado la película, De Madrid al cielo. Una inoportuna tormenta de verano cortó su sermón y las palabras más duras quedaron emborronadas en el papel y no pudieron ser pronunciadas. No importa, las televisiones públicas y los periódicos convertidos en santas hojas parroquiales lo reprodujeron al día siguiente. Sí le dio tiempo a decir que no hay que creer en falsos dioses, sólo hay uno verdadero y el Papa es su representante en la Tierra. Amén.

Cuando me desperté el palio y el olor a incienso seguían ahí.

J. Carlos

Las esquinas del verano (II)

                                   

                                      Las esquinas del verano (II)

Durante el tiempo que dejé de escribirte menudencias he visitado, a menudo, las esquinas de la enfermedad ajena. Hay una persona querida que me ha regalado cariño, lucidez y sosiego, a la que le debo más de la mitad de la buena educación de mis hijos; está ahora transformada en un sucedáneo de sí misma, se le nubla la conciencia a intervalos, los ojos con que te mira son otros ojos, extraños, extraviados, y las manos que tocas amarillean cianóticas con uñas blanquecinas y dedos de cera. Los médicos te susurran veladamente, con la misma frialdad con que se resuelve una ecuación, que la fibrosis pulmonar desencadena un proceso inevitable y a esa edad, entrará y saldrá del hospital cada tanto, como quien cumple una condena y le dan permisos de salida por buena conducta. “Disfrútenla mientras puedan” –dicen-.

Andante: Esquinas del mar Mediterráneo y del mar del Norte.

No hace falta poner el despertador, hay una bandada de tordos ahí abajo, en el parque, que pía alborozada con la primera migajas de luz, han dormido en silencio sobre las jacarandas, las palmeras y unos árboles que tapan la luz al césped hasta matarlo y de los que brotan lianas, como bejucos, que llegan al suelo. Simultáneamente por si la algarabía no te ha borrado el sueño, por entre la celosía que forman las lamas se cuelan las primeras fluorescencias. Sofocas el calor acumulado de la noche con una ducha rápida, te embutes cualquier ropa y sales corriendo hacia la línea difusa de arena y agua. Allí, con los pies y el alma desnudos, orientado hacia el este, con el éxtasis de quien va a presenciar un milagro, contemplas la aureola roja del cielo que luego amarillea, hasta que vislumbras un diminuto punto que anuncia el parto inminente del sol; luego ese punto de luz engorda y derrama una estela, como de espuma, que reverbera sobre la superficie amansada del agua. Cuando el parto se consuma y la bola desnuda se separa del útero de la tierra, me quedo un rato mirando la franja de luz que navega como si hubieran plantado una hilera de trigo dorado sobre las aguas. Después miro en derredor y estoy sólo. A nadie le interesa el milagro. Me doy media vuelta y descubro que las palmeras y los edificios tienen una sola consistencia y una sola sombra, y no las múltiples que por la noche les arranca la luz artificial, como en los sueños. Y vuelvo a casa al olor del café recién hecho.

Fue un viernes de julio, a la luna le faltaban unas horas para alcanzar su cuarto creciente, cuando Anders Bhering Breivic, con diurnidad y alevosía, mandó al otro barrio a setenta y seis personas: Primero hizo estallar con bomba a siete semejantes en Oslo para ahuyentar a la policía, a continuación se dirigió a la isla de Utoya  y perpetró una orgía de sangre, durante la cual ejecutó a quemarropa, utilizando un fusil “M16” con balas expansivas, a sesenta y nueve jóvenes que tenían entre 14 y 17 años. Muchos se salvaron nadando por entre las gélidas esquinas del mar, esquivando las balas. El delito que habían cometido era el de no pensar como él. Alguien tendría que haberlo visto venir y ponerlo a buen recaudo: Tenía publicado en su web un manifiesto de 1.500 páginas a la vista de cualquiera, en el que exponía su ideario neonazi. Su prepotencia le indujo a cifrar los daños de su guerra: “La lucha contra las élites multiculturales en Europa no debería ser superior a 45.000 muertos y un millón de heridos”. Según sus cálculos ya sólo faltan 44.924 víctimas

