Merde

Reina Letizia

Los niños se asustan cuando ven su propia “merde” por primera vez. Supongo que pensarán que están excretando partes de su cuerpo y que si siguen expulsándose pueden diluirse hasta desaparecer. La primera vez que vuelven los ojos y ven su sombra detrás, reaccionan huyendo, creen que alguien les persigue. Si la sombra se proyecta delante, el niño extiende la mano para cogerla porque la considera un juguete o un amigo.

No sé si la Reina se habrá asustado con la primer “merde” pública que salió de su dedo. Ignoro si todavía está huyendo por la sombra que le persigue por detrás desde que alguien expuso la noticia cara al sol. No sería para menos. Su señor suegro que excretó “merde” de Corinas, elefantes y otras, terminó diluyendo su corona hasta desparecer. La institución con la que Usted contrajo matrimonio no obedece a más méritos ni virtudes que un polvo urgente entre dos sangres reales. Con tan endeble meritocracia más les vale procurar que no se proyecten sombras y, de haberlas, que vayan por delante para jugar con ellas.

Ya comprendo que, con una élite tan enmerdada, adicta a los sobornos y al saqueo permanente del dinero de todos, tendrán que dar la mano en las recepciones a indeseables que, dedican su “talento” empresarial y político a robar camas de hospitales y médicos y pensiones y ayudas sociales y carreteras y bomberos y jueces y colegios… Pero no entiendo por qué no pone cortafuegos a sus amistades. No entiendo por qué quiere y comprende a un indeseable que pulía la tarjeta black como si no hubiera un mañana. Un sujeto que era consejero de Bankia. Entidad que le recuerdo sacamos del wáter atascado de “merde” y la limpiamos con 22.424 millones de Euros de la hucha común. Ese dineral, Señora mía, es algo menos de la mitad de lo que nos gastamos en salud al año. Eche cuentas, Alteza, de los médicos y enfermeras que hoy no estarían trabajando en el extranjero, ni en el paro. Eche cuenta de los muertos que todavía vivirían, de las operaciones que ya estarían realizadas, del sufrimiento que habrían ahorrado a los ciudadanos. Y eso sólo es la punta del iceberg del latrocinio. No somos un pueblo difícil, como afirma su consorte, al contrario, somos un pueblo manso.

Verá, Excelencia, cuando yo era un niño el wáter público era el campo y el privado era el corral. Le aseguro que en este último no era fácil deshacerse de la ingesta. Y no porque en invierno expusieras tus carnes blandas a temperaturas que escarchaban el aliento; que va, al frío ya estabas acostumbrado. La dificultad estribaba en que, era acuclillarte y un ejército de gallinas muy tenaces se abalanzaba para picotear tus nalgas. Había, pues, que mantenerlas a raya blandiendo un palo. El peor era el gallo que en su labor de protección del gallinero se enseñoreaba por delante de ti y, a veces, saltaba sobre tu cara con sus garras con el afán de picotearte los ojos.

Así que, Doña, preste mucha atención a sus amistades y mantenga a raya con el palo de la ética a quien tenga el pico untado en “merde”. Me temo que las nalgas de la Corona no están para más picotazos.

J. Carlos

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Una respuesta a “Merde

  1. Mercedes Prieto

    Muy bueno, José Carlos. Un abrazo

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