La meada

jardim orquídeas

Estoy asustado. Me he mirado en el espejo esta mañana, tengo la cara como para pegarle dos hostias y desentumecerla. No es extraño, ayer me porté de manera desconsiderada con mi estómago y, sobre todo, con mi hígado. Tengo avisados a estos órganos de que, muy de vez en cuando, han de trabajar a destajo para que no se duerman en los laureles. Confieso que hubo almuerzo con compañeros de trabajo, de cuando la democracia estaba dando los primeros pasos. Admito que hubo cena copiosa con caldo verde, varios platos de Bacalhau  y pastéis de Belém. Me acuso de que el vinho verde tiene aguja, resulta un poco cabezón a partir de la quinta copa y si te cantan fados, casi al oído, entras en un extraño encantamiento que te traslada al Jardim de las orquídeas de Funchal, al Elevador da Gloria en Lisboa, al café Majestic en Oporto y siempre a los versos de Pessoa, ¡No, no digas nada¡ / Suponer lo que dirá / tu boca velada / es oírlo ya. Estoy asustado, pero no es el reflejo de mi cara lo que me asusta. Eso tiene fácil solución, vas al frigorífico, coges la jarra, viertes el agua fría sobre el lavabo, luego juntas las manos haciendo un cuenco, y te restriegas con fuerza como si tuvieras sobre la piel medio kilo de pintura al óleo. Lo que me preocupa es que, por un momento, me ha parecido ver que dentro de mi cabeza no estaban los dos hemisferios cerebrales, habían sido sustituidos por dos enormes riñones, en forma de habichuela, situados uno frente a otro. Te juro que latían debajo de la piel traslúcida de mi frente, y que por sus capilares fluía un caudal de sangre rojinegra formando deltas que anegaban un campo de casi tres millones de nefronas. Después de unos instantes de perplejidad, me he asomado al espejo de aumento y casi me ha dado un soponcio. La lupa me ha permitido desvelar el misterio. Mi sangre estaba cuajadita de todo el detritus que se ha ido acumulando después de dos semanas de campaña electoral. Observé las frases inanes de Rajoy que flotaban como agujeros negros de los que no escapaba ninguna luz, España está llena de españoles y ya nadie habla del paro. Distinguí las mentiras de Esperanza, la condesa consorte, en forma de zurullos que enmerdaban mis glóbulos rojos; sobre la grasa de un ateroma estaba esculpida la frase, yo destapé la trama Gürtel; más adelante, taponaba el codo de un capilar el exabrupto de que la jueza Carmena liberó a etarras. Pude apreciar como la ponzoña lanzada por Cospedal asfixiaba mis glóbulos blancos con grumos del estilo de, somos el partido más transparente y el que más ha luchado contra la corrupción. Afortunadamente, las nefronas, por diferencias de presión, filtraban mi sangre y excretaban, hacia un conducto que terminaba en la vejiga, todos los desechos y toda la basura de la campaña electoral. Al otro lado, un dédalo de capilares llevaba mi sangre purificada y roja a todos los rincones de mi cuerpo. Mañana, cuando me levante, antes de acudir al colegio electoral, echaré una gran meada para librar a mi cuerpo de toda la porquería electoral, con la esperanza de que no haya dado tiempo a que, con tanta inmundicia, se haya formado una piedra y sufra un cólico nefrítico. Después, con la vejiga vacía, ejerceré mi derecho al voto al tiempo que exhalaré un suspiro largo, con el propósito de bombear mi sangre con fuerza desde el corazón para que llegue a los pulmones de la democracia y se oxigene un poco.

J. Carlos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s