Promiscuidad

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Hace unos años éramos tacaños con nuestra imagen y nuestra voz, sólo se la dábamos a los allegados, nuestros desplazamientos y paseos eran casi tan íntimos como nuestros pensamientos. Ahora el Sr. Google sabe con precisión milimétrica por dónde has transitado cada minuto de cada día, si te desplazaste en coche, en metro o fuiste dando un paseo; conoce en qué bares abrevaste, en qué restaurante hiciste el almuerzo, qué museo, teatro, sala de cine o número de la calle visitaste; cuenta el número de tus pasos diarios y hasta el de tus pulsaciones, aprende tus gustos, lee y guarda todas tus contraseñas… Es el zorro de tu gallinero y tú no sólo lo pones a su cuidado, además cooperas con cada foto que haces o te envían, cada correo que escribes o recibes, cada página que abres y, aún, tiene la desfachatez de preguntarte tu opinión acerca del establecimiento en que te encuentras, o te pide que hagas una foto de la plaza o monumento que estás admirando. Y sabes que sólo es un depredador más, ni siquiera el más dañino; los grandes operadores de redes sociales como Facebook, Twiter, Instagran o Whatsapp cobran igualmente un precio desorbitado. El precio es la carne tersa de nuestros datos para prostituirla y, como la trata de datos es un gran negocio, los chulos han acudido como moscas; cualquier aplicación por inocente que sea te requiere, como los novios de antes, para que le dejes ver una parte de tu intimidad. Asentimos porque el trato no es rudo, no hay violencia ni intercambio de fluidos; es aséptico y, hasta ahora, sólo te preñan de publicidad. Tienen unos algoritmos muy sofisticados de Inteligencia Artificial que hacen la labor de brega con las miríadas de datos que reciben,  albergan la insana intención de saber de cada uno de nosotros y de nuestro comportamiento más que nosotros mismos.

Esta plaga de promiscuidad que nos incita a desnudar nuestras intimidades y a meter nuestros datos en la cama de cualquiera, nos terminará saliendo cara. Y no me estoy refiriendo a que puedan chantajearte con los correos en los que despotricas de tu jefe, tus chats tórridos, tus fotos y videos haciendo gala de tus niveles etílicos. Tampoco aludo a que el puñetero maps de Google te señale los miércoles por la tarde en un hotel de las afueras. No, no me pongo en la tesitura de que te hayan vaciado las cuentas y dejado las tarjetas anémicas. Estoy alertándote de que te puede suceder igual que a la actriz Gad Gadot, que se ha visto protagonizando una película porno sin desnudarse ni despeinarse.

El pasado julio la Universidad de Washington desarrolló un proyecto, Synthesizing Obama, con el que consiguieron modificar totalmente el discurso en video del ex presidente de EEUU, manteniendo una sincronización tal que un sordo que sepa leer los labios resulta igualmente engañado. Fue a base de Inteligencia Artificial y redes neuronales que aprendían a mapear cada sonido y añadirlo como una capa en las formas de la boca, del mismo modo que tu navegador puede añadir al mapa topográfico la capa de carreteras, la capa orográfica o la vista de satélite. Aquí en España, la Universidad del País Vasco también desarrolló un programa similar, tomaron el video del discurso de fin de año del Lehendakari Urkullu y le hicieron decir frases como, “gora Euskadi askatasuna”. Una aplicación tan común como Adobe dispone de una herramienta que habla con tu propia voz; lo más asombroso es que aprende con sólo escucharte por un periodo de veinte minutos. Nos imaginábamos que había algoritmos que cambiaban las caras porque en la última entrega de Fast and Furious resucitaban a Paul Walker, también han resucitado a Peter Cushing y a la princesa Leia. Y no sólo te intercambian la cara, en el mercado puedes adquirir el programa Face2Face que tiene la capacidad de captar expresiones faciales en tiempo real de una persona y trasladarlas a cualquier otra.

Quiero con ello decir que si disponen de suficientes imágenes tuyas y tienen tu voz almacenada, te pueden hacer lo mismo que un programador usuario del foro Reddit, apodado DeepFakes, le ha hecho a la actriz Gad Gadot: hacerte protagonista de una película porno. Pueden también manipular la imagen de un asesinato en el que tú eres el verdugo o, hacer que en el atraco a un banco el enmascarado dicte órdenes con tu propia voz. ¿Qué no eres aficionado a los selfis ni te gustan las fotos? Recuerda que desde que sales de casa hasta que vuelves te han seguido un ejército de cámaras apostadas en los cajeros y en las tiendas, todas aquellas que regulan el tráfico y velan por la seguridad de edificios y calles, las que te miran en el vagón del metro y en el autobús, las que te iluminan la cara desde los porteros automáticos y, en fin, las que te registran desde cada uno de los miles de móviles con los que te cruzas. Ni en el hogar estás libre, el ojo electrónico de tu ordenador te está mirando y, ¿estás seguro de que no te observa el objetivo de la parte trasera de tu teléfono?

Las máquinas te monitorizan y almacenan tus datos hasta más allá de la muerte. Cuando te vayas seguirás en Facebook, continuarán consumiendo energía tus correos, tus imágenes, tu voz, tus pasos dados, tus compras y hasta tus pulsaciones pasadas…. Cada uno de tus datos permanecerá como una huella indeleble en la nube para que sigan aprendiendo los algoritmos que, tal vez, te resuciten para protagonizar una película o para imputarte la autoría de un viejo acto terrorista sin aclarar.

Pronto venderán un inhibidor electromagnético para anular las ondas lumínicas que reflejas. Los talibanes ya lo crearon, se llama burka y obligan a sus mujeres e hijas a embozarse en él. Como comprenderás, desde su agujero cronológico, no convierten a “su” género femenino en bultos para evitar que sea escudriñado por las máquinas, pretenden evitar, a costa de cosificar a la mujer,  la tormenta química que estalla en los cerebros de sus congéneres masculinos cuando perciben las ondas de luz que rebotan en el gajo de los labios, el ángulo sinuoso de los pómulos y desde la profundidad abisal de los ojos negros.

O te cosifican las creencias o te cosifica la tecnología. En ambos casos, paradójicamente, se deshumaniza al hombre.

J. Carlos

 

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2 Respuestas a “ Promiscuidad

  1. Sin duda, ya estamos totalmente controlados, cada vez que usas la tarjeta, cada vez que posteas o haces un comentario, cuando subes una foto del lugar don andas y….
    Pero te diré que aún hay y a habrá más.
    Muy buen post.
    Besos!!

  2. Bueno, espero que todo esté mundo digital pase a regularse de forma similar al mundo real.
    De hecho, Facebook te permite designar un heredero de tu cuenta para que él decida si la borra o si continúa abierta, cuando falleces.
    Yo ya lo tengo designado y notificado.

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