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Vuelo

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La línea recta no existe, es una abstracción. La materia es circular o, al menos, redonda como el óvulo del que nacemos o la Tierra que habitamos. Quiere decirse que si vuelas desde Madrid en línea recta en cualquier dirección, cuando el morro del avión haya circunvalado la Tierra estarás de nuevo en Madrid. Sólo que Madrid ya no estará en el mismo punto del espacio interestelar porque la Tierra no se está quieta.

La historia también es circular, si analizas cualquier periodo histórico constatas que, cada tanto, se repite un baño de sangre. Pero la historia también se desplaza porque el tiempo no se está quieto y, a día de hoy, es incontestable que la historia de la especie humana constituye un triunfo sin paliativos. Cuatro botones de muestra: En cien años se ha multiplicado por cuatro la población hasta alcanzar los 7.450 millones. En ese mismo periodo la esperanza de vida se ha incrementado en veinte años. Muere más gente en el mundo a causa de la obesidad que del hambre. Los accidentes de automóvil causan más mortandad que las guerras, el hambre y el terrorismo juntos. Es tal el éxito que, en términos médicos, podemos afirmar que constituimos una pandemia que está diezmando el resto de las especies y que suponemos un riesgo cierto para la vida en el planeta. Siempre quedarán las cucarachas que, al parecer, son  inmunes a un holocausto nuclear.

Si pudiéramos construir un árbol genealógico que se ramificara desde el Australopitecos, cuatro millones de años atrás, no encontraríamos ningún ancestro que alcanzara, ni de lejos, nuestros actuales estándares de bienestar y supervivencia. Sin embargo, frente a esos datos incontestables, estamos convencidos de que la situación es mala y tiende a empeorar, sucede que nuestro cerebro sólo almacena los recuerdos de vivencias propias que se borran con la muerte y nosotros no hemos vivido guerras ni hambrunas ni hemos sufrido mayores infortunios. Los genes que heredamos en la línea sucesoria no almacenan emociones o sentimientos, sólo algoritmos para hacer frente a las adversidades y sobrevivir. Así que las proyecciones que hacemos sobre nuestro futuro se basan en nuestras vivencias, nuestros miedos, los conocimientos que hayamos podido adquirir y, sobre todo, en el relato colectivo que decidamos creer o que nos impongan. Si el relato es cooperativo, basado en el reconocimiento mutuo, la igualdad y el respeto hay progreso social, económico, científico y se destierran las guerras. Cuando el relato es de exclusión, ira, xenofobia, resentimiento y odio se produce un regreso y la guerra se coloca en la antesala de la historia. Hoy el relato ganador es el segundo.

Históricamente los relatos religiosos excluyentes diezmaron el mundo con tanta contundencia o más que las epidemias, los relatos económicos siempre han causado estragos ya sea conquistando nuevos territorios, ocupando colonias o, aplicando reglas arbitrarias en el tablero de la economía y, lamentablemente, el número de cadáveres que produjeron los relatos ideológicos del fascismo y el comunismo equivalen a todos los habitantes que hoy poblamos Alemania, Francia, España y Portugal juntos.

Aquí, en Occidente, después de la segunda guerra mundial con Europa en ruinas y con las pupilas desenfocadas ante las imágenes del horror nazi, ganó el relato de la democracia liberal. Una especie de democracia tutelada por los EEUU con ciertos rasgos compasivos donde cabía la caridad cristiana, pero no la solidaridad porque ese era un atributo de la clase obrera. La ficción de la democracia liberal se fue debilitando, no tanto por la lucha social de los sindicatos, cuanto porque supieron plantar ante las élites económicas el espantajo del comunismo que, por cierto, seguía asentando cadáveres en gulags, hambrunas y revoluciones culturales. Lo cierto es que a finales de los sesenta y hasta principio de los ochenta se impone la narración de la democracia social basada en el llamado Estado del bienestar.

La llegada al poder casi sincronizada de Tatcher y Reagan supuso una nueva reescritura de guión, basado en el más ramplón neoliberalismo, que fue calando en el imaginario colectivo, no sin traumas sociales, hasta sublimarse tras la caída del muro cuando las élites descubrieron que, detrás del espantajo del comunismo no quedaba más que el atrezo polvoriento de una tragedia colectiva.

