Archivo mensual: septiembre 2019

Microrrelatos VI

 

Desgracias en cadena

Circulábamos por la M 30 tras el coche fúnebre que llevaba el cadáver de mi padre al cementerio. El conductor sufrió un infarto fulminante. De resultas se produjo un choque múltiple que causó desperfectos en cinco automóviles. Tres personas fueron evacuadas en sendas ambulancias: el conductor del coche fúnebre que ingresó cadáver y dos señoras aquejadas de ataques de ansiedad, mi madre y la amante de mi padre.

El médico de urgencias prescribió un relajante para ambas mujeres y las dejó en observación en el mismo box. No se conocían personalmente, aunque se odiaban. No me preguntes cómo ni por qué, pero, una hora más tarde, mientras los deudos y la demediada concurrencia dábamos cristiana sepultura a papá, ellas conversaban serenamente en el hospital y, antes de que les dieran el alta, ya se profesaban tierna amistad.

Ahora, todos los domingos por la mañana, me toca llevarlas en coche al cementerio para depositar en la tumba de papá un ramo de crisantemos que pagan a escote.

Destino

Fue en la plaza del Caño, iba de la mano de mamá, sonó un disparo de balines. De los cables de la luz salieron volando en todas las direcciones una decena de golondrinas. Una cayó a plomo al suelo, con las alas replegadas. La cogí en mi mano, le manaba sangre escarlata que manchaba su pecho blanco. Mamá dijo: pobre bicho, era su destino. La envolví en mi pañuelo y me lo guardé en el bolsillo.  Mamá quería que se la diera al gato. La enterraré como Dios manda, le repliqué. Por la tarde, mientras el pueblo se congregaba en el salón comunal de la televisión para ver la corrida de toros, entré en casa de los padres de Julito. La escopeta estaba colgada sobre dos alcayatas en la pared de su cuarto. Coloqué el pájaro muerto debajo de su almohada, me llevé el arma metida en un saco que ya cargaba dos pedruscos y lo lancé al río. Me sentí como Dios porque había cambiado el destino de un puñado de golondrinas.

Volví al salón de la tele. El Cordobés le clavaba la espada, hasta la bola, a un toro negro zaino. Si estuviera en Las Ventas, pensé, con el barullo de la salida a hombros con las dos orejas y el rabo, le escamotearía el estoque para cambiar el destino de un puñado de reses bravas. Fue entonces que, el señor Julio, padre de Julito, se acercó, me hizo una carantoña y me ofreció un caramelo de tofe. Lo cogí.

Síndrome de Asperger

A Marieta la contrataron los servicios de inteligencia cuando aún estaba en la Facultad. Únicamente el catedrático, que fue su mentor, conocía su capacidad de memorizar veinte mil decimales del número Pi y otras rarezas, como la de oír los colores.

Lleva una vida discreta, como una simple funcionaria. Se casó hace dos años y hace tres meses se quedó embarazada. Hoy, de vuelta del trabajo, mirándose en el espejo del ascensor, se toca de arriba a abajo con el pulgar de la mano derecha los botones de su blusa negra y sube por ellos con el pulgar de la izquierda. El ascensor llega al octavo al tiempo que su dedo termina el recorrido. El marido, sonriente, abre la puerta y se acerca para darle un beso. Marieta se tapa los oídos, patalea, cae al suelo con convulsiones. Al mirar los labios del marido ha oído el sonido estridente de cien gatas en celo mayando. Hay que tener una vista microscópica para reparar en unas minúsculas trazas de carmín.

En el hospital el doctor accede a que sea el marido quien le comunique que el bebé no ha sufrido daño alguno. Antes de entrar en la habitación se restriega los labios con estropajo y jabón. Tarea inútil porque cuando entra ni le mira siquiera, sólo dice: vete.

Que yo sepa

Fiscal: Si usted manifiesta públicamente que el video es un montaje, retiraré la acusación de magnicidio en grado de tentativa. Comprenderá que mi obligación es borrar del imaginario colectivo la imagen del Rey bebiendo los orines de un camarero.

