I am black

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El personal tiene la baba revenida como los caracoles viejos. Sólo se pregunta si las regalías, en forma de tarjetas, que Blesa nos puso en el bolsillo a sus conmilitones para que le sostuviéramos la poltrona, eran de representación o sobresueldos. Y la gente, como es mala exige, si eran tarjetas de empresa, las facturas y los nombres con quienes comíamos o bebíamos para hacer negocios y, caso de tratarse de salario en especie, quieren que nosotros, los pobres destinatarios de las black, mostremos las declaraciones de Hacienda donde debimos hacer constar esos emolumentos, sin duda, ganados con el sudor de nuestra frente. ¿Qué sabe el preferentista de Caja Madrid o el accionista de Bankia, la cantidad de pastillas de Alka Seltzer que hay que tragar para mantener a raya la úlcera de estómago con tanto comercio y bebercio? Y todo a mayor gloria de la Caja. Éramos los gerifaltes, teníamos que ir en berlina o es que los generales no van a caballo, era una Caja rica, la más rica de España, ¿cómo no iba a mostrar su opulencia? ¿Y qué mejor que a través de sus representantes? O es que crees que los ahorradores van a meter su dinero en un establecimiento donde sus mandamases van descamisados. ¡Vamos anda!

El vulgo no tiene entrañas. Se ensañan con la carnaza de los gastos tarjeteros como las aves carroñeras se ensañaron con las elefantas que Blesa fulminaba en sus safaris. Desglosan los apuntes y, los muy taimados, sacan conclusiones fuera de lugar. Piensa el ladrón que todos son de su condición. Es verdad que hemos llevado nuestros cuerpos maltrechos a clínicas donde nos sometíamos a masajes terapéuticos, para aliviar el manojo de contracturas de nuestros músculos. ¿Qué sabe nadie el suplicio de nuestras posaderas en los sillones de cuero de nuestros despachos, el sufrimiento de nuestras piernas encogidas dentro de nuestros sedanes, o las hernias cervicales que provocan los asientos de First Class en los aviones? ¡Qué sabe nadie! ¿Querrás creer que esta chusma del pueblo piensa que esas clínicas son vulgares puticlubs? Hasta se extrañan que no hayamos gastado un solo euro en libros, discos, películas u obras de teatro. ¡Qué vulgar! Aún no se han percatado de que la cultura es su panem et circenses, aunque el emperador romano se lo daba gratis y ahora los nuestros le sablean con el 21% de IVA.

El ciudadano común, que no ha estudiado en colegios privados, y lo que es peor, se ha apartado de las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia, no tiene caridad cristiana. Ignora la cantidad de santos matrimonios que está destrozando desde que empezó esta ordalía. Desconoce que las más de nuestras amantísimas esposas se han hecho con los listados de nuestros gastos y, cuando llegamos a nuestros hogares cansados del trajín del día, los enarbolan como si fueran pancarteras o perroflautas y nos preguntan con retintín: Cariño, ¿esa joya que compraste es para nuestras bodas de oro? Mi amor, ¿has visto por casa ese Cartier que dice aquí que adquiriste? Cielo, ¿de qué talla son la braguitas de Woman Secret?, lo pregunto porque las compraste hace dos años, he puesto dos kilitos y tal vez tengas que cambiarlas, aunque no sé si las cambian después de tanto tiempo.

Hoy sólo quería escribirte esto: ¡Qué mala baba tiene el vulgo! Son gentuza sin delicadeza, seguramente en el colegio público no les enseñaron que hablar de dinero es de mala educación. Le diré a Wert que tome nota.

J. Carlos

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Una respuesta a “I am black

  1. Díselo a Lucía Figar también y a todos sus coleguitas. :)

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