La ficción neoliberal escrita por Hayek y Friedman alcanzó un éxito de tal calibre que llegaron a abrazarla con sumo alborozo socialdemócratas como Blair y Schroeder, también la suscribieron, en buena parte, Felipe González y Zapatero. El primero tapándose la nariz y el segundo por pura ignorancia. En descargo de Felipe es preciso matizar que España salía de un relato contado al alimón por un fascista y una caterva de prelados y de curas que profesaban un catolicismo de cruzada, cuyos fundamentos económicos fueron una autarquía onanista y, después de su colapso, un desarrollismo de pandereta a la lumbre del sol patrio.

Los factótum del neoliberalismo simplificaron todavía más su relato con ocasión de la crisis del 2008, echando la culpa de su estallido a los promotores del Estado del bienestar, pero silenciando que su causa directa fue la desregulación financiera y la desmedida codicia de sus mentores. Con esta doctrina, los llamados neocon, privatizan y encarecen los servicios comunes, dejan en cueros la sanidad pública, la educación y las pensiones; quiebran el principio de progresividad en los impuestos gravando más al rendimiento de trabajo que al de capital; la desregulación que imponen crea burbujas con la cadencia de un reloj suizo que, cuando estallan, no sólo generan un número cada vez más creciente de desempleados, sino que reducen el salario hasta el límite de condenar a la pobreza a muchos empleados; y, mientras abren de par en par las fronteras al capital, construyen concertinas para el trabajo. El relato neocon lejos de  fomentar el progreso armónico ha multiplicado la desigualdad hasta tal punto que, el 1% más rico del mundo posee tanta riqueza como el resto del planeta y, sólo 64 personas acumulan tanta fortuna como la mitad más pobre de toda la humanidad.

No parece sensato que nuestro cerebro colectivo siga apostando por una narración que dura ya más de treinta y cinco años y que nos tiene secuestrado el futuro. Pero los nuevos guionistas como Steve Bannon saben cómo excitar tu sistema límbico agitando el trampantojo del miedo: Los emigrantes te quitarán tu pan y el de tus hijos, impondrán su cultura por la fuerza, te someterán a la dictadura de sus creencias y violarán a tu mujer. O fomentando la insidia cuando afirma que la Unión Europea es una panda de burócratas que te roba (similar al Espanya ens roba de los independentistas catalanes, que es un calco del relato de Bannon). O con simplezas carentes de toda verdad: si a los ricos les va bien a ti te irá mejor, etc. Y aunque no consigan excitar tu sistema límbico, tiene su lógica pensar – tramposa pero lógica al fin y al cabo- que si todos los partidos han aplicado cuando gobiernan, con más o menos rigor, las recetas neoliberales es mejor votar a los auténticos, a los que tienen pedigrí.

Y en esas estamos, con los caudillos filofascitas como Trump, Orban, Bolsonaro, Le Pen, Salvini… gobernando ya o a punto de sentarse en las poltronas del poder. Ya les veo levantando el morro, dirigiéndose en línea recta hacia los nacionalismos forjados a finales de los años treinta del pasado siglo en un vuelo circular como la historia. La espoleta de aquella bomba de relojería que estalló entre los años 1939 y 1945 fue la crisis de 1929. La espoleta de la bomba que ahora están armando es la crisis de 2008.

Las armas las carga el diablo, las espoletas las inicia cualquier psicópata

J. Carlos

Ingeniería social

Ingeniería social

No sé si te tengo dicho que me dan pavor los pensadores que han creado religiones y/o filosofías sociales que han cristalizado. Suelen ser acreedores de millones de muertes, y consignatarios de gran parte del sufrimiento que media humanidad ha venido infligiendo a la otra media. Sus ideas están armadas en el plano teórico sin aparentes sofismas, se adornan con la vitola de las más altas virtudes humanas, agitan las emociones más primarias y los sentimientos más viscerales, y siempre aspiran a un futuro paraíso. Para desgracia nuestra, esos ingenieros sociales no llegan a ver, en toda su dimensión, los amargos frutos de sus experimentos. Sólo en el pasado siglo la doctrina comunista masacró entre media y una centena de millones de seres humanos, y la doctrina nazi se llevó por delante de cinco a seis millones en el holocausto, a lo que hay que añadir entre cincuenta y sesenta millones que sucumbieron en la guerra. Para muestra te he puesto sólo esos dos botones, pero hay otros ismos a menor escala que nos tocan más de cerca, que también se cobraron su proporción de víctimas: el franquismo, el salazarismo, el pinochetismo… Se podría concluir que, el trinomio: Doctrina, fanatismo y poder, termina igualándose con otro trinomio: Dictadura, maldad y muerte.

