Archivo mensual: octubre 2017

 A desatascar

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La condición humana es sorprendente. En junio de 2012, en Granada, los médicos del hospital Ruíz de Alda se encontraron con la disyuntiva de amputar el pene a un paciente que lo había introducido en una tubería; la intervención de los bomberos evitó la amputación; utilizaron para tal menester una sierra cilíndrica Bremer. En marzo de 2017 el suceso se repitió en el hospital Severo Ochoa de Leganés, esta vez era una gruesa arandela y los bomberos la seccionaron con una mini radial. El pasado agosto otro hombre acudió al hospital Arquitecto Marcide de El Ferrol con un anillo erótico, los cirujanos llamaron a los bomberos y éstos consiguieron cortarlo limpiamente con una sierra Dremel. Suponemos que los equipos quirúrgicos, además de un sedante, suministrarían a los pacientes un flujo continuo de agua sobre la zona afectada para evitar abrasiones. Suponemos también que, ante la reiteración de casos similares, el cuerpo de bomberos contará ya con un protocolo de actuación.

La condición humana es inescrutable como los caminos del Señor. Este verano, en Ginebra, los usuarios de los váteres del banco USB y los clientes de tres restaurantes próximos, cuando después de obrar tiraban de la cadena se encontraban con la ilusión de que cagaban billetes de quinientos. Afirman las autoridades suizas que el atasco de los inodoros arrojó una cifra de ochenta y tres mil Euros. Según la policía helvética procedían de una caja de seguridad propiedad de dos mujeres españolas, las cuales, a través de su abogado, han procedido a pagar las costas de los daños causados a los propietarios de los inmuebles. Sabemos que el dinero, como la fe, puede mover montañas, pero cuando alcanza un cierto nivel de acumulación adquiere una propiedad altamente corrosiva que delata la calaña moral de sus propietarios: Hay ricos, muy ricos, que anillan cigarros puros con vitolas de billetes grandes y se los fuman, cuando se emborrachan hacen llover billetes arrojándolos desde un balcón o desde un coche en marcha; el narco Pablo Escobar en una ocasión que no tenía con qué calentarse quemó varios millones a falta de leña. No hace falta pertenecer a la élite para practicar sexo revolcándose sobre una extensión de papel moneda a modo de sábana con la primera nómina o con la entrada del piso, y es sabido que todos los billetes en circulación tienen trazas de cocaína porque su textura resulta ideal para esnifar. Sin embargo, hasta ahora, desconocíamos esta faceta del dinero como atascador de tuberías. Digo yo que podían haberlo depositado a la puerta de un convento envuelto en sábanas de seda dentro de un cuco de niño, o haberlo arrojado al lago Léman en un cesto de mimbre como un moisés.

La condición humana es sorprendente, inescrutable y, abandonada a las emociones pierde el adjetivo de humana para convertirse en condición simiesca. El pasado domingo, uno de octubre, en Barcelona se retaron a chillidos dos grandes simios, el govern català y el gobierno español. El relato de la riña la ganó el catalán que tiene mejores guionistas y mejores actores. Ambos cagaron a gusto sobre el inodoro del pueblo. El govern català, una marioneta representada por dos mesiánicos y cuyos hilos mueven los antisistema, atascó el inodoro del pueblo con una cagalera de papeletas falsas incursas en flagrante delito de desobediencia a los jueces, sin censo, sin sindicatura electoral, con urnas opacas y una policía política digna de una dictadura. El gobierno español obró una gran cagada al poner a los tricornios a tiro de cámara repartiendo estopa. No me extraña porque lo preside un hombre cuyo sueño es sestear en el casino de Pontevedra y llevaba sin hacer de vientre siete años, desde que se comió un suflé a punto de desinflarse y que no ha hecho más que alimentar con su soberbia e indolencia. Esas fotos repetidas en todos los dispositivos, circulando por el mundo a velocidad de la luz, fue el mejor regalo a los sediciosos.

Y aquí estamos, atascados, rendidos a una profunda desolación no exenta de vergüenza, con una sociedad catalana dividida, una España a punto de quebrarse y una Europa que puede saltar en cien añicos. Ya te dije que, una vez aventados los nacionalismos se levanta el viento del odio y una de las dos Españas ha de helarte el corazón. En verdad te confieso que a mí me lo hielan las dos.

Ojalá hubiera un cuerpo de bomberos o una cuadrilla de poceros que, con una sierra Dremel o con una bomba de succión, pudieran desatascarnos.

J. Carlos

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