No es la economía, estúpido, es el sistema

mariano-rajoy

Fue James Carville, estratega de Bill Clinton en la campaña de las presidenciales de 1992 frente a Bush (padre), el que acuñó la frase: “la economía, estúpido” que luego haría fortuna. Es la magia del lenguaje, tres palabras y una síntesis que permearon la mente del ciudadano medio estadounidense como el agua permea las células de un sediento. Después, el propio Clinton en sus mítines la perfeccionó, anteponiéndole el verbo.

Anda nuestro Presidente rastreando con lupa cualquier dato macroeconómico que llevarse a los mítines, mientras el agua negra de la corrupción hace saltar las tapas de las atarjeas por el aire y sale propulsada en un chorro imparable de chapapote. Cree, –y escribo cree y no escribo piensa, porque si pensara no actuaría así- que, mientras nadie pruebe que él mismo recibió sobres de dinero negro, se vistió con trajes de buena tela y mejor sastre y lució corbatas Hermès con cargo a los papeles de Bárcenas, nunca perderá el oremus de los de su parroquia.

No, Sr. Presidente, no es eso, y usted lo sabe. Es un mal sistémico. En la transición se hizo la vista gorda para que los cachorros del régimen no se pusieran de los nervios y de esos polvos vienen estos lodos. Son las mismas élites de entonces, sólo que ahora los collares adornan los cuellos de los hijos y los nietos. Es la misma economía de rapiña, pero como somos más ricos, ahora tocan a mayor pedazo de tarta. Son los mismos valores del enchufe, el amiguismo, el compadreo, el tráfico de influencias, la impunidad, la utilización servil del aparataje institucional en contra de los ciudadanos para favorecer a los suyos. Ahora que usted y sus conmilitones someten a su compadre, el Sr. Rato, de manera obscena y cruel, a la picota del telediario, recuerdo cómo en tiempos del “mejor ministro de economía” se repartió el botín de las empresas públicas por una miseria, y se puso en manos de un puñado de íntimos, con el señuelo de que lo público estaba mal gestionado y había que fomentar la competencia. Hoy, los servicios que prestan las empresas que el Sr. Rato malvendió, son los más caros de Europa y siguen a su frente los mismos gestores que él nombró. Gestores que se han hecho inmensamente ricos para que sus generaciones futuras vivan desahogados por los siglos de los siglos, amén; además, todas ellas constituyen mamandurrias para garantizar el salario a miles de expósitos de la política. El paradigma de este latrocinio es Bankia donde los intimísimos del que a usted le designó a dedo, el Sr. Blesa y el Sr. Rato, no contentos con llevarse cruda la leche de la vaca hasta dejar la ubre más seca que la mojama, pretendieron comerse hasta los higadillos del pobre bicho, estafando a miles de preferentistas, accionistas y a los cuarenta y seis millones de españoles, que hemos tenido que pagar a escote, 23.000 millones de euros.

No, Sr. Presidente, no es eso y usted lo sabe. Un informe reciente de la Comisión Nacional de los Mercados de la Competencia –institución pública que, a la postre, depende de usted- afirma que, las administraciones públicas gastan 47.000 millones de euros de más, cada año, por no abrir el régimen de contratación del Estado. En román paladino, que sustraen el 4,7% del PIB de los bolsillos de los ciudadanos (la mitad de todo lo que se dedica a educación) y se los regalan a los “proveedores” de la Administración. ¿A cambio de qué?: ¿Tal vez alguna parte de esos fondos se anotó en los papeles de Bárcenas? ¿Acaso otras migajas de esos dineros fluyeron hacia la fortuna de los Pujol? ¿Pudo ser que entre presidentes de Comunidades Autónomas, consejeros, directores generales, alcaldes, concejales, sindicalistas, patronos, funcionarios, tonadilleras y adláteres se les pegaran rémoras con forma de billetes de 500? ¿Es posible que, a cuenta de esa miríada de millones, joyeros, hoteleros, lenceros, discotequeros, agencieros de viajes, dueños de puticlubs y otros muchos hayan avivado sus ventas? No es por fastidiar, Sr. Presidente, pero lo ha escrito un juez en un auto, resulta que parte de ese pastel financió sedes de su partido, campañas electorales, viajes… Se ignora si, además, pudo financiar la extraña afición de fumar puros que todavía hoy algunos profesan.

Añádase, Sr. Presidente, los miles de millones repartidos en las diversas loterías: La de los Eres en Andalucía, La lotería de la formación  bien repartida entre sindicatos y patronal. La loca lotería de las infraestructuras ruinosas, económica y socialmente, cuyo premio recae íntegramente en los constructores adictos a los palcos de los estadios de fútbol. Son Aves con menos viajeros que tripulación, aeropuertos sin aviones, autopistas sin coches, puertos infrautilizados, hospitales redundantes, kilómetros de metro sin sentido, tranvías varados, museos faraónicos sin obra que colgar, palacios de exposiciones sin idem, polideportivos sin deportistas, universidades en cada pueblo…).

