Uno de Enero de 2017

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Los años nacen el 1 de enero por estrategia militar. El pueblo belo se asentaba sobre una roncha de la piel de Hispania, en lo que hoy son tierras de la comarca de Calatayud. Segeda era su urbe más importante donde acuñaban su moneda y ejercían su comercio. En el 154 a.C. decidieron ampliar sus murallas para perfilar su expansión. A pesar de que pagaban religiosamente en denarios de plata su tributo al Imperio, Roma se opuso a la ampliación. Los belos se opusieron a Roma y se declararon las hostilidades. Se aliaron con los arévacos de Numancia, sabedores de que las tropas romanas llegarían en septiembre o en octubre cuando los días eran cortos, lluviosos y destemplados. Y es que los cónsules romanos se elegían en los idus de marzo, en honor al dios de la guerra, fecha en que principiaba el año. Julio César decidió adelantar a las calendas de enero el nombramiento de los cónsules y, con ello, el año 153 a.C. se adelantó como los niños prematuros, para que las tropas pudieran llegar a Hispania en pleno verano. La estrategia era buena, pero los celtíberos ganaron la batalla y regaron sus tierras con la sangre de 6.000 soldados del Imperio. Veinte años, más tarde, Roma terminó arrasándolos, aunque los numantinos después de trece meses de sitio, prefirieron desangrase a sí mismos antes de vivir esclavizados. Aquí hago una acotación: Al día primero de cada mes los romanos lo denominaban calendas por estrategia fiscal. Ese día el recaudador llamaba a gritos a los ciudadanos para que pagaran sus tributos. El libro en el que anotaban los pagos se llamaba calendario.

En la región de Madrid, en las calendas de enero, con el año recién parido, eran asesinadas dos mujeres. Ese día la temperatura ambiente en Rivas y en Hortaleza no remontó los 5º. Antes de que la sangre de las dos mujeres, cumpliendo el principio cero de la termodinámica, se igualaran a la temperatura ambiente, un magistrado del Supremo, Antonio Salas, con estrategia procesal escribió en su cuenta de Twiter que, la violencia de género “es un problema gravísimo (…) y es una manifestación más de la maldad”. Remató con el aserto de que: “si la mujer fuera más fuerte que el hombre, tal vez el problema fuera al revés”. Al día siguiente, en declaraciones a Aimar Bretos en la Cadena Ser, le traicionó el subconsciente, al considerar sensu contrario que la mujer es menos inteligente que el hombre: “si desde el principio quien hubiera tenido la sartén por el mango fuese la mujer porque es más fuerte, más inteligente, la que salía a cazar y el hombre se quedara con los niños, a lo mejor la maltratadora era la mujer”. Después, este probo funcionario, ha gastado horas e ingenio en los medios adoptando un sistema de defensa similar el que utilizan a diario los maltratadores: hacerse la víctima.

Es muy libre V.E. de criticar doctrinalmente la Ley de violencia de género. Yo tengo dudas, creo que razonables, respecto de si tener dos testículos o dos ovarios ha de implicar penas distintas por el mismo delito, siendo que se pueden aplicar agravantes como la fuerza, la posición social o moral, etc. Pero es una ley democrática que V.E. debe acatar como ciudadano y aplicarla como juez. Le recuerdo que no le cabe elevar recurso ante el Tribunal Constitucional porque este organismo la declaró conforme a nuestra Constitución y, si dentro de su competencia está aplicarla, solicite otro juzgado para no violentar su conciencia.

Si me permite, le diré que V.E, sigue en el mundo del blanco y el negro, del Ormuz y el Arimán, sin más matices que las cloacas del mundo, el demonio y la carne. A esa estrategia religiosa de santos varones, demonios y vírgenes, yo opongo la estrategia ética de la educación, la cultura, el progreso humano y social; incluso, si me apura, hasta el progreso económico porque nos hace mejores al satisfacer las necesidades básicas. Yo no era un niño malo cuando arrojaba gatos recién paridos a la laguna de los Terreros, por mandato superior o, cuando participaba, entre chanzas y alegrías, en la cruel matanza del cerdo. No era la maldad lo que me impelía a correr tras las niñas para, acosándolas y violentándolas, levantarles el vestido y  verles las bragas, ni cuando me metía con los más pequeños o, cuando llamaba nena o maricón al más desvalido. Era lo socialmente aceptable, como escopetear pájaros, cazar liebres o matar toros. Fue la educación y el progreso, la cultura y el estudio los que barrieron lejos de mí, y espero que de toda la sociedad, aquellos salvajismos. Una simple regla de tres aplicada a sus afirmaciones nos llevaría a la artera conclusión de que, en Estados Unidos los hombres de raza negra multiplican la maldad de los blancos por seis porque son seis veces más encarcelados, y la población pobre y analfabeta del mundo tendría una maldad ascendente, en progresión geométrica, respecto al resto de la población. Que hay gente mala y psicópatas, sin duda. También hay curas pederastas y bomberos pirómanos y jueces corruptos. Y los hay vagos que no leen ni estudian sobre el cerebro y el comportamiento humanos, materias sobre las que enjuician cada día. Si lo hicieran aprenderían que la educación y las pautas de igualdad y tolerancia, una vez que arraigan en la sociedad, son elementos mucho más fuertes que sus mágicas ideas religiosas sobre el bien y el mal. Yo, sin ir más lejos, ya no ahogo animales en lagunas, ni voy por ahí levantando las faldas a las señoras para verles las bragas.

Respecto al argumento de la fuerza superior del hombre sobre la mujer, a lo mejor V.E. me explica por qué a esos asesinos siempre le dan matarile a sus compañeras, pero no a sus madres o hermanas. En todo caso, si es por cuestión de fuerza, dejemos de gastar dinero en policías y jueces, exijamos a toda mujer antes de emparejarse un certificado de que posee el cinturón negro de Kárate en el grado 5 Dan.

Me malicio, sin embargo, que su estrategia es mover el nogal para recoger las nueces de la intransigencia. Son tiempos oscuros, donde cualquier excusa es buena para tildar de ideología los tímidos pasos de igualar en derechos y obligaciones a ambos sexos. Seguramente en la biblioteca de V.E. habrá profusión de manuales jurídicos, unas decenas de biblias y otros cuantos nuevos testamentos con pruebas de indecente manoseo, pero no encontraremos tratados de psicología, sociología, medicina forense, psiquiatría… Don Antonio afirma “no necesitar formación en violencia de género porque los jueces y fiscales ya la traen de casa”. Espero que su cirujano no piense lo mismo.

Empezó el calendario como siempre, con dos mujeres asesinadas por dos hombres. Fue al olor de su sangre que zumbó la moscarda de la ideología. Su estrategia imita a Numancia en lo militar y a Trento en lo religioso.

J. Carlos

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