El debate y la física de Einstein

Debate Atresmedia

El debate lo ganó Atresmedia que supo calentar el ambiente con la misma lumbre publicitaria con que calientan la Navidad los grandes almacenes. Durante más de una semana sufrimos un bombardeo incendiario, por tierra, mar y aire, con toda su artillería mediática, que no es poca. Antes del combate, copiaron a Évole, sin pagarle derechos de autor que para eso está en plantilla, y metieron su ojo cíclope en los coches de los gladiadores para que percibiéramos su miedo antes del combate. Y, después del evento, a falta de emperador romano, llevaron a sesudos analistas que levantaban su pulgar, o lo bajaban, en función de sus intereses pecuniarios o ideológicos. El veredicto de estos consejeros áulicos fue que la sangre a derramar sobre la arena del coliseo era la de Pedro Sánchez.

De la función circense, poco que alegar. Pinché unos números más arriba del mando y proyectaban una película de ladrones. Tenía un argumento entretenido, buenos planos, transiciones rápidas y resultaba, a veces, divertida. Sólo en los obligados espacios publicitarios, más por saciar mi propio morbo que por otra cosa, volvía a la retransmisión del circo en el coliseo de Atresmedia. Un gladiador asía un Bic como si fuera un clavo ardiendo y debajo de sus pies se abriera un abismo; no me extraña que en el segundo corte publicitario le abandonara el desodorante porque, a pesar de su contundente oratoria y argumentación, su curriculum en materia de política práctica se limita a haber sido asesor del chavismo. La suplente explicaba su condición de tal porque en su tribu son modulares como los muebles de Ikea y, por tanto, intercambiables; supongo que sería una elección alfabética y salió la S de Santamaría, menos mal, porque si sale la B podría haberle tocado a Bárcenas o a Blesa, anda que si sale en suerte la R vaya papeleta, hubieran tenido que elegir entre Rato o Rajoy. Había otros dos gladiadores, muy glamurosos ellos, muy no soy más guapo porque no me encero. El uno era una manojo de nervios, sus extremidades tenían vida propia, tampoco me extraña porque algunos ciudadanos empiezan a sospechar que su contrato único es una añagaza para abaratar más el despido, su subsidio salarial un cheque para que el empresario contrate todavía más barato y que al lado de Luis Garicano, su factótum económico, Cristóbal Montoro es un peligroso socialdemócrata. El otro, pagado de sí, se creía en la obligación de mantener el rictus de próximo emperador y la sonrisa congelada de muñeca de Famosa, proclamaba que su partido es el motor del cambio, sin caer en la cuenta de que se puede navegar a vela pero hay que saber dónde está el norte, aquél que perdió Zapatero la última legislatura y que todavía andan buscando.

El debate lo ganó el ausente. Ese hombre que es un meme de sí mismo: (El fuel del Prestige eran unos hilitos de plastilina. Eta es una gran nación. La segunda ya tal. Los españoles son muy españoles y mucho españoles). Aquél cuyo nombre asentó Bárcenas treinta y cinco veces, con una caligrafía de apunte de facultad, en un libro diario de doble entrada como el que llevaban los tenderos. Al fin y al cabo, el importe de una partida de peras o de manzanas tiene la misma esencia contable que un soborno, todo se transustancia en dinero. Este sujeto que no sabe porqué se produce la lluvia y que no cree en el cambio climático porque se lo ha dicho un primo físico, catedrático en Sevilla, parece, sin embargo, un experto en la física de Einstein. Mientras el común de los mortales nos dejamos llevar por la fantasía de nuestro cerebro que considera al tiempo y al espacio como un plano infinito, Rajoy sabe que son como la superficie de las camas elásticas, se curvan y se hunden si les pones un peso encima. Para que me entiendas, puso en la superficie del espacio tiempo electoral el aborto cuando estaba en la oposición, le metió hierro a mansalva para que pesase más, se fue a la manifestación del brazo de obispos, arzobispos, cardenales y se paseó tan ricamente debajo de las pancartas que rezaban, Zapatero asesino. Cuando gobernó le quitó hierro al asunto, de forma que la lona del tiempo y el espacio apenas se curva porque pesa igual que la paja en la báscula electoral. En la oposición puso plomo sobre la crisis y curvó  el tiempo y el espacio electoral a su favor, hasta casi darle la vuelta como un calcetín. Cuatro años más tarde ha conseguido que el tiempo y el espacio electoral estén más enrasados que una balsa de aceite. Los parados sin prestación, los pobres, los desahuciados, los que no encuentran trabajo, los jóvenes que emigraron y trabajan fuera, los corruptos de su partido que se prodigan como las setas a nada que rasques… son guarismos que ni siquiera se asientan en libros diarios de doble entrada con caligrafía minúscula de tendero antiguo. Son cifras que se desmienten con la misma urgencia con que se niega cada caso de trinque. Apenas constituyen anomalías que caen sobre la balsa de aceite del espacio-tiempo electoral, sin que lleguen a provocar más allá de un microscópico rizo en su superficie, no mayor que la producida por la caída de un tamo de polvo cósmico. Y en esas estamos, con Rajoy sentado en su butaca del salón en Doñana, viendo en el plasma el circo de Atresmedia, riéndose a mandíbula batiente. Si te fijas se le ha caído un poco de ceniza en la corbata de Hermes, una de las que apuntó su contable, Luis sé fuerte,  en el libro diario de tendero. Es ceniza de un buen Habano, todavía le quedan algunos puros de aquellas cajas que le llevaba Álvaro Lapuerta al Ministerio todos los meses, algunos insensatos dicen que debajo de los cigarros había sorpresa.

El debate lo ganó el ausente, como ganará las elecciones. No sólo ha sido capaz de meter el espacio y el tiempo en la geometría plana de Euclides, me temo que también ha dejado planos los encefalogramas del rebaño. Su política cultural se ha movido entre las honduras filosóficas del fútbol o el ciclismo, la épica del Hormiguero o de Sálvame y el folclore celtibérico de En Tu casa o en la mía. Para congraciarse con los obispos y que le rueguen el voto en las homilías, nombró como Ministro del Interior a un individuo que se cayó del caballo como San Pablo; sí hombre, ese que dice tener un ángel de la guarda, de nombre Marcelo, que le busca aparcamiento; sí, ese sujeto que impone medallas al mérito policial a las vírgenes entre que enreja a una banda de mafiosos y desbarata un atentado yihadista. Cataluña es el agujero negro de Rajoy, ahí se le paró el tiempo; pero resulta que, contra lo que se creía, los agujeros negros también expulsan materia casi a la velocidad de la luz, a la misma velocidad con que Artur Mas está siendo vomitado por la CUP. Si le hablas de los recortes en sanidad y educación, la subida de impuestos, el paro, las privatizaciones, los copagos, los salarios de hambre, los contratos basura, las leyes mordaza, la bajada de las pensiones, los martillazos a los ordenadores, el despido de los jueces díscolos…, se infla como un pavo real, saca pecho y exhibe la estadística de millonarios que ha subido como la espuma.

Y todo esto, haciendo gala de la más absoluta indolencia, viendo pasar el tiempo como la Puerta de Alcalá. O es un genio, o es el personaje encarnado de Mr. Chance en la novela de Jerzy Kosinski, Desde el jardín.

Aviaos estamos, que dirían en mi pueblo.

J. Carlos

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