Archivo mensual: octubre 2014

Los trampantojos y el “Pequeño Nicolás”

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La vida social es, también, un cúmulo de trampantojos que hemos de ir desvelando para que la ilusión que nos ponen por delante no tape la miseria que enmascara. Antes, los trampantojos eran aristocráticos, se asentaban en las coronas, los cetros y los escudos de rancio abolengo, en la púrpura mitrada y en los solideos, en las puñetas y las togas, incluso en las mucetas y en los birretes y, desde luego, se hacían patentes en las camisas Ralph Lauren y en las corbatas Hermés. Ahora, con la televisión, la tableta y el móvil los trampantojos se han puesto a tiro de piedra, el que más y el que menos trampantojea en Facebook, Whatsapp, Twiter, Instagram… hasta en un blog, como es mi caso… No caemos en la cuenta de que esas pantallas no son más que otro gran trampantojo.

En esas estábamos, quitándonos las legañas de cada día, frotándonos los ojos y acomodando el cerebro para desvelar qué miseria se esconde detrás de cada ilusión que nos ponen por delante, cuando se hace visible, sólida, abarcable la picaresca del Lazarillo de Tormes y de Guzmán de Alfarache. Hete aquí que el “Pequeño Nicolás”, con veinte añitos, se alza con la medalla de oro de la impostura. Cuentan y no paran de su audacia: Vivía en un chalet de El Viso a todo lujo, con guardaespaldas, coches oficiales; dicen que se hacía pasar por asesor de la Vicepresidenta del Gobierno y por enviado del Rey; escriben que era un gran conocedor de secretos oficiales inconfesables con acceso a información sensible… Lo mismo intermediaba en adjudicaciones o compras de inmuebles para sablear a empresarios, que se reunía, en nombre del Rey, con la acusación particular ejercida por el sindicato Manos Limpias, para que desistiera en el caso de la imputación por corrupción de la Infanta, o les animaba en sus demandas contra los Puyol y los Mas para desestabilizar el proceso soberanista en Cataluña. El trampantojo utilizado es el mismo timo de la estampita y del tocomocho de la película Los tramposos de Pedro Lazaga, pero remozado y puesto a punto: En lugar de  estampitas enseñaba fotos besando la mano al Rey en su coronación, e instantáneas con toda la fauna del PP y empresarios afines; en vez del décimo de lotería exhibía la fanfarria de sirenas en Audis de lujo flanqueados por guardaespaldas; a cambio de pobreza mostraba una vida regalada y, en lugar de hacerse el tonto, esgrimía labia, mucha labia, que en este país otras cosa no pero la labia vende que te cagas.

Las enciclopedias ya se están componiendo para colocar al “Pequeño Nicolás” en el Top ten de los impostores, junto a personalidades como Frank Abagnale que encarnó Leonardo di Caprio en la película Atrápame como puedas, Milli Vanilli, el dúo que ponía la cara y movía la boca pero no las cuerdas vocales, o la catalana Alicia Esteve que se hacía llamar Tania Head y afirmó que el 11 de septiembre de 2001 se encontraba en el piso 78 de la torre sur del World Trade Center y se salvó.

Seguramente sin pretenderlo ya nos ha dado el timo, no creo que sea tan hábil, aunque vaya usted a saber. Planeta le ofrecerá un suculento adelanto por escribir sus memorias, que se doblará si las escribe desde la cárcel, no será el caso porque no habrá juez que lo enchirone. Ana Rosa lo paseará por el trampantojo de Tele 5 a golpe de talonario, y le alabo el gusto, tiene mucho más mérito que follar con un torero y desdibujarse el rostro con botox y cirugía low cost. Santiago Segura lo elevará a las grandes pantallas y, de paso, nos evitará la vergüenza ajena de soportar más secuelas de Torrente a golpe de añagazas de marketing, cuando sabe que el cangilón de la noria dejó de sacar agua del pozo de ingenio desde dos minutos antes de Misión en Marbella. Aparecerá un avispado productor de música, tal vez, José Luís Moreno y le ofrecerá un Milli Vanilli para que mueva la boca como su muñeco Rockefeller mientras la garganta la menea entre bambalinas Daniel Ciges. Vamos, que cosechará deprisa y corriendo unos cuantos millones con los que montará una empresa para atrapar impostores y, entonces sí se hará muchimillonario poniendo sellos de calidad y autenticidad en el pecho de las partes contratantes, al igual que Aenor los pone en las solapas de la cajas de los productos homologados.

