Mensaje de esperanza

Esperanza Aguirre

La condesa de Bornos, la de la España aristocrática rancia y cañí, se siente engañada y traicionada. Yo no. Me siento feliz como si me duchara después de lustros y aligerara la roña y la suciedad que me ha caído encima. Me siento feliz por mí y por todos aquellos a quienes acosó, vejó, echó de su trabajo, ninguneó e hizo daño personal, política y profesionalmente.

No me siento engañado porque desde el delito de compra de voluntades del Tamayazo ya sabía lo que nos esperaba. Luego vino la privatización de la sanidad, se construyeron nueve hospitales por empresas del amigueo, siempre sobrecostados para que su gestión quedara por tres décadas en manos de esas mismas empresas; mientras los hospitales públicos, ambulatorios y otros centros de salud cerraban plantas porque no tenían ni para retejar y echaban a la “puta calle” a los profesionales. Ahora anda la UCO buscando el hilo de 23 millones de euros que le lleven al ovillo del desfalco sanitario. Cerró laboratorios públicos y otros servicios sanitarios básicos para regalarle la gestión a empresas de sus ex-consejeros, conmilitones y demás amiguetes de parranda financiera. Privatizó la educación regalando colegios pagados por los madrileños a entidades afines, confesionales o no, que entregaban solícitos la coima, al menos a los púnicos, que se sepa. No faltó el suculento plato de las infraestructuras adonde más moscas se arrimaron: metro, metro ligero, M-30, autovías, autopistas siempre con costes duplicados y triplicados. Ahí tienes el ferrocarril de Móstoles a Navalcarnero que fue otro empeño enterrado para repartirse la pasta como los gánsters, o la llamada Ciudad de la Justicia de la que después de 105 millones mediante, sólo queda un ovoide gris en ruinas que no vale ni lo que cuesta demolerlo; por cierto, acaba de aparecer el Libro Mayor de la Ciudad de la Justicia que andaba desparecido.

No me siento traicionado porque lo hacían a la vista de todos. Lo informaban los medios que no vivían de la caridad de la condesa, lo denunciaban en la calle las mareas verdes, blancas y rojas. Es pública y notoria la organización delincuencial que ha gestionado el Canal de Isabel II, tanto como sus casi diarios mítines e inauguraciones a golpe de bolsillo del madrileño que sus comisionistas cobraban a precio de concierto de los Rolling. Es más que indiciaria, de hecho está en los autos judiciales, la financiación del partido que dirigió con mano de hierro a costa del sufrido bolsillo del contribuyente. Es arbitrario, sangrante y da asco el botín publicitario que con el dinero de todos repartía a sus medios hagiógrafos, mientras echaba a la calle con un ERE a 861 trabajadores de Telemadrid. Ahí están las operaciones Púnica, la Gürtel, Lezo, y lo que te rondaré rubia si alguien decide abrir el pico.

La camarilla política de Esperanza anda en la cárcel o se le espera (Granados, González, López Viejo, Lamela, Güemes, Martín Vasco, Alfonso Bosch, Salvador Victoria…). Su camarilla empresarial o ya es huésped del Estado o tiene muchas papeletas para comer y dormir gratis total  durante unos años (Arturo Fernández, Díaz Ferrán, López Madrid, Rato, Blesa…).

Quienes hasta ayer le votaban y aplaudían, cuando saquen toda la ropa sucia al oreo del tiempo, le botarán. Hasta en su propio partido, una vez dimitida del último cargo, le van a echar más mierda que la ya de por sí se merece, al igual que hicieron leña con el árbol caído de Rita Barberá. Y lo sabe.

En fin, no sé si en su colegio inglés de aristocracia rancia le enseñaron a pedir perdón. Es más, no tengo claro que sus votantes se lo merezcan, al parecer usted cree que no. Algún día aprenderán que la ignorancia de los arrogantes suele ser tan larga y ancha como su ego. A mí, como madrileño, sus amigos políticos y empresarios me han robado mientras usted ejercía de Lideresa “in vigilando” unos cuantos miles de euros. Que se lo metan por donde les quepa. Me queda el consuelo de que todos aquellos quienes trincaron a su vera o en sus aledaños, sientan encima de su cogote la espada de Damócles del vacío social, ya sé que la Justicia no invitará al hospedaje del Estado ni a la milésima parte de los que han prosperado ante la mirada verde y, al parecer, ciega de sus ojos.

Algún día, quizá, tendremos instituciones donde sea imposible que lleguen personajes tan torpes y ciegos como la condesa de Bornos, instituciones fuertes e independientes donde el funcionario y sus técnicos no pueda ser ninguneados, gocen de transparencia plena y todo contrato, concurso y pago esté documentado, sea auditado, se haga público y esté accesible en toda su traza en internet.

Que Dios guarde a usted muchos años, sólo sea porque advierta a luz de las evidencias el enorme destrozo que ha provocado en esta Comunidad su torpeza y su arrogante ceguera.

J. Carlos

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