Las ideologías también tienen esquinas y algunas son tóxicas. Vivimos en el simplismo ético y en “laisssez fair laisezz passer”, así que dejamos que campen por sus respetos las ideas totalitarias que van inoculando el odio en pequeñas dosis. Suscribo lo que escribe Aurelio Arteta: “Solo comprendemos la maldad de ciertas ideologías cuando palpamos, a posteriori, sus efectos más virulentos y sanguinarios (…). Al parecer no importa ni el veneno previo que han ido inoculando en la sociedad en sus sectores más sensibles, ni el desarme intelectual y moral que traen consigo. Y estos últimos son estragos incluso peores que los crímenes, no solo por ser mucho más extensos y ordinarios, sino también porque pasan sin réplica y acaban propiciando aquellos mismos crímenes.” Estoy pues por la exigencia de un rearme ético y por hacer luz de gas a toda ideología que no respete las reglas democráticas, las que repudian la igualdad entre los hombres, aquellas que justifican la explotación del hombre por el hombre, las que proclaman nazionalismos étnicos, las que exigen comportamientos sociales o individuales según sus dogmas religiosos, aquellas que socaban los principios de igualdad y libertad de los ciudadanos, las que incitan a la violencia de cualquier clase…, etc. Ya está bien de callar y mirar para otro lado. No hay que esperar a que salgan a la calle con las pistolas para imponerse, es preciso ningunearlos primero y, si llega el caso, aplicar las leyes con todo rigor. Basta pasearse por determinados blogs,  leer algunos de esos correos que inundan la red como en una cinta sin fin , o los sms que pueblan algunas tdts., para comprobar cómo las ideas tóxicas se expanden sin que nadie se atreva a replicarlas o a ponerlas en manos de un fiscal. Sus autores y encubridores se esconden bajo la pretendida libertad de expresión; libertad que denigran y que, desde luego, si impusieran sus ideología totalitaria suspenderían inmediatamente junto con las otras libertades democráticas.

Larghetto: Esquinas de Guadarrama y del Reino Unido

Debajo de casa hay un abeto señorial. Lo conocí recién plantado cuando no levantaba más de un metro del suelo. Me fascinan los árboles, son fábricas perfectas que se alimentan de luz, agua y detritus, que soportan su peso, a veces, de toneladas y una estatura que puede pasar de los 100 metros, tienen envergaduras que en la base forman circunferencias de hasta 8 metros y llegan a  vivir hasta 3.000 años, como es el caso de algunas Sequoias. Si te fijas tienen una arquitectura singular ramificada, con hojas dispuestas con una geometría ideal para beberse la luz, comerse el dióxido de carbono y regurgitar el oxígeno para que otros seres vivos los acompañemos durante una pequeña parte de su vida. Por eso no dejo de visitar a la olma que preside la plaza del ayuntamiento y le hago fotografías desde todas las esquinas, porque es de los pocos olmos que se salvó de la grafiosis, un hongo que tapona los conductos de la savia y que ha dejado a Europa casi huérfana de esta especie. En Guadarrama han conseguido salvarla, aunque todavía, en primavera y en otoño, la tratan contra el coleóptero que transporta bajo sus élitros el mortífero hongo. La hembra del insecto se introduce en el tronco para poner los huevos y deja en sus recorridos unos grabados lineales, de ahí el nombre de “grafiosis”. Tampoco dejo de ir a la piscina pertrechado con un libro, me siento bajo un sauce llorón, y al caer la tarde, llueve minúsculas gotas de savia que decoran las páginas del libro. Tal vez, algún día, seamos capaces de resolver la incógnita de la fotosíntesis para beber la luz del sol y transformarla en energía sin movernos del sitio, como hacen las hojas de los árboles.

Estaba agosto en pañales y Cameron de vacaciones cuando se rompieron algunas esquinas en el Reino Unido. Había estallado la rabia. El detonador fue la muerte en Tottenham de Mark Duggan por disparos de la policía. Duggan era un delincuente local, padre de cuatro hijos y con antecedentes. En sólo cuarenta y ocho horas centenares de individuos —la mayoría de jóvenes, algunos encapuchados— se concentraron en Tottenham para “pedir justicia” y explicaciones por la muerte de Duggan.  La explosión social ardió en Londres y se extendió a otros suburbios de Mánchester, Bristol, Nottingham y Birmingham. Asaltos de comercios y cajeros automáticos, quema de vehículos y edificios, y duros enfrentamientos con la policía. Terreno abonado para los analistas, sociólogos y psicólogos que nos han abrumado el verano con sesudos informes. Para el simple de Cameron hay una causa única: “Criminalidad pura y dura”. Basta con poner unos millares de policías en la calle y ya puede decir como Aznar, teníamos un problema y lo hemos solucionado. Tal vez si analizara su programa de gobierno, a lo mejor encuentra alguna de las causas en sus renovadas políticas Tacheristas. Sí, esas con que está desmantelando el sistema capitalista de producción, distribución y comercialización de productos y servicios y que permitía una cierta redistribución de la riqueza. Sí, esas políticas que fomentan un capitalismo financiero de especulación y tiburoneo al que sólo pueden acceder las élites y del que resulta una distribución asimétrica de la riqueza. No creo que la niña de once años, ni el embajador olímpico, ni la hija de un millonario, ni el profesor de primaria, ni la aspirante a asistente social, ni siquiera los hooligans, ni los sin trabajo, ni los sin techo se hayan levantado contra el sistema. No. Simplemente están gritando a los oídos del Sr. Cameron que el sistema es impermeable para ellos y para millones de los reales súbditos de su Majestad. No. No están en contra del sistema, sólo quieren estar en él. Al menos, por ahora.

Y por hoy ya me vale.

J. Carlos