Archivo mensual: enero 2021

Filomena

Ponemos nombre de persona a nuestras mascotas para elevarlas en el rango de la evolución como si con ello las humanizáramos. También humanizamos a las borrascas. Pero no a cualquier borrasca, sólo a las dañinas. En un principio, el bautizo de cualquier fenómeno adverso y peligroso como ciclones, huracanes y tormentas tropicales se solventó echando mano del santoral femenino del día –no olvidemos que en el relato bíblico la fémina es la encarnación del pecado-. Actualmente se elabora una lista con veintiún nombres propios en orden alfabético, alternado masculinos y femeninos y, en vez de nombrar el mes en que se desencadena, se sustituye por un color de la gama cromática del arco iris. Es por pedagogía que le ponemos nombre a las cosas, esto es, para no tener que señalar las cosas con el dedo como en el Macondo de Cien años de soledad. No deja de ser una sandez, menor, llamar a tu perro Pocholo en recuerdo del abuelo que se fue, en vez de usar un nombre común como Santurrón, Trasto, Venablo o Zopenco. Pero constituye una estupidez mayúscula que científicos meteorólogos bauticen con nombres propios a fenómenos naturales que cuestan vidas y haciendas. La última que nos ha asolado se llama Filomena y lleva el azul lapislázuli de enero. Es la sexta que hemos sufrido desde el 1 de octubre. La próxima se llamará Gaetán y la duodécima llevará por nombre Lola, que no Dolores, como en la canción del grupo Pastora: “no me llames Dolores, llámame Lola”.

En la mitología griega, Filomena fue violada por su cuñado Terco y éste, para evitar que le denunciara, le cortó la lengua. La venganza fue terrible, la violada mató al hijo del violador, lo cocinó y se lo dio a comer al padre con la connivencia de su hermana Procne, la madre de la criatura. Me imagino a las 8.227 Filomenas que, según el INE, residen en España y que todavía no han metabolizado la ira contra sus progenitores, acordándose de los hijos, madres, hermanas y cuñados de los meteorólogos que oficiaron tal bautizo. Las susodichas contarán a sus íntimos y allegados que etimológicamente su nombre significa amiga del canto y que los dioses, después de aquel percance, la convirtieron en ruiseñor. Pero nuestro cerebro, que es vago por naturaleza, en cuanto escucha el nombre de Filomena cae en el sesgo de correlación ilusoria y lo asocia a la nevada histórica que paraliza Madrid, la España dentro de España. Después de ocho días la nieve perimetra los edificios y encarcela a los madrileños en sus casas, a pesar de Ayuso, mientras  las calles y las aceras lucen un pulido de carámbano. Por eso vengo en proponer a los meteorólogos de la Aemet que, para el próximo curso borrascoso que se iniciará el próximo octubre, usen nombres comunes acudiendo a un catálogo de insultos con género neutro: escornacabras, malasangre, pasmasuegras… o, si quieren ser más finos, pueden basarse para su elección en los elementos de la tabla periódica: arsénica, criptónico, bismútica…

Es sólo una idea porque los sesgos de correlación ilusoria los carga el diablo, empiezas creyendo que la tierra es plana, por correlación deduces que Trump ganó las elecciones y, terminas aceptando que la nieve es un invento de Soros y Bill Gates que la han asperjado sobre nuestras cabezas en forma de plástico desde naves invisibles. Ya te digo que el cerebro tiende a la vagancia por ahorrar calorías. El de algunos sufre obesidad mórbida y diabetes severa, no por un exceso en la ingesta de glucosa sino por no quemarla. Espero que pronto podamos lucir en la muñeca un reloj inteligente que, además, de medir los pasos, la frecuencia cardiaca, la oxigenación en sangre, las calorías de grasa consumidas, etc., nos mida también el índice glucémico del cerebro.

Bien es verdad, todo hay que decirlo, que el INE nos detalla que la edad media de las Filomenas españolas es de 71,6 años y a esas edades te importa un comino que te correlacionen con una nevada histórica. Pero imagínate que al temporal lo hubieran llamado Norberto, como sucedió el pasado 5 de marzo con una borrasca menuda que dejó patitiesa a parte de Francia. Dime tú cómo no correlacionarlo con dos de mis amigos que responden a ese nombre propio. El mismo que llevan en su DNI otros 3.773 residentes en España que, por cierto, son mucho más jóvenes que las Filomenas, sólo tienen 53,5 años de media.

J. Carlos