Ha sido el gato

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Por entonces mi frente no levantaba más allá de la mesa camilla. Mi madre conversaba  con una vecina baja, rechoncha y risueña. Yo jugaba conmigo mismo, supongo que matando indios, dando vueltas a la mesa y moviendo los brazos con grandes aspavientos. El gato estaba, como de costumbre, tumbado sobre el poyete al calor de la lumbre. Había una jarra de vidrio con un tercio de agua sobre la mesa. Al segundo siguiente el vidrio se había estrellado contra el suelo en decenas de añicos y el agua formaba regueros en las baldosas. El gato de un salto y cuatro zancadas había alcanzado ya el pasillo. Mi madre, todavía asustada por el estruendo, preguntó: ¿Has tirado la jarra? Contesté decidido: No, ha sido el gato. La vecina baja, rechoncha y risueña necesitó varios manotazos en la espalda porque se atragantó con sus propias carcajadas. Más tarde, con esa misma mano, mi madre me propinó una azotaina. Cuando mis ojos empezaron a ganar altura y pudieron ver por encima de la mesa camilla, aprendí en el ejemplo de mis padres y en aquella sociedad castellana vieja que, la dignidad consiste en asumir las consecuencias de tus propios actos y responder de ellos, ante ti mismo y ante los demás.

La crisis económica ha levantado una buena polvareda sobre nuestra sociedad que nos impide ver con nitidez, y tenemos para rato, porque el viento de la justicia tiene muy poco fuelle y no consigue arrastrar el polvo. Sin embargo, sí nos alcanza la vista para percatarnos de la degradación ética que asola a la clase dominante del país: no conjugan el verbo responder de sus actos porque no han sido ellos, ha sido el gato. Banqueros que han hundido bancos y han vendido productos financieros tóxicos, o que no han sabido gestionar los riesgos poniendo en solfa el capital de sus accionistas y el propio sistema financiero. Constructores que basan su trabajo en el soborno. Políticos que han regalado a sus amiguetes puestos para los que no tenían preparación alguna; o que  se han repartido sobres a cambio de adjudicaciones de obras, recalificaciones de terrenos o realización de obra civil innecesaria; que han afanado hasta las ayudas a países pobres;  o han pulido el dinero de todos en aeropuertos sin aviones, en hospitales sin enfermos, en autopistas sin coches, en polideportivos sin deportistas… Jefes de la patronal y de los sindicatos que se han embolsado las subvenciones para la formación o para los eres. Reales personas que se han llevado dinero público a cambio de informes vacíos o inexistentes. Periodistas que inventan conspiraciones para vender más periódicos o para quitar y poner gobiernos ciscándose en la democracia. Si les pillan con las manos en la masa, cosa extraña porque zorra no come zorra, alegan que no han sido ellos, ha sido el gato. Da igual que sea Infanta, Presidente del Gobierno, Ministro, Alcalde, Concejal, Jefe de la patronal, Jefe sindical o Miembro destacado de la oposición, Banquero, Constructor o Tesorero.

La dignidad no se compra, la dignidad se mama. Cada vez que oigo a uno de estos echarle la culpa al gato no puedo menos que acordarme de la leche que mamó. Si encima tienen la desfachatez de impartir lecciones de moral, me cisco en la madre que lo parió.

J. Carlos

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