Detenido: Señor fiscal, usted sabe que el video no está trucado, en su mesa tendrá el informe de los técnicos de la Guardia Civil. Se me ve mear en la jarra de cerveza que serví al monarca en el Club Náutico y, de seguido, sin cortes ni edición, su majestad se la echa al coleto de cuatro sorbos. Lo que no sabe es que, me pagan un Euro por cada nuevo seguidor que consiga en Instagram y me multan con dos Euros por cada uno que pierda. Cuando me detuvieron me seguían más de diez millones, si miento, declarando que es un montaje, los perdería. En cuanto a lo del magnicidio, un traguito de pis no ha matado nunca a nadie, que yo sepa.

Aplicación religiosa

Dios nos hizo a su imagen y semejanza, nos acuñó como monedas con dos caras en una brilla la bondad, en otra, anida la maldad. También Dios tiene su cara oscura.

Soy el Sumo Sacerdote de una nueva religión que alaba a ese Dios bondadoso y también al que mandó diez plagas a Egipto, masacró a todos los pueblos que opusieron resistencia a la conquista de Israel, y ordenó sacrificar para su mayor gloria a los hijos de los hombres. Atendiendo a esa faceta oscura de Dios, mi religión tiene un nuevo mandamiento: Durante una sola noche al año, la de la luna de sangre, se robará, se matará, se codiciarán los bienes ajenos, se deshonrará a los padres, se fornicará y se negará al propio Hacedor. El resto del año rezaremos y nos arrepentiremos por haber pecado.

Mi religión no tiene templos, ni sacramentos, ni exige reuniones comunales. Se basa en una aplicación para móvil que he creado con su biblia, sus santos y sus ritos. El anonimato está garantizado, pero los acólitos podemos darnos a conocer entre nosotros.

Hoy, en el autobús, una joven se ha santiguado tres veces, la última al revés. Correspondí. Nos miramos, esbozamos una sonrisa de complicidad y cada cual siguió a lo suyo.

Reality

Me pareció un experimento sociológico interesante, por eso me animé a participar en el programa de televisión. También porque pagaban un dineral. Participamos cuatro personas, dos hombres y dos mujeres, sin ningún lazo ni conocimiento previo entre sí. Se sortearon las parejas y entregamos nuestros móviles, con la autorización de que accedieran a la información de todos los lugares en que nos sitúa Google en los diez últimos años. Gana la pareja que haya estado más cerca en tiempo y espacio.

Resulta curioso la de veces que se coincide al mismo tiempo en la misma estación de metro, en el mismo museo, o en los aledaños de la misma calle o plaza con la persona desconocida que te ha tocado en suerte.

Al finalizar el cuarto programa, Irina y yo nos habíamos embolsado ciento veinte mil Euros. A la salida de los estudios nos esperaba la policía.

La cronología de mi móvil me sitúa en el mismo lugar y a la misma hora que se cometió un asesinato. ¿A ver cómo pruebo yo ahora que el móvil, un Iphone, se lo distraje en la barra del Pub irlandés a un parroquiano que tenía la muñeca y el cuello alicatados de oro.

                  J. Carlos

Dana

La gota fría ahora se llama Dana porque los nombres, como todo, envejecen, se agotan y mueren. Para entendernos, una Dana es una burbuja de aire frío que se coloca encima del mar Mediterráneo cuando más calor acumula y más evaporación se produce. Tú puedes hacer una Dana casera, saca del frigorífico en verano una botella de agua helada y, en segundos, sudará gotas por toda su superficie. Acuérdate de cuando hacías el amor en el coche en las noches frías de invierno, producías tanto calor que, al contacto con los cristales fríos, se empañaban.

