Banalidades

Banalidades

Con resignación cristiana me he metido entre pecho y espalda la entrevista que el Sr. Rajoy ha perpetrado en ABC. Ya me temía que la tendencia a la mudez de este hombre no proviene, como afirman sus palmeros, de que sepa medir con inteligencia los tiempos políticos o de su cacareado carácter gallego; me inclino por aplicar el principio de la Navaja de Ockam, de que la teoría más simple tiene más probabilidades de ser la correcta; esto es:  No tiene nada que decir. Durante quince minutos sostuve entre los dedos un lápiz recién afilado para subrayar alguna idea, alguna afirmación destacable, algún programa de partido, incluso, algún predicado en forma de objetivo básico que como ciudadano pudiera echarme a la mochila de la esperanza. Nada, por más que escarbé no fui capaz de encontrar ni una sola línea que mereciera el gasto de unas micras de grafito. Banalidades, tópicos, lugares comunes. Vacuo, torpe, plano y triste, muy triste, derrotado. Te confieso que me asusté de mi mismo por no haber encontrado nada digno de subrayar y hasta me insulté. “Eres un sectario” –me dije-. Así que espigué de entre los periódicos nacionales, al fiado de que la profesión periodística habría sabido ver lo que la viga de mi ojo me impedía. Sin embargo, las primeras planas más audaces sólo habían encontrado titulares que podían haber sido pronunciados por un becario del PP: “Estoy convencido de que cumplir con mi deber me llevará a volver a ganar las elecciones”; o este otro:Quien me ha impedido cumplir mi programa electoral es la realidad”. Por cierto, que alguien debería explicarle a nuestro Presidente que la realidad no es nadie para que la trate de quien.

Que su incapacidad era innegable, ya se sabía; pero el sectarismo que vota a las siglas, aunque el mandamás tenga las mismas luces que el corcho de una botella, unido al cabreo que en la mayoría había provocado el buenismo inane de Zapatero, le han aupado a gestor de nuestro futuro.

Este Registrador de la propiedad, con plaza en idem, en la localidad de Santa Pola, es un Fénix de los ingenios. No en vano de sus labios brotaron frases lapidarias, como la de que el chapapote que vomitaba el Prestige se reducía a “unos hilillos de plastilina”; o aquella, antológica, en que afirmaba que él no creía en el cambio climático porque “tengo un primo físico catedrático que me ha dicho que ni siquiera se puede saber el tiempo que va a hacer mañana en Sevilla”; y qué me dices de su discurso dirigido al público infantil: “Los chuches, (Zapatero) va a subir el IVA de los chuches”.

Se empieza por ser nombrado a dedo, se pierden unas elecciones y se echa al partido a la calle con toda la maquinaria mediática, so pretexto del pucherazo más exótico y más vil que jamás se haya insinuado, el de que el partido ganador ha ideado, planificado y ejecutado al mayor acto terrorista de toda la historia española y europea, con el maléfico fin de robarle el gobierno al PP. Cuatro largos años con el soniquete, retransmitido, amplificado e inoculado cada día por los medios que habían visto mermado su pesebre. El Sr. Rajoy, callaba y otorgaba. El partido que presidía y preside opositó durante toda una legislatura montando el cristo, rasgándose las vestiduras, sacando a la calle a los niños, a los obispos, a los cardenales… cada vez que democráticamente se aprobaba una ley con la mayoría en el Parlamento, como manda la Constitución, ya fuera la ley de educación, la de la memoria histórica, la de plazos del aborto, la del matrimonio homosexual, la de la dependencia, o la del estatut de Cataluña… Cualquier ocasión fue buena para montar la bronca política, dividir, sembrar cizaña, amenazar, zaherir personal y zafiamente a las ministras. El Sr. Rajoy, a lo más, se fumaba un puro y echaba la ceniza al fuego.

Si durante la primera legislatura el partido que presidía y preside el Sr. Rajoy daba patadas al partido en el gobierno en nuestro culo, en la segunda se dedicó con asenso del susodicho, a fustigar y menoscabar la idea de España y su credibilidad internacional. Veamos: Permitió que el Sr. Camps, incluyera en su Estatut Valenciá quesi Cataluña conseguía café, Valencia también. Eran tiempos en que este profeta llamado Rajoy decía: “Vamos a hacer en España lo que Jaume Matas hizo en Baleares”. Tiempos en que consentía que su mentor, el Sr. Aznar se paseara por esos mundos de dios como ex presidente de España y, con su inglés en mil palabras y acento tejano, dijera que España estaba en bancarrota. Tiempos en que se negaba a aprobar las medidas que Europa exigió a Zapatero, y que salía a la calles con mesas petitorias demandando, junto a Esperanza Aguirre, la insumisión a la subida del IVA, vamos,  como cualquier perroflauta. Tiempos en que su lugarteniente y, actual, Ministro de Hacienda, Sr. Montoro excalamaba “Que caiga España, ya la levantaremos nosotros”. Tiempos en que cuando la prima llegaba a trescientos estábamos rescatados; siendo que, con ellos al mando, ha llegado a seiscientos y no pasaba nada. Estos chicos, a lo que se ve, tienen un sentido de la Patria, como mínimo, obtuso y confuso.

