Fenómenos emergentes

Aquella tarde de invierno que mi padre me llevó al campo se juntaron todos los pájaros y sombrearon el cielo con dibujos para mí. Tendría cuatro años. Ya había visto en las nubes la figura de Dios pastoreando el mundo y, en los atardeceres, contemplaba las lenguas de fuego que incendiaban el horizonte. Pero las nubes eran perezosas y tardaban en desdibujarse mientras las figuras de la bandada, moteadas de puntitos negros, se descomponían contra el celaje tostado del crepúsculo a una velocidad endiablada. Mi padre me había indicado que me sentara al comienzo de la linde, me tapó con una manta de cuadritos negros y blancos y él se fue a repartir sobre el trigo verde recién nacido, a puñados, el abono de una sembradera colgada sobre el hombro. Estaba lejos, no me oía, corrí hacia él con cuidado de no pisar los brotes. Cuando le alcanzaron mis gritos dio la vuelta y yo le señalé el cielo con el índice, aquel velo de pájaros había desparecido y el celaje tostado del crepúsculo estaba desnudo.

Muchos años después supe que eran estorninos que se juntan en bandadas para cooperar buscando alimento o defendiéndose de los depredadores. Lo curioso es que no tienen un plan definido, ni un líder que les arengue y les dirija, ni banderas y estandartes que seguir. Cada estornino decide individualmente con la sola intención de tapar huecos. El comportamiento en bandada se repite también en cardúmenes de peces, en enjambres de insectos, en manadas de animales terrestres, en bacterias e, incluso, en movimientos colectivos humanos. Es más, si estudias el comportamiento de la bolsa a largo plazo encontrarás paralelismos con las figuras “aleatorias”  que crea el movimiento de una bandada de pájaros. Son ejemplos de un fenómeno físico: el fenómeno emergente en el que el resultado es mucho más que la suma de las partes.

Un hormiguero o una colmena son organizaciones sumamente complejas y sofisticadas sin que nadie las coordine, ni sus individuos sean conscientes de que son una pieza clave para que todo funcione con la precisión de un reloj. Tampoco mi glóbulo blanco, que en este momento está aniquilando una bacteria dañina, es consciente de que está salvando la vida a un organismo formado por treinta billones de células humanas, treinta y ocho billones de bacterias y sesenta billones de virus que en perfecta sincronía cooperan y forman un ser humano. Ninguna de mis cien mil millones de neuronas tiene la más remota idea de que juntas han producido el fenómeno emergente de la conciencia y del pensamiento. Y ahí queríamos llegar: Casi todo lo que existe en el universo es fruto de fenómenos emergentes: el espacio tiempo que surgió como una malla arrastrada por la energía liberada en el big bang, las partículas elementales que vibran y maridan formando átomos, la luz que emerge de la radiación electromagnética, las nubes de gas cósmico que colapsan creando estrellas. Sin embargo, estamos rodeados de utilidades que no han emergido “espontáneamente” sino que derivan del fenómeno emergente que llamamos pensamiento. Si tuviésemos la ocasión de explorar todos los confines del universo y encontráramos una hoja escrita en un planeta remoto, colegiríamos que no ha surgido como fenómeno espontáneo sino que ha sido obra de alguna forma de vida pensante.

Seguramente uno de los fenómenos emergentes más importantes para el ser humano ha sido el de la escritura y el de los libros. El conocimiento se expandió, sobre todo a partir de la invención de la imprenta, y el progreso de la especie ha tenido un incremento exponencial. Este fenómeno nos lo cuenta Irene Vallejo, en El infinito en un junco, como un viaje y lo hace con la ternura de una madre, una prosa muy rica y una erudición magistral. Es la historia de la escritura y de los diversos artefactos en que la hemos estabulado para que las ideas, vivencias, conocimientos e historias humanas se transmitan por generaciones de forma que conecten los cerebros actuales con los que ya no están.

Lo que me pregunto es, ¿qué fenómeno emergente producirá la llegada de Internet? En teoría debería producirse un gran salto intelectual puesto que pone a treinta cm de los ojos todo el saber acumulado de la especie, y a golpe de clic el contacto inmediato con cualquier cerebro del planeta. Sin embargo, estamos abducidos por los artefactos tecnológicos como el que tiene un coche y, en vez de usarlo para desplazarse, viviera y comiera y durmiera en él sin moverlo. Nicholas Carr cree que son instrumentos que nos distraen y nos limitan hasta el punto de que reducen nuestra implicación en la forma más elevada del pensamiento. Es verdad que dificultan la concentración porque te demandan atención constante y los creadores de contenido, sabedores de que el bien escaso es la atención, te la roban a golpe de frases cortas como titulares. Es verdad que se atrofia el músculo de la memoria porque cualquier dato lo tienes en un repositorio digital con acceso inmediato. Es verdad que la información no pasa ningún filtro acreditativo así que los bulos y falsedades interesados son muy fáciles de transmitir. Y lo que es peor, cualquier analfabeto funcional cree que su parecer sobre cualquier materia tiene el mismo valor que el del catedrático experto en esa cuestión, confundiendo la libertad de expresión con la capacitación para emitir una opinión. Un dato preocupante es que el coeficiente intelectual parece que está decayendo en la última década, aunque hay quienes lo achacan a defectos estructurales en la prueba de test que lo mide.

Supongo que estamos en la adolescencia de internet y madurará con su desarrollo y, en todo caso, espero que la plasticidad del cerebro ponga remedio a los aspectos negativos. Pero el universo no tiene propósitos y los fenómenos emergentes surgen con independencia de la voluntad de los elementos que intervienen. El entendimiento humano descubrió la fuerza nuclear que unía a los átomos, y del fenómeno emergente del pensamiento surgió la fórmula para liberar esa energía en forma de electricidad beatífica y, por desgracia, también en forma de bomba nuclear.

J. Carlos

Una respuesta a “Fenómenos emergentes

  1. La primera idea que me viene a la mente son los comentarios del filósofo y comunicador Herbert Marshall McLuhan, el mismo que decía que el canal es el mensaje, que Internet es la única platafoma que es capaz de unir los medios fríos y los medios calientes. Internet es el canal de transmisión que aglutina los mensajes emitidos

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