Aylan y las armas de destrucción masiva

trio de las Azoresdiputados aplaudiendo guerra de IraqAylan Kurdi

El precio es al mercado lo que el oxígeno a las células. Si se quiere que el mercado palpite como un ser vivo, hay que suministrarle el combustible del precio. Pero el precio fluctúa como las olas. Por ejemplo, la carne de emigrante ahogado en el Mediterráneo o asfixiado en la bodega de un barco o en la caja de un camión, cotiza a la baja en la Bolsa de los medios y las redes sociales. El mercado está saturado, sobra carne de naufrago. Si te descuidas, al girarte en la hamaca en la playa donde doras tus mantecas al sol, puedes toparte con un cadáver con la barriga hinchada y un pie desnudo. El mar termina devolviéndolo todo con el tiempo. Hace unos días vomitó el mensaje en una botella que alguien botó hace ciento un años. No te extrañes que uno de tus futuros tataranietos encuentre, mientras remueve la arena con sus manitas para construir un castillo, la bota que faltaba a tu naufrago.

Los mercados son caprichosos y, de vez en cuando, surge un valor que los expertos llaman Blue Chip. En la Bolsa de los medios y las redes sociales la carne del niño naufrago Aylan Kurdi se ha puesto por las nubes. Ha alcanzado un valor de máximo histórico, idéntico al que alcanzó en su día la carne de Phan Thi Kim Púc, la niña vietnamita que corría desnuda con la piel abrasada por el napalm yanqui.

La imagen de Aylan Kurdi con el mentón varado en la arena y el tafilete de los zapatos casi sin usar, quema conciencias y deja una marca indeleble, como la del hierro candente penetrando en la piel del ganado. Ha sido difundirla y a nuestros gobernantes se les ha caído de la boca, me temo que transitoriamente, las metáforas de tejados y goteras, plagas, limpiezas y otras lindezas que todavía supuran por esos labios como supura el pus por las heridas abiertas. Ha sido tal el tsunami mediático provocado por el icónico naufrago que, ahora nuestro Gobierno se quiere poner al frente de la manifestación. Tanto es así, que se muestra dispuesto a ampliar el cupo de refugiados. Nótese que hablan de cupos porque el único lenguaje que utilizan con soltura es el lenguaje administrativo de la leche, el vino, el aceite y otros insumos. Cuando las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos de nuevo cuño se organizan para recibir, acoger e integrar a la marea de personas que huyen de la guerra, el terror y la barbarie sólo con lo puesto, como el que sale huyendo del incendio de su casa. Cuando las Asociaciones de refugiados, las Asociaciones de ciudadanos, las ONGs y gran parte de la población española se niegan a que le venden los ojos frente al horror y se muestran solidarios para echar una mano, unos euros, o lo que haga falta. Cuando hasta la Alemania de Merkel está dando una lección moral y ética de humanidad, dignidad y sensatez con su política de acogida. Entonces, y sólo entonces, nuestro Gobierno cicatero, roñoso y servil se apresta a “subir el cupo”. Muchos de los miembros de este Gobierno asean sus conciencias en los confesionarios. Creen que con un acto de contrición desaparecerá de sus conciencias la marca indeleble de Ayland esculpida a fuego. Tienen fe en que una vez bendecidos y perdonados tras el “ego te absolvo…” podrán, sin dolor de corazón ni propósito de enmienda, ordenar a la Guardia Civil que dibuje a fuego de bala las línea de la frontera marítima con África.

La memoria es flaca y las imágenes icónicas de ayer mismo van lastrando su cotización al mismo ritmo que aparecen otras Blue Chips que las sustituyen en el parqué mediático. Qué bajo cotiza ya la foto de los tres mandarines en las Azores. Apenas tiene valor hoy la imagen de Aznar con el ceño fruncido y la vista clavada en la cámara de televisión aseverando que: “Puede estar usted seguro y pueden estar seguras todas las personas que nos ven que les estoy diciendo la verdad. El régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva.” Hay otra instantánea que ya está fuera de mercado, es la de los 183 diputados rompiéndose las manos cuando aprobaban la resolución para hacer la guerra a Irak. A pesar de que ya sean “chicharros” en el argot de la Bolsa, a mí se me han quedado clavadas en el sistema límbico como tres agujas incandescentes. Lo triste es que tenían razón: había armas de destrucción masiva, aunque no estaban en Iraq. Las armas de destrucción masiva las tenía el trío de las Azores y las empleó a modo.

Su osadía y nuestro silencio han causado más de tres millones de muertos y un éxodo de más de cuatro millones de refugiados que huyen de Iraq, Afganistán, Siria y Libia. Que no te engañen, Aylan es una víctima más de las armas de destrucción masiva que detonaron los tres jinetes –Bush, Blair y Aznar– una tarde de marzo de 2003, después de echarse unas risas en las Azores.

Los tres jinetes cabalgan hoy sobre las alfombras persas de consejos de administración y salas de reuniones forrándose el riñón. ¿Qué puñetas aconsejarán? ¿Qué desalmados morales acudirán a escuchar sus sermones? Y, ¿qué me dices de los 183 dedos que apretaron el botón del sí en el Congreso de los Diputados? ¿Cuántos de ellos seguirán posando su culo en la butaca de piel del Congreso o en las sillas del Consejo de Ministros? Qué paradoja, esas mismas 366 manos que ayer aplaudieron hasta sonrojarse, hoy acariciarán a sus nietos, que tal vez tengan cumplidos los tres, y éstos sonreirán porque todavía ignoran que, las palmas que su abuelito batió como alas de mariposa, un cuatro de marzo de hace doce años, produjeron un tsunami que sigue arrojando despojos humanos como los de Aylan.

J. Carlos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s