Desde nuestra perspectiva occidental nos suponemos por encima de adoctrinamientos y fanatismos y, después de lo sufrido por nuestros ancestros, creemos que nuestro sistema inmunitario está inoculado con la vacuna de la cultura, que presupone diálogo y empatía. Sin embargo, hay ingenieros sociales con una habilidad poderosa para agitar el espantajo de los agravios que derivan en nacionalismos identitarios o religiosos. Ahí tienes, sin ir más lejos, a Radovan Karadzic y Slobodan Milosevic, que causaron cien mil muertos y cerca de dos millones de desplazados con la guerra de Bosnia. Su doctrina se basaba en una limpieza étnica. Sucedió en el corazón geográfico de Europa y en la última década del pasado siglo. Le sucedió a gente de distintas etnias y diferentes religiones que habían convivido muchos años pacíficamente Gente, en su mayoría, cultos y tolerantes.

Hay otras escalas de ingeniería social, mucho más sofisticadas y menos burdas de las que te he escrito hasta aquí, que también producen daños y sufrimiento. Mucho menos cruento, incomparablemente menos cruel, también más difícil de cuantificar y asociar a una causa. Se basa en el mismo trinomio: Doctrina económica, fanatismo (fe ciega en sus postulados) y poder para implantarla, que se iguala con el otro trinomio: Dictadura (capitalismo salvaje), maldad y destrucción del estado del bienestar.

Milton Friedman acuñó la doctrina de que el capitalismo rendía sus mejores frutos si se dejaba campar por sus respetos a los mercaderes, de manera que sus decisiones se adaptarían a la ley de la oferta y la demanda, y ésta determinaría los precios “justos” de las cosas. En ese contexto de libertad total, el mercado se convertiría en el juez supremo y perfecto que premiaría a los buenos y castigaría a los malos. Por obra de birlibirloque no habría posiciones dominantes, ni dumpings, ni monopolios u oligopolios, ni  trampa ni cartón. Todo perfecto. Imitamos a la naturaleza y siempre gana el macho alfa. Con este bagaje, Friedman y sus Chicago boys desembarcaron con sus ideas en el Chile de Pinochet -que ya es contradicción: libertad total del mercado en una dictadura militar-. Allí el fracaso de sus postulados fue inmediato y patente, pero los aprendices de brujo, a veces tienen suerte, sobre todo si se hacen dueños y señores del relato.  Reagan y Thatcher intuyeron que el gigante de la Unión Soviética tenía los pies de barro, bastaba con darle un empujoncito y se desmoronaría como un catillo de naipes. Cuando los trabajadores del mundo se quedaron sin su único argumento frente al capital, aquel que rezaba: Reparte derechos y beneficios sociales o llamo a mi primo el de Zumosol; le faltó tiempo al capitalismo para quitarse su careta y abrazar las ideas de Friedman. Por mejor decir, no es que abrazara las ideas de este sujeto, es que ya tenía el poder omnímodo para implantar su teoría, la de siempre. Sólo le faltaba adoctrinar al respetable en el fanatismo del mercado perfecto, y para ello sí le servía el relato amañado de Fredman y sus Chicago boys

El capitalismo salvaje se ha ido implantando sucesivamente en EEUU, Reino Unido, Rusia, en la dictadura China… Ahora nos lo están imponiendo en Europa. Poco importa que le desenmascares, que le demuestres que la pretendida libertad de mercado es un camelo, que su verdadera y única ley es socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. No contentos con hacernos trampas saduceas, se permiten el descaro de gestionar mal sus emporios y, en vez de declararse en quiebra –las más de las veces fraudulenta-, nos endosan sus deudas para que las paguemos a escote. ¡Genial! Lo más sangrante es, que nos intentan convencer con conceptos de lo más pedestres: La culpa, dicen, es de de la crisis que de pronto aparece como una plaga bíblica, es el fatum, el destino, el Deux ex machina. El mercado es perfecto, sus actores y gestores infalibles, sus leyes justas… Y nosotros, imbéciles. Sí, para ellos, somos imbéciles, y no les falta razón. Si no, explícame cómo es posible que el 1% de la población mundial detente tanta riqueza como el resto de la humanidad. –Stiglitz dixit-

