Parecidos razonables

plíticos en campaña

 Hay parecidos razonables que son naturales como los gemelos univitelinos, es menester observarlos con detenimiento para sorprender alguna diferencia que nos permita distinguirlos. Si son casuales como los que se dan un aire a Elvis Presley los analizamos con un cierto estupor para apreciar sus semejanzas e, incluso, convocamos concursos donde se premia al más parecido. Otros nos conmueven porque se suceden en el ámbito de las emociones, como en el caso de la cara de los perros que termina siendo un reflejo de la de sus dueños, o viceversa. De hecho, nuestro cerebro se dedica casi en exclusiva a contrastar lo que percibe a través de los sentidos con los datos, imágenes y emociones que tiene almacenados y buscar, mediante asociaciones, parecidos razonables. Hermann Rorschach, en 1921, tomó diez hojas en blanco, vertió medio dedal de tinta en cada una y las dobló por la mitad, luego, con el fin de evaluar la personalidad de sus pacientes, les preguntaba qué parecidos razonables les sugería cada una de las piezas.

En estos días en que arrecia la campaña electoral y nuestros políticos tienen la hormona desatada, que lo mismo te bailan un chotis, te cantan un rap o te anuncian el apocalipsis now si no les votas a ellos, yo he hecho mi particular test de Rorschach. He tomado unas hojas de la política española, he vertido medio dedal de tinta extraída de algún artículo de divulgación científica, las he doblado por la mitad y hete aquí lo que he visto.

Hace cuatro años, te escribí, en esta misma bitácora, Tempus fugit, donde te explicaba, grosso modo, que las células se reproducen de manera asexuada dividiéndose y duplicando su material genético. Sin embargo no se pueden reproducir eternamente porque cada vez que se duplican sufren un deterioro en los telómeros, situados en los extremos de su ADN, con la consecuencia de que envejecen y mueren después de duplicarse unos dos miles de veces. Curiosamente, mientras nuestras células están en el útero materno son inmortales, sus divisiones resultan perfectas porque no se produce deterioro de su material genético. La razón es que mantienen activada una enzima, la telomerasa, cuya labor consiste en restañar cualquier desperfecto en los telómeros. En el momento en que somos paridos nuestras células silencian la telomerasa y perdemos la inmortalidad.

Ahí he visto el primer parecido razonable entre la clase política y las células: Aquellos partidos que no han tocado todavía poder porque son de nuevo cuño o porque sólo conocen los duros escaños de la oposición, son como las células antes de salir al mundo, que no sufren deterioro o menoscabo de sus ideas y programas de forma que pueden vivir eternamente; pero cuando reciben votos suficientes para alcanzar el gobierno, sus ideas y programas sufren el deterioro de la realidad y envejecen al mismo ritmo que sus contradicciones.

En aquella pieza te conté también que algunas células de los cuerpos vivos se rebelan contra esa muerte inexorable, se duplican como locas y, lo que es más significativo, activan la telomerasa y se convierten en inmortales. Son los tumores cancerígenos. La medicina ha conseguido silenciar la telomerasa de estas células para que sufran el mismo proceso de deterioro que las demás, pero este proceso es muy lento por lo que resulta más conveniente bombardearlas con quimio. Un equipo de investigadores españoles del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas ha descubierto la forma de romper la defensa de los telómeros de estas células tumorales, mediante el bloqueo de una de las seis proteínas que, como un capuchón, los protege, en concreto, la TRF1. De esta forma las células cancerosas no sólo pierden su inmortalidad, sino que en pocas duplicaciones resultan tan deterioradas que mueren por apoptosis.

En ese descubrimiento de nuestros investigadores patrios he visto el segundo parecido razonable, porque en política también hay células tumorales que se duplican como locas, son las que crean el cáncer de la corrupción y, gracias a la enzima de la impunidad que funciona como la telomerasa, consiguen duplicarse sin sufrir deterioro alguno. Hay dos vías para extirpar el tumor de la corrupción y terminar con su inmortalidad,

La lenta, es la vía judicial que consigue silenciar la enzima de la impunidad, pero el proceso es tan moroso que casi siempre el cáncer termina con el cuerpo social.

La rápida, consiste en botar a los partidos corruptos y se consigue bloqueando una proteína (el voto a esos mismos partidos) que les protege, de manera que las células cancerosas de la corrupción no sólo pierdan su inmortalidad, sino que resulten tan deterioradas que mueran rápidamente por apoptosis.

Sé un buen ciudadano, bloquéales el voto el día 24 y bótalos.

J. Carlos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s