Algo huele a podrido, y no precisamente en Dinamarca.

imagesQue la cabra tira al monte es algo sabido, al igual que es harto conocido que, la naturaleza humana tiende a los bajos instintos en cuanto se desinhibe. Y no hay mayor droga para sentirse desinhibido que la impunidad. No me extraña que el latrocinio y la corrupción campen por estos lares porque esos delitos:

O no se persiguen o,

Si se persiguen son los perseguidores los que terminan condenados (véase el caso del juez Garzón único condenado y privado de su carrera y profesión en el caso de la Gürtel) o,

Cuando se demuestran, resulta que había defectos de forma en el procedimiento (caso Naseiro), o habían prescrito (casos Fabra y Tabarés, entre otros)

De terminar juzgando y condenado al corrupto se produce un acuerdo espurio (caso Pallerols) o, se reúne el Gobierno de turno, y al amparo de una ley decimonónica, aplica el indulto (caso del Consejero Delegado del Banco de Santander Sr. Alfredo Saez, indultado por el gobierno interino de Zapatero, y el de los diputados de CIU indultados por el gobierno de Rajoy).

La culpa enervada, el dinero lavado y aquí paz y después gloria. No es de extrañar que el ciudadano se sienta como una puta que, encima, debe poner la cama.

Los ciudadanos ya estamos avisados de los Filesas, Gürtels, Palaus… Somos conscientes de que los partidos políticos son manirrotos y en las campañas electorales esnifan todos los billetes que puedan garrapiñar. Los ciudadanos somos conocedores de que: Aceptan donaciones que son como pagarés que vencen en futuros concursos públicos. Cobran comisiones por obra pública, recalificaciones de suelo y adjudicaciones. También se financian, de forma indirecta, a través de la condonación de préstamos adeudados a los bancos. Los ciudadanos ya estamos al cabo de la calle de que crean la figura del asesor para enchufar a sus conmilitones en las diversas Administraciones públicas. Los ciudadanos intuimos que crean algunas Empresas públicas, Fundaciones y hasta ONGs para colocar a familiares, amigos, deudos y amantes. Los ciudadanos también tenemos acreditado que, gran parte de ese dinero que circula entre las alcantarillas de las empresas y las de los partidos, se pierde entre los bolsillos de algunos avispados que conocen los codos y los recodos por donde circula la mierda. Los ciudadanos percibimos que tanta obra pública innecesaria y tanto sobrecoste sobrevenido, tienen razones ocultas que se manifiestan en la forma de vida y ostentación de algunos personajes cercanos a los partidos y, en ocasiones, en la contumaz suerte que les depara la lotería. Los ciudadanos sospechamos que han utilizado a las Cajas de Ahorro y algunas antiguas empresas públicas, como condominio para repartirse sueldazos, sinecuras, prebendas y planes de pensiones que heredarán hasta sus bisnietos. Los ciudadanos sabemos que para que haya corrompidos ha de haber corruptores y que la ley que rige entrambos es la de la Omertá.

Los ciudadanos somos culpables de haber guardado silencio.

Gracias al elefantiásico ego de Pedro Jota que juega a ser el Rasputín del reino, y a su mal llamado periodismo de investigación, que consiste en que le van con la mierda a casa para que la exponga públicamente siempre que el ventilador esté orientado para que el hedor embargue a sus contrarios; si es de los propios, se pone a buen recaudo para utilizar, en su caso, cuando el Rasputín Pedro Jota cambie de chaqueta o, cuando cambie la dirección del viento. Escribía que, gracias a la impagable labor del ventilador de Pedro Jota, que es amarillo como el submarino, hemos sabido de las correrías del “Duque em Palma do”, y de que en el partido que nos gobierna, algunos de sus directivos, se llevaban “sobre sueldos” en dinero negro, el mismo color que las deposiciones con sangrado del tracto superior gastrointestinal. Lo más triste es que no me asombra. Ya ves, no me asombra el patético surrealismo del cuento de la columnista Amy Martin, que recibía tres mil euros del ala por artículo en una revista de la Fundación Ideas (PSOE). Ni siquiera consigue asombrarme que la condesa consorte de Murillo, Esperanza Aguirre, actualmente dedicada a la caza de talentos, despidiera, según nos cuenta ahora, a su consejero López Viejo y algunos otros de “sus talentos”, que se dedicaban a cooptar “cooperantes” con dinero negro (Gürtel) para financiar los mítines de la lideresa; Los echó sí, pero nos se le ocurrió poner los hechos en conocimiento del fiscal de turno por si fueran constitutivos de delito, y sin que se la haya pasado por su privilegiada cabeza devolver, a los ciudadanos madrileños, el dinero presuntamente afanado.

Pero sí me asombran otras cosas, a saber:

Me asombra que nadie se pregunte el porqué el Sr. Diego Torres chantajea a su socio Urdangarín con un tropel de correos electrónicos; por cierto, el que guarde todos los correos ya es un elemento indiciario de la calaña del personaje. Sólo caben dos opciones: O espera que el Sr. Urdangarín entone un mea culpa urbi et orbi que  exculpe al otrora profesor del IESE, lo cual se antoja una quimera porque abundan las pruebas en contra de ambos, así que sería inútil que Urdangarín optara por comerse sólo el marrón. O piensa que la Casa Real puede intentar doblar la mano a la justicia. Y eso es bastante más que inquietante.

Me asombra, asimismo, que nadie se pregunte el porqué el Sr. Bárcenas chantajea a Rajoy con hasta siete cajas de documentos comprometedores. O espera que el PP se hunda con él en una ceremonia de haraquiri colectivo, cosa harto improbable, a la par que inútil y estúpida. O piensa que Rajoy puede intentar doblar la mano a la justicia. Y eso es bastante más que inquietante. ¿No fue lo que hizo con Garzón? ¿No lo está haciendo su partido actuando como acusación particular en el proceso “Bárcenas” y poniendo palos en las ruedas del proceso? ¿“Le hizo (Rajoy a Bárcenas) un traje fiscal que se adapta a su dinero negro como un guante de látex a los dedos de un cirujano”? –como escribía el viernes en su columna Juan José Millás-.

Te confieso que sí, estoy pasmado de que los ciudadanos sigamos guardando silencio y sorprendido de que, desde los pináculos del poder se piense que aún es posible extorsionar a LA JUSTICIA a la vista de todos, con fanfarrias, bombos y platillos.

J. Carlos

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