Así que: Cuando los políticos a quienes has votado recortan tus derechos laborales y tus prestaciones sanitarias y la educación de tus hijos; cuando te rebajan el salario y tu jubilación y la cuantía de la prestación de desempleo; cuando te suben los impuestos y te alzan los precios; cuando te están metiendo la mano en la cartera hasta dejarte tieso; cuando te inyectan el miedo en vena un día sí y otro también; están engordando las fortunas de ese 1%, del que forman parte o aspiran a formar parte esos mismos políticos, y están reforzando el cordón sanitario para que ese grupito permanezca aislado e inmune ante el virus del estallido social.

Y así pasan los días, esperando que llueva café en el campo. O lo que es lo mismo, a la espera de que salgamos todos a la calle y estallemos. Tal vez, entonces, y sólo entonces, se den cuenta de que no necesitamos a ningún primo de Zumosol para reponer la justicia y equilibrar la balanza.

J. Carlos

Esperanza

Esperanza

Vivimos tiempos de zozobra. Nuestro razonamiento de primates nos lleva a pensar que las cosas se suceden porque sí, por eso achacamos los ciclos económicos a causas naturales. Así nos lo predican nuestros prohombres. Nos insisten hasta la saciedad de que los ciclos se producen gracias al mismo “fatum” que el estallido de un volcán, y aunque somos capaces de prever la mayor parte de los desastres originados por causas naturales y ponerles cierto remedio, no tenemos instrumentos para prever los ciclos  económicos y limitar sus consecuencias.

Ambas premisas son falsas: En cuanto a la primera, no son causas naturales ni mágicas las que provocan los ciclos económicos, son simplemente consecuencias de la codicia humana o, si quieres, de la ineficiente distribución de la riqueza entre los factores de la producción. En lo que hace a la segunda, antes de que llegue un ciclo económico deja un rastro inevitable de señales de lo que va a ocurrir, aunque ya se encargan nuestros prohombres de ponernos la venda sobre los ojos para que hagamos caso omiso de las mismas.

Desde que sentaron plaza las aberrantes ideas económicas de Milton Friedman y su puesta en escena, a través de la desregulación financiera y fiscal, por los Reagan, Tatcher, Clinton, Bush, Blair, Merkel, etc., se ha invertido la redistribución de la renta, y ha dejado señales más que notables de que nos abocábamos a una crisis tan o más dañina que la del 29.

En España el rápido endeudamiento privado, la burbuja inmobiliaria y la depresión fiscal a las rentas más altas, dejaron una estela de indicios durante los gobiernos de Aznar y de Zapatero, de que se nos venía una crisis de órdago a la grande. Lo que tal vez era más difícil de prever es que se iba a producir la tormenta perfecta, porque a los indicios anteriores se han añadido, por un lado, la bancarrota institucional de la administración española con sus diecisiete reinos de taifas, y la crisis institucional de Europa que no ha sabido ni podido establecer una política monetaria y fiscal común.

Lo peor es lo que nos falta por ver. Estos señoritos que nos gobiernan corren hacia ninguna parte como los cuerpos de esos gallos a los que les han cortado el pescuezo. Se permiten el lujo de retrasar los presupuestos por no asustar a los andaluces y, luego se prosternan ante la Merkel, ante Monti, Sarkozy, la Crhistner, y quien haga falta; salvo ante sus compatriotas a los que asustan un día sí y otro también: “No hay dinero para mantener los servicios públicos” – dice Rajoy. Si yo fuera mercado saldría huyendo de estampida. Para Floriano: “Estamos en el precipicio agarrados en una cornisa”. Pues sabe lo que le digo: Tírese, estúpido. Una pena que no haya algún analista que me diga cuánto me cuestan esas frases, pero yo cálculo que unos diez o veinte puntos básicos de la deuda y un 1% del Ibex. Y no salen más caras porque ni aquél ni éste, tienen mucha credibilidad. A lo peor exageran por si pasa la tormenta –que lo dudo- ponerse la medallita. Cosas veredes, amigo Sancho. Esto señoritos que nos gobiernan en vez de achicar el agua de esta tormenta que nos está hundiendo el barquito en que navegamos, se dedican a poner palos en la rueda del renqueante motor (Ver Nota, al final, donde se analizan someramente las medidas adoptadas por el ejecutivo)

