Navidad 2015

Navidad

Querido amigo

Dicen que el tiempo se desboca con la edad por culpa de lo vivido. De niño experimentabas las cosas por primera vez y se te hacía largo. A medida que vas acumulando años, las vivencias ya no te sorprenden porque se suceden con la monotonía de la lluvia tras los cristales. La rutina amontona las horas y los días y los años en el almanaque de los recuerdos y todo parece que sucedió ayer. Te traigo una buena nueva, aunque no viajes ni te enamores en esta Navidad, los hados te son propicios y te van a sacar de la rutina para que el caballo de tu tiempo se tome un respiro. Los políticos velan por ti y han juntado en estos días las elecciones con los villancicos y el turrón a fin de que, aunque todo siga igual, no olvides que hubo una vez en la que el voto volvió a la urna por Navidad. El clima también está de tu parte, desde África, además de las pateras, llegan ráfagas de aire amasadas en la arena ardiente del desierto, así podrás empapar los polvorones en cerveza bien fría, felicitar las Pascuas con un helado en la mano  y tomar las uvas en mangas de camisa. Hay más prodigios, el dios Cronos ha decidido que el mismo día de Navidad, a las doce y doce, la luna se esponje toda y se vista de blanco como una novia para iluminar estas noches tan anchas y tan largas. Se suceden también otros portentos menores, como el de esta España nuestra menguante y envejecida que, por Navidad, obra el milagro de dilatarse y rejuvenecerse. Los aeropuertos vomitan estos días cientos de miles de españolitos con el ordenador en ristre, cabalgan entre la veintena y la treintena. Vuelven a casa con permiso penitenciario, están cumpliendo la condena de la movilidad exterior.

 El pueblo romano que nos legó tres cuartas partes de la cultura que todavía disfrutamos, nos dejó en herencia también estas fiestas. Las saturnales daban comienzo siete días antes del solsticio de invierno, con un sacrificio en el Capitolio seguido de un banquete en el que estaba invitado todo quisque: patricios, plebeyos, esclavos y libertos. Allí se iniciaba una semana de subversión en que los esclavos podían ejercer de amos y viceversa, hasta la dignidad de rey de las saturnales se echaba a suertes. En eso no hemos cambiado mucho, aquí convocan elecciones en saturnales y los gobernados subvierten el pacífico orden establecido, por eso, estos días, los tahúres andan echando a suertes la dignidad de presidente del gobierno. El comienzo del año se festejaba con las calendas del dios Jano, se invitaba a los amigos a comer y se les regalaba un ramo de olivo o de laurel. Jano tiene un doble rostro porque puede abarcar, con un solo vistazo, el pasado y el futuro. Hay quien le atribuye la invención de la moneda que tiene también doble cara y, cuando pasa de mano en mano, ya sabe que, tanto en el pasado como en el futuro, las mayores vilezas humanas se perpetran en su nombre. Cuando Roma caía en la vileza de la guerra, las puertas del templo del dios Jano permanecían abiertas para que les iluminara con su sabiduría y pudieran alcanzar la paz.

El mundo anda enrabietado, como siempre. Antes los humanos mirábamos a los ojos mientras nos ensartábamos la espada los unos a los otros. Ahora las bombas se detonan donde haya más afluencia de carne, sea en Madrid, Kabul, Nueva York, Bagdag, Londres, Damasco, París…. Hoy los misiles inteligentes ven con ojos electrónicos donde van a plantar un semillero de muerte, pero no aciertan a distinguir entre buenos y malos, entre niños y adultos, entre militares y civiles. En nuestros días las puertas de los templos cierran al terminar la jornada laboral. No quedan dioses que nos iluminen con su sabiduría para alcanzar la paz, sólo monedas, con doble cara, que pasan de mano en mano para envilecernos. Tenemos, a cambio, instituciones políticas, sociales y religiosas que intentan sofocar el fuego del odio y el fanatismo con palabras, con ideas, con esfuerzo; a veces, demasiadas veces, utilizando la manguera de la guerra, que es como intentar apagar un incendio con un lanzallamas. Tenemos instituciones que parlotean y firman acuerdos mundiales, en Kioto o en París, donde prescriben dosis mínimas de ansiolíticos, como para niño de teta, para que el clima atempere su locura. Tenemos también plasmas que mezclan el cadáver de Aylan con el último culebrón de Belén Estebán y su representante, que pasan por la misma Turmix la discoteca Bataclán y el debate de Gran Hermano, que cuelan por el mismo tamiz la imagen de Rato tocando la campanilla y la secuencia de un desahucio. Vilezas todas de doble cara, como el vil metal.

 De los líderes políticos, sociales, culturales, empresariales y religiosos no me interesan sus niveles de azúcar en sangre ni su recuento de hematocritos, pero me gustaría que hubiera un análisis que detectara sus niveles de buena voluntad, de conciencia social y de conciencia ecológica. En la calle, fuera de las moquetas y las burbujas de los coches oficiales, he detectado grandes dosis de estos elementos. La Cruz roja debería habilitar autobuses y situarlos en los lugares concurridos para realizar este tipo de donaciones. Los inyectables se suministrarían gratuitamente. En cuanto a la dosis prescita, al no existir prueba analítica que certifique los niveles de carencia, se estimaría en función de los metros cuadrados del despacho que, por otro lado, suele ser directamente proporcional al ego del usufructuario.

 Mi deseo: Que tus niveles de buena voluntad se mantengan durante todo el año. Ah, y que no te embargue la tristeza por las ausencias de los que se te fueron, vivirán mientras permanezcan en tu memoria y pervivirán si ese recuerdo se lo transmites a los tuyos.

 22 de Diciembre de 2015

 J. Carlos

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