Corrupción

Corrupción

La tecnología aplicada a las redes es mano de santo para la eficiencia Hay ejemplos a barullo. Tecleas una palabreja en tu teclado y Google, con un algoritmo llamado motor de búsqueda, que es extremadamente complejo y sofisticado, y también algo tramposo, te sirve en segundos un menú con todos los ingredientes que utilizan esa palabra. Basta que hagas una llamada telefónica para que un submundo de máquinas silenciosas encaminen tu voz, tus datos o tu imagen a su destino por un sinfín de caminos tortuosos, aunque viajes en el Ave hacia Cantón, a trescientos cincuenta kilómetros por hora, y tu interlocutor vuele a Nueva York, a novecientos, en una noche de tormenta. No te cuento el universo de transacciones financieras que se realizan en bancos como Santander o BBVA, donde una especie de armarios negros plantados en un área no superior a medio estadio de fútbol, y emitiendo apenas un leve bisbiseo que produce el filo de las aspas de sus ventiladores al cortar el aire, son capaces de ejecutar más operaciones en un segundo que las que procesaban durante una década hace cincuenta años. Ya sabes que el éxito de Zara se debe fundamentalmente a su red logística de distribución; y que las redes eléctricas, de transporte, de paquetería… son verdaderos paradigmas del uso de la inteligencia artificial, de forma que distribuyen sus productos con la menor inversión de recursos posibles y en el menor tiempo.

Sin embargo hay dos redes, la del agua y la de la gestión pública que  carecen de la más mínima inteligencia para ser eficientes. En la canalización del agua fuimos en otro tiempo pioneros, todavía hace poco más de un siglo usufructuábamos los acueductos que nos legaron los romanos y, en su momento, gracias a los árabes, le dimos al mundo lecciones de riego por el método de acequias; sin embargo, hoy en día, se nos pierden por las tuberías de agua de boca el 30% del líquido elemento, y todavía hay zonas donde se riega a manta.  Algo similar ocurre en la red de la gestión pública, por la que se nos esfuman más del 30% de los ingresos antes de entrar –economía sumergida más desidia fiscal- y por las alcantarillas de la corrupción, el nepotismo y el manganeo del gasto se nos vierte otro tanto. La gestión de la distribución del agua tiene fácil solución, basta con monitorizar con sensores toda la red de embalses, estaciones de bombeo, sifones y tuberías y acoplar contadores electrónicos en las tomas de cada usuario. Lo de dotar de inteligencia a la red de la gestión pública es un poco más complicado porque es la zorra de la política la que administra el gallinero público. Como los políticos, pillados in fraganti en lo de la Gürtel, los Eres, Valencia, Baleares, etc., han de hacer de la necesidad virtud, han enarbolado, como quien enseña una bandera blanca de rendición, un anteproyecto de ley de transparencia que, si se aplicara con carácter retroactivo, enviaría a la cárcel a su Ministro de Justicia y a gran parte de Presidentes de CCAA y de Alcaldes. Bienvenida sea. Pero que no nos engañen con trampantojos: Son los políticos los que han menospreciado la función pública, se han cargado sus cuerpos de élite y se han ciscado en la intervención pública y en los inspectores del Estado. Han legislado para soslayar todos los controles que sofocaban sus bajos instintos de corrupción. Y lo que es más grave, han expuesto una pedagogía del pillaje y de la impunidad que está lastrando la economía española para las próximas dos décadas. No, no me refiero sólo a las matasadas dícese de la acción que consiste en el expolio de las arcas públicas por el gestor político, ya sea mediante ingreso directo en sus bolsillos, ya sea en los de sus amigos o testaferros. Este vocablo recibe su nombre del que fuera Presidente Balear, Jaume Matas, el cual, durante su mandato, tuvo una dedicación meritoria a estos menesteres-. Me vengo en referir también a esa madeja clientelar de empresas -muchas del Ibex-, asociaciones, fundaciones y particulares que son vicarios del poder político y de sus decisiones. A lo que hay que añadir las arbitrariedades de utilizar el dinero o los bienes públicos para apesebrar a los amigos, a los paniaguados y a los pelotas, ya sea vía publicidad a los medios, contratos a dedo, concursos públicos, etc.

Ni siquiera se precisa una intrincada red neuronal para evitar que el dinero público no llegue a las arcas y después se nos desagüe por las alcantarillas. Es más fácil que todo eso: Dejen a los funcionarios y a los técnicos redactar los informes con independencia. Rescaten a los Interventores del Estado, a los inspectores de Hacienda, a los de Trabajo, etc. Cuelguen en internet todos los pagos con dinero proveniente de las arcas públicas, así como su justificación; publiquen también los concursos, los informes, las adjudicaciones, las certificaciones y las libranzas de pago. ¿No quieren terminar con la corrupción y la economía sumergida?, atrévanse a exigir todos los pagos en territorio español con dinero electrónico para cantidades superiores a 100 €, siempre que quede constancia el nif del ordenante y el recipiendario. Pongan el patrimonio del partido –el presente y el futuro- como responsable solidario de las responsabilidades pecuniarias públicas de cualquier miembro del mismo que sea elevado a la dignidad de cargo político.

Y después, señores políticos, que les den unas clases de ética y estética. Me temo que muchos de ustedes son huérfanos de ambas. No se trata sólo de no llevárselo crudo, sino de poner los medios y las reglas para que no se los lleven otros. Se llama omisión del deber.

J. Carlos


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