Le recuerdo, Sr. Presidente, que, para los patriotas del dinero en Suiza y otros paraísos fiscales, habilitaron ustedes una amnistía fiscal, librándoles de la cárcel con un pellizquito de monja del 3%. Que ahora vayamos conociendo la identidad de algunos y sean de la pandilla, es mera coincidencia. Es justo escribir que, los socialistas hicieron dos asquerosas amnistías, pero en la primera cobraban el marginal –más del 50%– y la segunda consistía en que los defraudadores podían comprar activos opacos, los denominados AFROS, con un 45% de retención en origen o, invertir en pagarés para financiar al Tesoro público, con una mínima remuneración. Ya ve, incluso en la inmundicia de las amnistías fiscales –un contradios- siempre habrá clases. Supongo que, como se trataba de evitar la cárcel a los amigos y no es dinero suyo, pues que se vayan de rositas, o casi.

En las casualidades, Sr. Presidente, no creo, aunque haberlas haylas. Supongo que es casual el hecho de que, tres jueces fueran apartados de sus quehaceres –a dos de ellos les retiraron la toga y las puñetas- cuando instruían causas relativas a colegas de partido. Entiendo, asimismo, que no deja de ser casual la antigua militancia en el PP del actual Presidente del máximo órgano de los jueces. Tampoco creo que haya relación causa-efecto que las televisiones públicas bajo su égida, se hayan convertido en el No-Do de un tiempo a esta parte. Ya sé, que es pura coincidencia que los medios afines a su ideología política hayan incrementado sustancialmente la partida acreedora de la publicidad institucional. Supongo que es habitual que los técnicos de Hacienda se distraigan en la observación y catalogación de las facturas falsas, cuando a uno le quedan unos pocos euros para que el fraude se convierta en delito, como en el caso de la Infanta. Valoro la amistad por encima de todo, una virtud que le adorna y le ennoblece, por ello asumo la triste coincidencia del “Luis sé fuerte” y “hacemos lo que podemos”, con el hecho de que el tal Luis se convirtiera en un presidiario. ¿Cómo no voy a estar seguro de que fue una fatalidad que, varias decenas de periodistas estuvieran apostados dos horas antes delante de la casa del presunto inocente Sr. Rato, para que filmaran la presunta detención y captaran, para la posteridad, la imagen del agente aduanero con la mano abierta sobre la cabeza del presunto, para que no se lastimara al entrar en el coche policial?

Sr. Presidente. No es sólo que gran parte de los políticos piensen que la democracia es meter un sobre en una urna cada cuatro años. No es sólo que se hayan ciscado en los interventores para que ustedes pudieran hacer y deshacer a su antojo. No es sólo que hayan apartado de sus servicios profesionales a los funcionarios, a mayor gloria de enchufados, traecafés, correveidiles, carromeros, asesores y otras huestes que les lamen las órdenes y los decretos. No es sólo que hayan constituido empresas públicas a tutiplén para cobijar a los propios. No es sólo que hayan constituido diecisiete estaditos, diecisiete reinos de taifas con sus mercaditos independientes, para rascar poder y portar la vara de mando en las procesiones y fiestas de guardar. No es sólo que hayan hecho de la división de poderes un sayal, como de su capa, con más agujeros que un queso gruyère. No es sólo que para constituir una empresa haya que mantener una guerra burocrática de varios meses. No es sólo que para contratar con la Administración haya que poner el culo ideológico/partidista/familiar/ y aportar al cepillo. No es sólo que haya menos transparencia en los partidos y en las instituciones públicas que en un cenagal. No es sólo que tiren el dinero público en infraestructuras inútiles para que lo mamen los amigos que gestionan las empresas que les óbolean. No es sólo que perdonen 40.000 millones de nada en impuestos a la banca por un vaya a usted a saber por qué o, que el tipo real que pagan las grandes empresas sobre sus ganancias no sobrepase el 5%. No es sólo que se hayan cargado el juego de competencia entre las empresas, que reduce precios y las hace más fuertes. No es sólo que…

Es que han gripado el sistema. Llevan tiempo con la alarma encendida y no se dan por enterados. Mientras duró la burbuja el personal se aplicaba el poema gongorino “ándeme yo caliente y ríase la gente”, y miraba para otro lado. Ahora, que la manta abriga sólo a los ricos, que una parte de la clase media tiene los pies al aire, y que a más de un cuarto de población no le alcanza, los ánimos andan revueltos, como los tiempos. Enderece el timón, póngase el chubasquero y dispóngase a cortar la gran ola que se avecina.

¿El puro?, guárdelo en un lugar seco y seguro.

J. Carlos

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