El Levante tiene todas las papeletas para sufrir esta maldición porque tiene una orografía picada de montañas a los pies del mar, que impide que los trenes de nubes se desplacen hacia el interior de la península. Ya sé que es hora de lamentar las víctimas, consolar a sus familias, ser solidario y ayudar a la reconstrucción de tanto desastre. Pero también es hora de que pongamos la venda en la herida y no me refiero a las simplezas de siempre: es que han permitido construir en los cauces de arroyos, barranqueras y ríos -no en vano, muchas de las calles principales se llaman ramblas-; tampoco me refiero a la lógica recriminación de que es preciso profundizar y limpiar, en verano, todos los cauces grandes, pequeños, medianos, desbrozar todas las riberas y reforzarlas. Eso también, claro, pero no dejan de ser paños calientes.

El cambio climático está aquí y ha venido para quedarse. El agua del mar está cada vez más caliente y, por pura física, estos fenómenos meteorológicos se van a multiplicar. Y lo que es peor, serán cada vez más devastadores y peligrosos. Habrá que crear más riqueza porque tendremos que aplicar, cada año, un porcentaje significativo del PIB para paliar las catástrofes derivadas de incendios e inundaciones.

El 14 de octubre de 1957 hubo 81 muertos en Valencia por el desbordamiento del río Turia, pilló desprevenido a los valencianos porque todavía no había empezado a llover en la ciudad cuando el agua se salió de su cauce, después, encima, llegó la lluvia. En evitación de estas catástrofes cronificadas cada cierto tiempo, desviaron su cauce. Resultado, no han vuelto a producirse.

El agua, por pura física, atraída por la fuerza de gravedad va a buscar su cauce y, si se entorpece o se tapona su salida natural, buscará los lugares más bajos hasta alcanzar su destino en el mar. Quizás, en vez de enterrar todos los años a unos cuantos compatriotas, tirar al lodo el esfuerzo de protección civil, bomberos, policía, UME, sanitarios, etc. y aflojar la pasta del contribuyente a través del Consorcio de Compensación de Seguros, deberíamos aprender a conjugar el verbo prevenir.

No hace falta ser Ingeniero de caminos, canales y puertos para concluir que el cauce de todos los ríos, arroyos y torrenteras, especialmente en zonas bajas, deberían estar mejor regulados. No creo que fuera tan costoso construir cada equis kilómetros, pongamos 20; un azud desde el río que conduzca el agua sobrante, cuando supere un determinado nivel, a un embalse con el cubicaje necesario. Tampoco creo que sea un dispendio construir, rodeando las ciudades, dos cauces nuevos al río. De forma que, aunque el río discurra por el centro de la villa, si viene con un caudal peligroso desviar una parte del caudal al ramal derecho y, si todavía fuera necesario, desviarlo también por el caudal izquierdo. De esta forma podríamos duplicar la capacidad del agua embalsada y no la devolveríamos al mar, como hacemos ahora gratis total y, como ha sucedido en Valencia, seguramente evitaríamos una gran parte de las catástrofes que no sé porqué seguimos llamando naturales. Con la capacidad humana y técnica que tenemos en España sería un juego de niños y, respecto al coste, no creo que salga más caro que la línea de AVE a Galicia, pongo por caso. En cuanto a la rentabilidad, no hay color, se amortizaría con la capacidad hidroeléctrica que se generaría para los siguientes años.

Seguir lamentando la pérdida de vidas humanas, darnos golpes de pecho después de la devastación, homenajear a nuestros héroes –que los hay-, aflojar la cartera en solidaridad, sacar las esculturas de las iglesias para que nos preserven de otras riadas, pretender tirar todo lo construido en ramblas y demás sitios inundables… es muy loable, pero resulta tan inútil como el esfuerzo del niño que intenta vaciar el mar con un cubo amarillo o rojo.

Curioso país con las mejores carreteras y vías de ferrocarril para que discurran los coches y trenes de alta velocidad, pero con los peores cauces para que discurra el agua y con pocos embalses para aparcarla.

