Hojas de otoño

otoño

La naturaleza es austera. En otoño los árboles caducifolios se desprenden de sus hojas por economía y supervivencia. Durante la primavera y el verano han utilizado esas manos verdes desplegadas como velas para comerse la luz del sol y beberse el agua del aire. Ahora, cuando la cosecha diaria de luz es tan mezquina que nos les alcanza para hacer la fotosíntesis y alimentar a sus propias hojas, producen células para cegar los conductos alimentarios que unen las ramas con las hojas. Se produce un suicidio asistido, los árboles matan a sus hojas de hambre y de sed hasta que se secan y se desprenden.

La naturaleza es sabia. Esta costumbre del sol de otoño de irse de casa temprano a vivir las noches locas por ahí, y de quedarse a tomar la última copa en un After hours, deja al aire y al agua tristes y fríos como novios despechados. El árbol sabe que si el agua triste y fría que fluye por las tuberías de las hojas se congela, éstas sufrirían una muerte dolorosa, además, quedaría afectado el nudo germinal y ya no habría brotes nuevos en primavera. Esta eutanasia natural produce una belleza plástica insuperable. Nuestros bosques, parques y calles extienden sus tules con una gama de marrones, rojizos, amarillos y anaranjados, que te arropan con una fina capa de  nostalgia y te traen a la memoria a Camille Corot y Camille Pissarro. Y si miras al cielo entre la celosía de las hojas todavía agarradas a las ramas, descubres la misma luz que pintó  Cézanne.

La naturaleza es eficiente. Deberíamos imitarla. Tendríamos que cegar los conductos para dejar de alimentar esos sentimientos que nos lastran. Practiquemos la eutanasia con las ofensas que recibimos y con los desprecios. Participemos en los suicidios asistidos de las palabras que nos hirieron y de las que no llegaron y de los silencios. Es la única manera de preservar el nudo germinal para que nazcan nuevos sentimientos en primavera. Si te desprendes de ese lastre, por economía y supervivencia, al salir a la calle, verás flotando como nenúfares sobre el estanque de hojas secas, las ofensas, los desprecios, las palabras y los silencios. Esa composición  te recordará a Monet que, se entusiasmó con el jardín de agua en su casa de Giverny cuajadito de nenúfares, y lo pintó desde todos los ángulos en todas las estaciones.

La naturaleza es austera, sabia, eficiente y, en otoño, es como una acuarela impresionista en la que se expresa toda la gama cromática.

J. Carlos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s