Sociológicamente el caso es digno de estudiarse en las universidades más principales. Lo secundario es el papel del pícaro que conoce el mundo del saqueo institucional de lo público y, se hace pasar por conseguidor de chanchullos gracias a sus amistades. Lo sustancial es que hay un saqueo de lo público y la constancia de que las amistades del “Pequeño Nicolás” medran. Lo que se constata es que, hay un sistema político y empresarial podrido que vive del tejemaneje, el medraje, el soborno, el enchufismo y la corrupción, que se reproduce y se retira a sus mansiones y yates sin que la mano de la Justicia, ciega ella, le roce ni por asomo. Al populacho le ponen trampantojos por entregas, como los novelones del XIX, en que algún pequeño camello del trapicheo pisa los juzgados, incluso visita la cárcel en cómodos plazos. Entretanto los cárteles y los capos de la droga dura de la corrupción campan a sus anchas, y se fuman los billetes de quinientos euros, colocados a modo de vitola en sus Cohibas, a la salud de nuestra inocencia.

J.  Carlos

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I am black

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El personal tiene la baba revenida como los caracoles viejos. Sólo se pregunta si las regalías, en forma de tarjetas, que Blesa nos puso en el bolsillo a sus conmilitones para que le sostuviéramos la poltrona, eran de representación o sobresueldos. Y la gente, como es mala exige, si eran tarjetas de empresa, las facturas y los nombres con quienes comíamos o bebíamos para hacer negocios y, caso de tratarse de salario en especie, quieren que nosotros, los pobres destinatarios de las black, mostremos las declaraciones de Hacienda donde debimos hacer constar esos emolumentos, sin duda, ganados con el sudor de nuestra frente. ¿Qué sabe el preferentista de Caja Madrid o el accionista de Bankia, la cantidad de pastillas de Alka Seltzer que hay que tragar para mantener a raya la úlcera de estómago con tanto comercio y bebercio? Y todo a mayor gloria de la Caja. Éramos los gerifaltes, teníamos que ir en berlina o es que los generales no van a caballo, era una Caja rica, la más rica de España, ¿cómo no iba a mostrar su opulencia? ¿Y qué mejor que a través de sus representantes? O es que crees que los ahorradores van a meter su dinero en un establecimiento donde sus mandamases van descamisados. ¡Vamos anda!

El vulgo no tiene entrañas. Se ensañan con la carnaza de los gastos tarjeteros como las aves carroñeras se ensañaron con las elefantas que Blesa fulminaba en sus safaris. Desglosan los apuntes y, los muy taimados, sacan conclusiones fuera de lugar. Piensa el ladrón que todos son de su condición. Es verdad que hemos llevado nuestros cuerpos maltrechos a clínicas donde nos sometíamos a masajes terapéuticos, para aliviar el manojo de contracturas de nuestros músculos. ¿Qué sabe nadie el suplicio de nuestras posaderas en los sillones de cuero de nuestros despachos, el sufrimiento de nuestras piernas encogidas dentro de nuestros sedanes, o las hernias cervicales que provocan los asientos de First Class en los aviones? ¡Qué sabe nadie! ¿Querrás creer que esta chusma del pueblo piensa que esas clínicas son vulgares puticlubs? Hasta se extrañan que no hayamos gastado un solo euro en libros, discos, películas u obras de teatro. ¡Qué vulgar! Aún no se han percatado de que la cultura es su panem et circenses, aunque el emperador romano se lo daba gratis y ahora los nuestros le sablean con el 21% de IVA.