Ya sé que es difícil tener un gramo de optimismo. Nos ningunea la Cristina; la política es un cacareo inútil; nuestro gobierno hace lo contrario de lo que promete y por encima, se conduele de hacerlo, como si estuviera zombi y hubiera de cumplir el trágico destino de comer a dentelladas todo lo que se menea; nos pegan tijeretazos sin cuento ni medida pero siempre sobre las mismas espaldas. Y como éramos pocos pare el abuelo, se nos va de marcha a cazar elefantes para olvidarse del trance de su yerno y, en el ínterin, su nieto primogénito se pega un tiro en el pie. ¡No hay literato que haya escrito mejor metáfora!

Si has llegado hasta aquí, no entenderás el porqué titulaba con la palabra esperanza. Pues sí, hoy cabe un mínimo rayo de esperanza, porque se impondrá tanto en la primera como en la segunda vuelta François Hollande en Francia. A partir de mayo, gracias a los franceses y, siguiendo las tesis del nada sospechoso FMI, las cosas puede que empiecen a cambiar:

El Banco Central Europeo dejará de regar nuestros bancos con dinero contante y sonante para que, con un diferencial del 4% al 5%, se lo presten al estado en forma de deuda, que pagaremos nosotros y nuestros hijos. A cambio se pondrán en circulación los dichosos eurobonos, que producirán tres alivios: Dejar de estar asfixiados por la deuda. Pagar menos tipo de interés por la misma. Devaluación de facto del euro lo que nos permitirá exportar más y provocará una inflación subsiguiente, que nos permitirá devolver la deuda en menos tiempo.

Si gana Hollande se pondrá en marcha también la dichosa tasa sobre transacciones financieras, que aliviará un poco las arcas públicas y tendrá como retruécano el que la banca termine pagando una fracción de los destrozos que nos han hecho por su ineptitud.

Si los franceses no se equivocan, es posible también que, entre el Banco de Desarrollo Europeo y el FMI se planteen hacernos un mini Plan Marshall para el sur de Europa que relaje la impresionante cifra de desempleados que nos aqueja.

Y si dentro de un año pierde Merkel, los alemanes prenderán un cirio a cualquiera que sea su santo patrono, porque se habrá salvado el euro y, después de apretar el dogal al cuello de sus compañeros de viaje europeo del sur, éstos dirán aquello de pelillos a la mar y seguirán comprando productos alemanes. Desgraciadamente la memoria es flaca, pero se merecían que, en llegando ese momento, expulsarlos del euro por insolidarios –aquí me salía otra palabra- para que con su marco vendieran sus productos a los cuatro jeques y tres Warren Buffet que pudieran comprárselos.

Nota: Medidas del Gobierno:

Subida del IRPF a la clase media. Deprime la demanda, decae el consumo y crea paro. Y para desactivar el fraude se les ocurre la feliz idea de la amnistía fiscal.

  • Debió hacerse:
    • Incremento de Impuestos a rentas altas, (Más de 85.000 €, llegando al tipo del 75% a los que ganen más de un millón de €). Eliminación de privilegios fiscales como a las Sicav y las grandes corporaciones.
    • Lucha contra el fraude fiscal: Prohibición de compra y venta de bienes y servicios a paraísos fiscales que no colaboren con Hacienda. Prohibición de domiciliación social de empresas españoles en esos paraísos.
    • Reducción de pagos líquidos a 100 €. El resto dinero digital.
    • Fomentar el ahorro: Impuesto progresivo del capital con tipos equivalentes al IRPF

La reforma laboral ha supuesto esclavizar al trabajador y reducir el coste del despido. Lo que dará lugar a una pérdida estimada de un millón de puestos de trabajo.

