Las tribulaciones del Desemérito

Me imagino al Desemérito wasapeando a sus amigos con frases que, seguramente, emularían la de Lola Flores: “Si un Euro pusiera cada uno de vosotros (…) Y después me iría al estadio con todos los que han dado esos Euros para tomarme una copa con vosotros y llorar de alegría”. Ignoro si los términos fueron esos u otros similares, pero lo cierto es que alguien llamó a rebato. De los cientos de destinatarios apenas respondieron treinta y dos benefactores, aunque sólo diez cumplieron su palabra y tiraron de chequera. Y eso tiene que ser muy doloroso. Te rebajas a pedir una limosna a aquellos que deben a tus manejos la mayor parte de la fortuna que han amasado y ahora huyen de ti como la peste o, lo que es peor, te ignoran. Hay un sarcasmo que resume este fenómeno y refleja muy bien la crueldad de la naturaleza humana: “No sé por qué me mira mal fulanito si nunca le hice un favor”.

Así que diez colegas de francachelas, financieras o aristocráticas, han apoquinado más de cuatro millones de euros para que Su majestad confiese un segundo fraude a la Hacienda pública con el propósito de adelantarse a los requerimientos que le harían pasar por el escarnio de un juicio y, en su caso, el hospedaje gratis tras unos barrotes como el paria de su yerno. Su abogado, Javier Sánchez-Junco, ha debido persuadirle de que si en España no pisan la cárcel ni actores ni futbolistas no se van a atrever a enchironar a un rey. Detrás de los fraudes fiscales de periodistas y actores hay un criterio técnico, esto es, un aprovechamiento espurio de la interpretación de la ley; tras los fraudes fiscales del residente en Abudabi hay ocultación deliberada de fondos y, puede que ilícitos penales en el origen de los mismos.

Es difícil saber si el letrado es un genio o un insensato, sabe que ha abierto la veda para que la Agencia Tributaria revise los ejercicios fiscales de su representado desde el año 2014 al 2018 al interrumpir la prescripción. Además, al presentarla como complementaria en el Impuesto sobre la renta, tendrá que demostrar de qué rentas se nutría la Fundación Zagatka con cuyos fondos se pagaron ocho millones en viajes de avión con amantes, amigos y maletines de dinero -según tiene confesado a la justicia suiza el gestor de fondos Arturo Fasana-. No parece que las rentas declaradas deriven del trabajo porque el cargo de rey tiene una remuneración pacata y no le alcanza para tanto, ergo, provienen de comisiones o de rentas de otros activos. En el primer caso estaría destapando posibles delitos de blanqueo o de cohecho, y si alega que proceden de rentas de otros activos tendrá que precisar de qué activos, cómo los adquirió y por qué rendían unas rentabilidades tan suculentas.

Como los prestamistas-benefactores han sido rácanos y no han querido utilizar la figura de la donación porque Hacienda les cobraría hasta el 40% del importe donado, el prestatario tendrá que devolverles lo prestado en vida o trasladarle la deuda a sus herederos y, si no es reintegrado el préstamo en su totalidad, habrá de  considerarse como un acto de liberalidad y gravar a los donantes en consecuencia.

Llueve sobre mojado. El pasado 9 de diciembre quiso redimir su culpa con una primera regularización sobre las cantidades que recibió “gratis et amore” de su amigo Allen Sanginés-Krause (se conoce que para frecuentar a la realeza hay que tener apellidos compuestos). El hecho lo desvelaron sus nietos con el uso y disfrute desaforado de tarjetas “black” que les proveía el abuelo. Aquí el abogado tendrá que hacer encaje de bolillos porque para que sea exonerado del delito fiscal, el Código penal establece que ha de regularizarse “antes de que el Ministerio Fiscal o el Juez de Instrucción realice actuaciones que le permitan tener conocimiento de iniciación de diligencias”. Lo cierto es que el Ministerio Fiscal le comunicó que las iniciaba antes de que se dignara rascarse el bolsillo, aunque el abogado alega que no la han recibido. Debe ser que en Zarzuela el correo se tira a la basura como la dignidad de su antiguo inquilino.

El rey Juan Carlos está atribulado porque se creyó su propio mito y ahora se está desmoronando. Ignora que los mitos y leyendas son fruto de la ficción y de la necesidad. Anda buscando culpables bajo los granos de arena del desierto abudabí. Denuesta a los que le reían las gracias a cambio de favores y hoy se le ponen de perfil, denigra a todos los que alumbran mediáticamente sus desafueros y antes le lisonjeaban, detesta al pueblo desafecto que otrora le vitoreaba por calles y plazas. Como señala José Antonio Zarzalejos en su libro, Felipe VI. Un rey en la adversidad, “el rey emérito no es consciente de su comportamiento en los últimos tiempos.”

Dejemos los mitos y leyendas a la literatura y sepamos, de una vez, cuándo malbarató su dignidad y honradez, y cuánto burló la buena fe de los españoles desde la institución que encarnaba.

J. Carlos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s