El ciudadano común, que no ha estudiado en colegios privados, y lo que es peor, se ha apartado de las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia, no tiene caridad cristiana. Ignora la cantidad de santos matrimonios que está destrozando desde que empezó esta ordalía. Desconoce que las más de nuestras amantísimas esposas se han hecho con los listados de nuestros gastos y, cuando llegamos a nuestros hogares cansados del trajín del día, los enarbolan como si fueran pancarteras o perroflautas y nos preguntan con retintín: Cariño, ¿esa joya que compraste es para nuestras bodas de oro? Mi amor, ¿has visto por casa ese Cartier que dice aquí que adquiriste? Cielo, ¿de qué talla son la braguitas de Woman Secret?, lo pregunto porque las compraste hace dos años, he puesto dos kilitos y tal vez tengas que cambiarlas, aunque no sé si las cambian después de tanto tiempo.

Hoy sólo quería escribirte esto: ¡Qué mala baba tiene el vulgo! Son gentuza sin delicadeza, seguramente en el colegio público no les enseñaron que hablar de dinero es de mala educación. Le diré a Wert que tome nota.

J. Carlos

De metáforas, bebedizos y ébola

Ébola

Supongo que hoy, como es tu costumbre, una vez levantado y duchado, te habrás subido a la báscula, puede que se te haya escapado una interjección por esos kilos de más. La buena noticia es que dos de esos kilos te son ajenos. Son bacterias que llevas adosadas como una mochila y, además, se comen parte de lo que ingieres. No te pongas a contarlas, no acabarías nunca, son como cien billones, bastantes más que el número de células que forman a ese que reconoces como tú mismo. No te asustes, son buena gente, sintetizan vitaminas para ti, potencian tu sistema inmunológico y transforman partes de tu dieta para que puedas absorber sus nutrientes. Sin ellas vivirías menos y, seguramente, peor. Hay otros “bichitos”, los virus, todavía más enanos, en un mililitro de agua pueden convivir doscientos millones de almas. Tienen una capacidad asombrosa de simbiosis para vivir a costa del huésped y mezclarse con su ADN para dar lugar a mutaciones adaptativas, de hecho, se estima que el 20% del gen de las bacterias y  el 8% del gen humano tiene origen vírico. En román paladino significa que, el hecho de que utilices el lenguaje o camines a dos patas pudiera deberse a mutaciones del ADN producido por los virus.

Te lo escribo para que lleves esos dos kilos de más con la cabeza bien alta y el orgullo bien abastecido; gracias a ellos has llegado hasta aquí y puedes seguir contándolo. Sucede, como en toda familia que se precie, que siempre hay algún bicho que viene con malas intenciones. Si son bacterias como las de la gripe o las que provocan la cistitis, nos metemos un chute de antibióticos y nos las cargamos; siempre hay daños colaterales, claro, al igual que en las guerras, porque diezmamos nuestra flora microbiana; pero no hay para tanto, tocamos a rebato y nuestro caballero Danone nos repuebla las tripas con bífidus y con lactobacilos. Si el familiar mal avenido es un virus, no hay química que los aplaste, se necesita otro virus que le tenga tirria y sea más fuerte que el invasor, o un suero con anticuerpos segregado por otro cuerpo humano que haya ganado la batalla. Por ejemplo, aquí en España, contra el ébola hemos  facturado a la enfermera negra que nos negamos a traer cuando estaba malita para vampirizar su suero, calentito y sabroso, con una buena cosecha de anticuerpos. La buena señora tiene por nombre Paciencia, la metáfora está servida.

Tal vez no hay para tanto. Las bacterias y los virus te penetran, como te penetraban las tropas romanas en tus tierras bárbaras; te violaban, saqueaban tu casa y tus campos, mataban a tus hijos…, pero con el paso de los años se producía la simbiosis y metían en tu ADN la lengua, la filosofía, la pintura, la escultura. ¡Qué bonito!, ¿no?

O, ¿tal vez sí hay para tanto? Si mezclas en una coctelera, el otoño, la gripe, el ébola y los recortes en la sanidad pública, te sale un bebedizo apestoso y amargo; pero si le añades el ingrediente Ana Mato, te sale un brebaje con alta concentración de cicuta.

La señora Mato y Ministra de Sanidad. ¿Es sarcasmo, paradoja o metáfora? Tú dirás.

J. Carlos