  J. Carlos

El poder mediocre

La mediocridad es la cualidad que nos caracteriza a quienes el cerebro no nos da más de sí, o no hemos hecho los esfuerzos y acreditado los méritos suficientes. Es neutra, ni buena ni  mala, es lo que hay. Lo malo es cuando la mediocridad se empodera y, de resultas, se considera la estupidez como un rasgo positivo de gestión y de progreso.

En nuestra sociedad occidental se ha asentado la mediocricracia, esto es, que los mediocres copan la jerarquía de nuestras instituciones y empresas.  Pero que los mandamases sean estúpidos, no significa que sean idiotas, antes al contrario, saben vendernos muy bien la moto con base en cuatro principios básicos y un estrambote. Primer principio: “Si yo he llegado hasta aquí, tú también puedes”. No se precisa demostrar mérito alguno ni hacer esfuerzo adicional, basta con simular resultados o, en su caso, alterar los datos reales y mentir con descaro. Como son mediocres nos conocen y saben que muchos los aceptan porque en su lugar harían lo mismo. Segundo principio: “Tú vales mucho”. De boquilla te valoran y te consideran meritorio. Es más, si les sigues, si les apoyas es porque tú lo vales. La revolución consiste en que repares que la meritocracia te ha estado tomando por el pito de un sereno, que te ha mentido, se ha aprovechado de ti y, por encima, te ha hecho de menos considerándote un mediocre. Tercer principio: “Cualquier asunto es de una simpleza apabullante”. Al contrario de lo que te han hecho creer, no hay derivadas ni subordinadas. Si hay incendios descontrolados se queman los bosques y se terminó el problema. Si se desata un huracán se hace estallar una bomba atómica y muerto el perro se acabó la rabia. Nada de expertos físicos, forestales, meteorólogos. Cuarto principio: “Si algo sale mal, se niega la evidencia”. Al estilo de, son los rojos que queriendo minar la competitividad de Occidente culpan a la actividad humana del  cambio climático. Estrambote: “La estrategia de la simulación” Como hay que ser muy mediocre para que la cuadratura del círculo resulte creíble, utilizan el sistema clásico: El poderoso hace como que dice la verdad para que nosotros hagamos como que nos lo creemos. Así, hasta el hartazgo.

La revolución del poder mediocre inició su andadura a finales de los ochenta del siglo pasado y llega hasta hoy, corregida y aumentada, a manos de una legión de mediocres mimados y malcriados que, nada más iniciar su carrera profesional o política alcanzan su máximo nivel de incompetencia. El Principio que formuló Laurence J. Peter, “en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”, se ha quedado definitivamente obsoleto.

Hay, no obstante, cosas tan chabacanas, que ni con la estrategia del hastío. Sucede que, cuando un político se lo lleva crudo, los de su grey alegan que son donaciones de empresas y que, en todo caso no quedó en su bolsillo. Mire usted, a mí que hurten el dinero de mis impuestos directamente o, haciendo que la empresa adjudicataria infle la factura, me es indiferente, como me es igual que el ladrón me hurte la cartera en la calle o suplante mi identidad para sacar mi dinero de un cajero. Lo de que no queda en su bolsillo es otra falacia, cuando el ladrón afana mi cartera  que se gaste mi dinero en droga o en su club de fútbol me la sopla. Sólo faltaría que el Código Penal estableciera sanciones diferentes en función del destino que le da el ladrón al dinero.

Es todavía más grave cuando, desde el partido político de signo contrario, despachan el asunto con la única apreciación de que, han ido dopados a las elecciones con los dineros que nos han mangado a los contribuyentes. Eso es una simple derivada y, como tal, tiene que ponerse al final. O es que si un ciclista atraca una sucursal bancaria y con el botín compra droga para doparse, le acusamos simplemente de doparse. No, le llamamos ladrón y, además, le quitamos la medalla por doparse si ha ganado la carrera.

En fin, lo malo de la mediocricracia que soportamos es que, a los ciudadanos, a la par que mediocres, nos consideran gilipollas.

       J.  Carlos