Sensaciones

No me quedan recuerdos de mis tres primeros años de vida, así que ignoro si en mi cerebro nacían pensamientos. De aquella etapa sólo me quedan sensaciones vagas, como la de que mis padres tendían el mundo para mí cada mañana y por la noche lo recogían y lo guardaban en algún armario secreto. No sabía con qué magia aparecían las sábanas tibias y la ventana y el cacho de sol que encendía las baldosas azules y todo lo demás, pero allí estaban cuando abría los ojos cada mañana. Admiraba a mis padres porque debía ser muy trabajoso extender todo aquello solo para mí y tener dispuesta la cocina cuando entrábamos en ella, el corral con las gallinas, las calles llenas de casas apretujadas, o los campos verdes que se extendían más allá de donde me alcanzaba la vista. A veces, giraba la cabeza de improviso por ver si les pillaba quitando el decorado a mi espalda. Nunca fui demasiado rápido. Que en todo aquel atrezo hubiese gente no me parecía tan mágico, eran marionetas, lo constaté una noche que me puse muy enfermo, abrí los ojos y descubrí que, mientras dormía, guardaban en mi habitación las marionetas de los abuelos, los tíos y también la del médico.

J. Carlos

Una respuesta a “Sensaciones

  1. Cuando mi abuelo materno, el que estaba a mi lado siempre y con el que conocí como eran los campos de girasoles, un día se fue al hospital y no volvió nunca no puede comprenderlo. Muchos años he estado buscandole detrás de las puertas por si aparecía, pero me di cuenta que nunca más lo volvería a ver cómo tampoco he vuelto a ver a mis padres. Es un viaje solo de ida.

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