Transiciones

            La transición de cada día del mundo onírico al mundo real es traumática. Me refiero a ese instante en que te arranca la conciencia de ser tú mismo y te da pánico ser y te cansa la pesada carga de la supervivencia. La mente despierta con nubarrones como telarañas cuajados de miedos, pesares, quehaceres y problemas. Cada cual los disipa como puede: meditación, ducha urgente con agua helada, café cargado para espabilar la adrenalina, un par de jaculatorias, la ternura de un beso, una tabla de gimnasia… Recuerdo de muy niño que mi madre, harta de que hiciera caso omiso a sus requerimientos para levantarme de la cama, abría los ventanillos de madera para que entrara el sol, después me arrebataba la ropa de la cama y, por fin, abría las dos hojas de la ventana a la gélida intemperie. Un día, cansado de aferrarme con ambos puños al filo de la sábana y perder siempre la batalla, le pregunté: madre, ¿cuándo se acaban los días? Coincidió que pasaba por la calle el señor José Manuel que escuchó mi pregunta, la propaló en las herrerías del pueblo como si fuese una falta o un delito y pasé la niñez escuchando con retintín, casi como un mote, aquella frasecita.  Desde entonces cuando los párpados vencen la pesantez y se abren, me tiro de la cama como un resorte.

Te confieso que nunca he entendido por qué nos apagamos cada noche con esa mansedumbre de lo inevitable. Dicen los neurólogos que el cerebro necesita restaurarse como si la conciencia fuera un veneno que lo desajusta o un amante fogoso que lo deja hecho unos zorros. Pienso que la naturaleza nos preserva y cada noche nos divorcia de nosotros mismos para aliviarnos la carga. Volviendo a la transición, a ese momento raro en que te enciendes y recuerdas, vagamente, escenas fantasmagóricas que tú has protagonizado en sueños donde no se cumplen las leyes de la física y los sentidos están faltos de viveza como en una película difuminada por una tenue neblina. Las más de las veces son pesadillas que reavivan tus miedos: asignaturas que nos has aprobado, exámenes sorpresas que no estudiaste, trabajo que no sabes cómo abordar o del que te van a despedir, mujeres que te dejaron y te vuelven a dejar, caídas a pozos, depredadores que te persiguen y no puedes huir porque tienes los músculos paralizados, pérdidas lejanas que no han envejecido, también pérdidas recientes. Te confieso que, a veces, volver al mundo real y abrir los párpados es una bendición; los sueños pueden ser muy crueles porque gustan de ensañarse, con alevosía y nocturnidad, con tus miedos propios y los heredados por la especie.

Cada día, para reiniciarme, subo a El Retiro y, en abril, contemplo desde la plaza del Ángel Caído las dos hileras de castaños de Indias que flanquean el paseo hasta la fuente de la Alcachofa, en la linde con el estanque grande. El paseo se comba como una catenaria y cuando despunta el sol de soslayo, su luz tenue recién nacida atraviesa la celosía de las hojas y enciende los conos de flores blancas que nacen erectos de sus ramas como farolillos de fiesta.  Hay días que no hay ni un alma, sólo un rumor lejano de ciudad que despierta y, si sopla un poco el viento y el sol está naciendo, los racimos de flores titilan con una fluorescencia como de lava incandescente. Entonces piensas que, si se te hubieran acabado los días, te hubieras perdido este carrusel de belleza que te produce un escalofrío de placer y te borra de un plumazo las  pesadillas y las preocupaciones. Y así, reiniciado, sigo el paseo pisando charcos de luz, viendo mi sombra que se alarga hacia el oeste remontando setos, surcando hierba, recortándose en los troncos de los plátanos. A la orilla del estanque, viendo mi reflejo temblar en el agua, le pido a los hados que no se me acaben los días, que haya un mañana y otro abril y otros años, aunque sólo sea para volver a ver titilar las panículas de flores de los castaños a la luz de la amanecida.

J. Carlos

2 Respuestas a “Transiciones

  1. Mari Luz Hidalgo Bragado

    Espero que tarden mucho en acabarse tus días y podamos seguir disfrutando de tu pluma, ágil y encantadora.

    Un abrazo.

    Todo lo que haces tiene consecuencias.

    El sáb., 10 abr. 2021 17:36, Bitácora de un escribidor escribió:

    > J. Carlos Bragado Alfageme posted: ” La transición de cada día > del mundo onírico al mundo real es traumática. Me refiero a ese instante en > que te arranca la conciencia de ser tú mismo y te da pánico ser y te cansa > la pesada carga de la supervivencia. La mente despierta con n” >

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