El indolente Rajoy, presentó un esquema electoral a las últimas elecciones que se resumía en una sola frase: “Haré lo que Dios manda y lo que se tiene que hacer”. Signifique lo que signifique tal aseveración. Ganó. Y fue ganar y hacer todo lo contrario de lo que decía su programa: subió IRPF, IBI, Impuestos especiales, subió el IVA y decretó la amnistía para los defraudadores; se ciscó en los funcionarios bajándoles el sueldo reiteradamente, despidiendo a empleados públicos; recortó en educación pública e incrementó la subvención a la privada; privatizó la gestión de la sanidad pública y la desmontó; se cargó la dependencia; redujo el paro… En cambio, salvó a las Cajas de ahorro gestionadas por trileros con dinero contante y sonante, creó el banco malo como un tocomocho para darles euros frescos a cambio de activos que valen la mitad. Y todo a decretazo limpio. Ya lo dijo en una radio: “Haré lo que sea aunque haya dicho que no lo iba a hacer”. Maquiavelo no lo hubiera resumido mejor. Estarás conmigo en que se le ha de quedar cara de pánfilo, al reconocerse en los sucesivos videos diciendo lo contrario de lo que dijo, haciendo lo que dijo que no iba a hacer y ninguneándose a sí mismo, en uno de los ejercicios más chabacanos que se hayan visto nunca jamás. Bueno no sé, para que se te quede cara de pánfilo hay que tener sentido del ridículo y un poco más de lucidez que la que constata. No sé si recuerdas que después de venir de Bruselas de recibir un sonoro varapalo, va y dice: “Esto no debería decirlo, pero el que he presionado he sido yo”. Ni sentido del ridículo, ni un mínimo de lucidez.

Así que, si te da por leer la entrevista, te anticipo que no encontrarás un gramo de grandeza, ni un milímetro de sentido de Estado, ni un tamo de sentido democrático, ni una brizna de justicia, ni una pizca de fe en los españoles y, lo más grave, ni una traza de inteligencia. Podía haber manifestado que se iba a reunir y hablar con todas las fuerzas sociales, dialogar para firmar un pacto social que incluiría, sin duda, sacrificios para todos: Bajar el salario y la jornada para repartir el trabajo y aliviar a tantas familias en paro. Podía habernos sugerido que dedicáramos el tiempo de sobra a atender a las necesidades de la comunidad más perentorias, a formarnos, investigar y a participar en proyectos e ideas comunes que puedan ser el germen de empresas y emprendedores. Podía habernos pedido nuestra colaboración contra el fraude y la economía sumergida. Podía haber contestado que iba a promover un gobierno de concentración formado por políticos en el primer nivel y, en el segundo, por gestores de reconocido prestigio, los cuales, en base a un programa riguroso en el que se buscaría la colaboración de las mentes más privilegiadas del país, implementaría las reformas más perentorias; a saber: Las del Título VIII de la Constitución: Estableciendo un sistema de Regiones gobernadas autónomamente, con un régimen de ingresos propio para hacer frente a los servicios que se fijen nominativamente en la Carta Magna y con eliminación de los derechos forales. Serían: Galicia, las dos Castillas, País Vasco, Aragón, Extremadura, Cataluña, Valencia, Andalucía y Canarias. Eliminación del Senado que sería una Cámara territorial formada por los representantes de las Cámaras de las Regiones. Referéndum sobre la forma de Estado. Centralización de la Caja única de la Seguridad Social, de la Sanidad pública, de determinados aspectos de la Educación, del Mercado Único y de la Transparencia. Estimular la competencia y eliminar la vicaría del B.O.E. con la mayor parte de las empresas del IBEX. Eliminar Diputaciones, Veguerías, Ayuntamientos de menos de mil habitantes, así como todos los cargos políticos de Director General para abajo y de todos los asesores. Invertir en Investigación y desarrollo. Alquilar a un precio módico los más de un millón de pisos sin vender…

En fin, que este hombre que parece gobernarnos, ha de tener, forzosamente, las neuronas perezosas.

 

J. Carlos

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Una respuesta a “Banalidades

  1. Gracias por compartirlo, est estupendamente . Bss

    Buen dia

    Date: Mon, 3 Sep 2012 16:34:35 +0000 To: amimorato@hotmail.com

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