Gravedad

      curvatura espacio-tiempo

La física que me enseñaban en el bachillerato era newtoniana, comprensible, sencilla, similar a la vida de interno de colegio de curas que también seguía una estructura lineal: clases, recreos, comidas, estudio, misas…No había sobresaltos, todo era explicable y racional. Si te portabas mal te pasaban cosas malas porque Dios -que era como un campo de Higss que estaba en todas partes y todo lo veía- te castigaba; si te ponías en manos de Onan se te licuaba el cerebro y, si se moría tu padre joven y contra natura era voluntad divina y Santas Pascuas o, lo que es peor, algo habrías hecho mal para que Dios te tratara sin misericordia. Así que, a la vez que me enseñaron que la gravedad era una fuerza misteriosa que hacía que los cuerpos se atrajeran los unos a los otros, como los imanes; me inculcaron que la culpa era otra fuerza misteriosa que ejercía una justicia divina e inmediata –no sólo sobre mí, sino también sobre los míos- para expiar mis malas obras, pensamientos u omisiones.

Si aquellos religiosos, con más voluntad que talento y cultura, hubieran leído a Einstein me habrían explicado que la fuerza de gravedad es una ilusión, no es más que un efecto geométrico. De hecho, un elemento masivo como la Tierra deforma –curva- el espacio tiempo de nuestro entorno, así que el espacio nos empuja hacia el suelo. Algo similar a lo que sucede en el programa de televisión Me resbala, presentado por Arturo Vals, donde unos actores cómicos tienen que desarrollar una serie de sketchs sobre un suelo inclinado, mientras la cámara muestra al espectador el plano horizontal. Si aquellos curas hubieran leído algo más que el Breviario, que sacaban de los interiores de sus sotanas negras y leían peripatéticamente a todas horas, me habrían inculcado que, sólo es pecado tratar a los demás de manera diferente a como quieres que te traten a ti,  que la culpa ha de ser solamente un reflejo automático de tu empatía y que la ecuanimidad divina es una mera ilusión, una añagaza de nuestro cerebro para sedarnos con una imposible justicia poética; esto es, que cuando nos vienen mal dadas expiamos nuestros pecados, y cuando las cosas nos van como la seda es porque nos hemos portado arcangélicamente. Amén.

Sin embargo, hay gravedades que matan, por ejemplo la del dinero. El cine, la literatura y la vida misma están cuajados de historias en que el influjo gravitatorio del dinero termina matando. Pero como la realidad es tan cruel y tan original, se supera a sí misma, hay veces que alguien se recrea en curvar el espacio-tiempo mental de sus semejantes  soltando por ahí el dinero, o su apariencia. En octubre de 1988, desde un coche gris, alguien sembró la calzada de la M-30 con billetes de mil y quinientas pesetas  provocando, sólo, afortunadamente, un gran atasco. Este pasado verano, el millonario Jason Buzi, se refocilaba escondiendo “tesoros” de doscientos cincuenta  y cien dólares en ciudades de EEUU, París, Madrid y Londres; utilizaba su cuenta de Twitter para escribir pistas con el fin de que miles de personas se deslizaran sobre el tobogán de la avaricia, mientras, suponemos, se placía en orgasmos de satisfacción. Más recientemente, en el mes que acaba de dejarnos, un lotero de Alaquàs, situó 50 décimos de lotería de Navidad en otros tantos lugares estratégicos  de su pueblo para que sus vecinos perdieran el culo por las esquinas y se desollaran las yemas de los dedos en los orificios, suponemos que con un simple afán publicitario. La última versión de este influjo gravitatorio inducido se ha producido en Shanghái, veinticinco minutos antes de concluir el año, cuando decenas de miles de personas festejaban la Nochevieja, alguien en la plaza Chenyi, desde un bar del malecón, lanzó al aire cupones parecidos a cien dólares, la avaricia desencadenó una estampida; el resultado 36 muertos y 47 heridos, todos ellos jóvenes de entre 16 y 26 años.

Así que el influjo gravitatorio del dinero es ilusorio y sigue la Relatividad General de Einstein, curva la geometría de las conciencias y, como cualquier objeto celeste, cuánto más masivo es con más virulencia se cae en él. De forma que, cuando su masa alcanza una determinada dimensión se convierte en un agujero negro que atrapa las conciencias y, más allá del horizonte de sucesos, las apaga porque no deja escapar ni la luz.

A las pruebas me remito.

 J. Carlos

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Una respuesta a “Gravedad

  1. Brillante y claro tu escrito, como la verdad. Beneficioso para el interés general. Sobre todo, una premonición del acto salvaje y terrorista de ayer en Francia.¡¡¡ Qué relación guarda con tus curas de breviario y sotana!!!

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