Disparate

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El Universo no disparata, sigue unas reglas fijas. Por eso podemos anticipar sus fenómenos y sabemos que el sol en estas latitudes nunca saldrá a media tarde, y que la luna jamás enfrentará con la tierra su cara oculta. La vida también sigue unos cánones pautados, nunca veremos a los gatos organizándose para cazar leones o a un ejército de abejas asaltando la colmena de sus vecinas. Sin embargo, en su proceso de adaptación al medio, la especie humana ha roto todos los cánones y ha caído en el disparate: Un individuo, con un solo dedo, puede mandar al carajo cualquier vestigio de vida en el planeta.

Con la espada atómica de Damocles suspendida sobre nuestras cabezas, ahí andamos reproduciéndonos adecuadamente para cumplir con el canon inscrito a fuego en  nuestros genes: Creced y multiplicaos. Si los botones nucleares permanecen lejos del dedo humano en sesenta años habremos duplicado la especie, aunque tú y yo no lo podamos constatar.

La historia ha sido pródiga en especímenes humanos cuyo nacimiento ha sido un disparate para la humanidad. Uno de los más sanguinarios fue un tal Adolf Hitler. Afortunadamente murió sin descendencia, pero en sus desvaríos quiso repoblar el mundo con superhombres como él. De la mano de Heinrich Himmler creó, en la Alemania Nazi de 1935, una organización llamada Lebensborn con el fin de que miembros de las SS y otros de raza aria pudieran “cubrir” a mujeres de cabello rubio, de ojos azules, sin defectos genéticos y con ciertas medidas físicas específicas.

En la época de la hipérbole, el histrionismo disparatado y la anemia intelectual tenemos unos políticos cuyo talento apenas alcanza para pasar un casting de Sálvame. Seguramente nos los merecemos. Con el desparpajo que le caracteriza, Pablo Casado ha declarado hace dos días que: “Si queremos financiar las pensiones debemos pensar en cómo tener más niños, no en abortar”. Y lo ha dicho sin complejos. Es lo que tiene la supina ignorancia, que no te caben en la cabeza ni las dudas ni los complejos. Los niños, señor mío, se tienen, normalmente, follando. Pero para tomar la decisión de traer hijos al mundo se necesita tener trabajo, un salario digno, un lugar adecuado dónde vivir, una sanidad y una educación accesibles y un horizonte despejado dónde ellos puedan formarse, trabajar y vivir en España con dignidad. Además, para qué quiere los niños, Sr. Casado, para condenarlos al paro como a los 3.300.000 españoles que no lo encuentran o, para exportarlos como mercancía al extranjero como los 2.500.000 españoles que, desde 2010, se han tenido que ir a buscar las habichuelas a otras latitudes. Por cierto, que se han ido saludables y bien formados a costa de los impuestos de los españoles y ahora pagan, con su trabajo, la pensión de los viejos en los países ricos para que éstos puedan venir a disfrutar del sol español, mientras los hijos que usted nos “manda” hacer les sirven de camareros, de enfermeros o de médicos.

Las estupideces tienen doble cara, como las monedas. Frente a los que quieren tomar el bastón de mando para obligar a parir a las mujeres como conejas y repoblar España, o castigarlas con la cárcel si sacan el fruto de su vientre antes de que madure, hay quien denuncia a sus padres por haberles traído al mundo sin consultarles. Se trata de Raphael Samuel, de 27 años, nacido en Bombay, que pertenece al movimiento “Dejad de tener bebés”. Sus razones son medioambientales y filosóficas. Y es posible que sus proclamas de que “procrear es ecológicamente insostenible y moralmente irresponsable”, prendan fácilmente como la yesca en una India superpoblada y rica, donde un niño muere de hambre cada 30 segundos.

Rapahel sabe, de sobra, que su pretensión judicial no tiene recorrido, se trata de aspaventar y disparatar para hacerse visible. Lo mismo que hace Trump y algunos de  nuestros políticos. Lo mismo que buscan los/as gritones/as de Sálvame. Lo mismo que hacen los cavernícolas en las redes. Va a ser que aquel mecanismo de defensa de cuando éramos monos que consistía en erguirse, abrir las piernas, extender los brazos y gritar, ha evolucionado en la hipérbole y el disparate en la era de las pantallas.

¿Quién dijo que la evolución progresaba adecuadamente?

J. Carlos

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