  • Debió hacerse:
    • Acuerdo con las fuerzas sociales, sindicatos y patronal para reducir un 10% el salario. Reducción de precios en la misma proporción en que afecte el factor trabajo
    • Reducción de la jornada de un 5%-10% en empresas de más de diez trabajadores, con igual reducción del salario y contratar a desempleados hasta emplear ese 5% de la masa salarial
    • Tres únicos tipos de contratos laborales: Indefinido con una escala según el tiempo de indemnización por despido. Un contrato parcial para jornadas inferiores a ½ . Un tipo de contrato para obra o servicio determinado. Se suprimen los contratos temporales.

La reforma financiera: Ya van varias fases. Ha costado dinero público. Se ha permitido que se fusionen entidades inviables y no se ha encauzado su verdadero problema: Sus balances enladrillados.

  • Debió hacerse:  
    • Exigir que pongan sus activos en pisos terminados en el mercado al precio en que éste los asuma. Plazo: un año o dotar la deuda en balance por su totalidad.
    • Compra, con subasta a la baja, de una pequeña parte del parqué inmobiliario de las entidades financieras o/y promotoras, por las CCAA para su alquiler como viviendas de protección oficial.
    • Vender a otras entidades financieras aquellas que estén en quiebra o nacionalizarlas, en el plazo máximo de tres meses.

El presupuesto: Se han rebajado los gastos en Ministerios. Pero también se ha rebajado la inversión en I+D.

  • Debió hacerse:  
    • Quitar el Senado, las Diputaciones Provinciales, la mitad de los ayuntamientos, el 100% de las televisiones autonómicas deficitarias y el 95% de las empresas públicas.
    • Eliminar de un plumazo todos los asesores. Sólo pueden ser nombrados fuera de la carrera funcionarial de Director General para arriba.
    • Las dieta de los cargos públicos igual a la que corresponda a los funcionarios de categoría superior.
    • Supresión de todas las tarjetas Visa públicas
    • Coches oficiales sólo para Consejeros, Presidentes de CCAA, Ministros y Presidentes de Gobierno, Congreso y Cortes Generales, Tribunal Constitucional y Banco de España.
    • Gastos de representación nunca ad hominen, sólo ad institutionen.
    • Por el contrario: Se debió incrementar la inversión en I+D, así como su control de gestión.
    • También se debió incrementar la deducción fiscal a las empresas que inviertan en I+D, a través de Universidades u otros Organismos públicos.
    • Asimismo se debió proveer presupuesto público para la creación de empleo real.

Ley de transparencia: Se han hecho algunas propuestas válidas, pero muy lejos de lo exigible

  • Debió hacerse:  
    • Acceso libre a todo ciudadano a través e internet de:
      • Informes públicos, ingresos, gastos o aplicaciones presupuestarias.
      • Concursos y subastas, apertura de plicas, informes técnicos, actas de deliberación, adjudicaciones, seguimientos y certificaciones de obra, etc.
    • A todos los organismos, incluyendo sueldos, dietas y gastos de personal. También aplicable a la Jefatura del Estado.
    • Sólo ha de excluirse lo que afecte a la seguridad pública, privada o a la intimidad de las personas.

Recortes en Educación y en Sanidad: Se incrementa el número de alumnos para reducir profesores y disminuir la calidad. Se incrementan las tasas universitarias y se disminuyen las becas para limitar el acceso universal a la enseñanza y, por consiguiente, al ascensor social. Se crea una enseñanza sólo para ricos. En Sanidad se establece el repago, esto es, se obliga a repagar más no al que más tiene, sino al que más enfermo está.

  • Debió hacerse:  
    • Educación:
      • Dejar la enseñanza primaria y secundaria como está. Ya es mísera. Basta de degradarla más.
      • Eliminar aquellas facultades que nos sean operativas por número de alumnos. Y suprimir facultades o/y Universidades en aquellas provincias que no sean necesarias.
      • Dejar las primeras matrículas como están y cobrar un 50% las segundas, un 75% las terceras y un 100% las cuartas.
    • Sanidad:
      • Establecer una coordinación a nivel estatal para: Delimitar los fármacos generalistas que cubra el SNS. Aprovisionarse por un sistema único de compras y, además, con subasta de fármacos a la baja.
      • Poner en marcha la receta electrónica para controlar los abusos.
      • Fijar criterios de gestión hospitalaria y ambulatoria, con turnos que permitan el uso de todos los medios. Es alucinante mantener quirófanos y plantas cerradas.

J. Carlos