Paparruchas

Paparruchas

Las dos primeras acepciones de la palabra paparrucha según el diccionario de la Real Academia Española son: 1.-Noticia falsa y desatinada de un suceso, esparcida entre el vulgo. 2.-Tontería, estupidez, cosa insustancial y desatinada.

Llevo escuchando y leyendo paparruchas desde siempre. Pensé, ingenuo de mí, que este nuevo gobierno no me vendería más paparruchas, por dos razones: La primera porque su programa electoral anterior a las elecciones era un enigma, estaba inédito, que es una forma de no caer en la paparrucha. La segunda porque si algo se esperaba de los nuevos gestores en lo económico era, recortes sociales, privatizaciones, y desmantelamiento paulatino del estado del bienestar, esto es, neoliberalismo a la americana; y en el plano social, era esperable un  vuelco legislativo hacia un estado confesional católico alineado ideológicamente con el pensamiento de Rouco y sus acólitos.

Lo que no me esperaba es que personas de moral católica arraigada y comulgada dominicalmente nos mintiera en cada uno de las cuatro únicas afirmaciones que dejaron escapar. Veamos:

Primera mentira: “No subiremos impuestos porque reduce el consumo, frena la dinámica económica y produce paro”. Fue tomar posesión y agarrar el BOE con la misma ansiedad con que se aferrarían a un cuenco de agua después de atravesar el desierto de Kalahari, y hartarse de subir impuestos… al salario y a la vivienda. ¿Qué te creías que iban a tocar las Sicav, o darle un toque a las grandes fortunas, o perseguir el fraude?

Segunda mentira: “No vamos a abaratar el despido”. Lean el Real Decreto Ley 3/2012 del 10 de febrero. De 45 días por año con un máximo de 42 mensualidades se ha pasado a 33 días por año con un máximo de 24 mensualidades. Y ampliación ad infinitum las causas objetivas de despido, el de 20 días por año, para que la rebaja sea más profunda que las de enero de los grandes almacenes.

Tercera mentira: “Simplificaremos y reduciremos los contratos laborales”. Había 16 tipos básicos de contratos, la nueva norma no sólo no reduce, sino que crea uno nuevo.

Cuarta mentira: “En esta legislatura crearemos tres millones de puestos de trabajo”. Sin comentarios.

Vamos, que nos enseñaron la patita cubierta de harina como el lobo del cuento para parecer corderitos.

Lo inquietante es que, cada día, los recién nombrados ministros, con una verborrea diarreica más que notable, obran su incontinencia sin piedad ni rubor ante cualquier micrófono, tanto acá como allende nuestras fronteras, sea con entrevista de por medio o sea evacuando palabras necias sin advertir la existencia de esos aparatitos que recogen el sonido o, a sabiendas, vaya usted a saber.

Tan modositos ellos, tan creíbles, que fue llegar y los mercados bajaron su presión sobre la deuda (sus palmeros dixit). Callan que la deuda la compran nuestros bancos con la barra libre que ha abierto el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, en unas condiciones que ya quisiéramos tú y yo: Al 1% a pagar en 3 años. Dice Mario que es para que fluya el crédito. Otra paparrucha. Toman el dinero al 1% y compran deuda del estado al 5%. Negocio redondo y sin riesgo. Tú y yo ponemos el dinero que nutre las arcas del BCE y también pagamos la deuda que nuestro Gobierno coloca al 5% a nuestros queridos bancos. Eso es ser emprendedor lo demás son gaitas.

Sabrás que Mario Draghi lo mismo que Mario Monti, a la sazón actual primer ministro de Italia, trabajaron en Goldman Sachs, igual que Luís de Guindos nuestro flamante ministro de Economía y Competitividad. Sabrás también que, Goldman Sachs estuvo en el epicentro del fraude de las hipotecas subprime; de hecho, fue acusado en abril de 2010 por la Comisión del Mercado de Valores de EEUU. Aunque Goldman desapareció como banco de inversión en 2008, antes había ayudado al gobierno griego del conservador Karamanlis a ocultar el déficit de las cuentas de su país a la Unión Europea. De aquellos polvos estos lodos. Por cierto, en ese momento Mario Draghi era vicepresidente ejecutivo para Europa. ¿No me digas que nos  son paparruchas?. Ponen los zorros a cuidar el gallinero.

La pasada semana nos vendieron la reforma del sistema financiero. Mira que era fácil: Se trataba de:

1.- Imponer a las entidades financieras la exigencia de provisionar la pérdida del valor real de los activos inmobiliarios adjudicados en pago de créditos, con cargo a reservas.

2.- Exigir que se fusionaran aquellas entidades cuyos balances sumados fueran más sólidos que el de las entidades individuales.

Se conseguían dos objetivos básicos:

a)     Que los bancos sacaran los pisos a la venta a un precio que asuma el mercado. Más o menos, el 50% de su valor en libros.

b)     Sanear los balances de las entidades fusionadas, fortalecer el capital y reducir el exceso de capacidad en oficinas, logística y cálculo, administración, brokerage, personal, etc.

Parió De Guindos la tan cacareada reforma financiera y tuvimos un parto de los montes, mucho ruido y pocas nueces. A saber:

De los 50.000 millones de € que les exige de provisión a las entidades financieras, resulta que la mitad se solucionan con cambalaches contables. Los otros 25.000 apenas suponen pasar de una cobertura de los inmuebles adjudicados del 31% actual al 35%. Una minucia. En suma, todos pensábamos que le iba a propinar un tortazo a los bancos y se ha quedado en una simple y suave carantoña. Obvio, ya sabes el dicho de que perro no come perro. Ni van a sacar los pisos a la calle a un precio razonable ni, por supuesto, van a correr el riesgo de dar nuevos créditos cuando rentan por la compra de la deuda pública un 4% sin mancharse y con el dinero ajeno sin límite, pues tienen la chequera en blanco de Mario Draghi a su disposición. Es más, vaticino que con el incremento del paro, la morosidad se pondrá a tal nivel, que esos 25.000  millones serán calderilla. Los estudios serios ya apuntan que será necesario dotar, por la vía ordinaria, más de 50.000 millones nuevos –parné, billetitos frescos y no cambalaches contables-. Para entonces no es que no den crédito porque la deuda les es más rentable, es que no tendrán liquidez ni para prestar a las empresas y a las familias, ni para comprar deuda del estado.

Lo de las fusiones ha quedado tan descafeinado que permite que Bankia –un monstruo que tiene los pies, las caderas, el pecho y la cabeza de barro, pero de barro arenisco, no de barro consistente- se ajunte con cualquiera, y así que pasen unos años por si escampa. La normativa permite que se sumen balances indigeribles para crear la ilusión de fortaleza. No han aprendido que si sumas Bankia, Bancaja y Banco de Valencia, el resultado es la misma mierda pero un solo mojón. Patético. Eso sí, se tira de demagogia y el personal se la traga doblada: Ordena que a los mandamases de las Cajas que reciben dinero público se les reduzca el sueldo y el súbdito aplaude con las orejas. ¿Quién va a leer la letra pequeña? ¿Quién va a caer en la cuenta de que cuando pasen tres años, Rato, por obra de birlibirloque, cumplirá los objetivos propuestos por él mismo, y se llevará en sobrecitos el dinero fresco, en acciones, y en un nutrido fondo de pensiones, los 2,3 millones anuales que hasta hoy se embolsaba?

¿Son o no son paparruchas?

Si tienes un minuto, te cuento la última. La ministra Fátima Báñez, que estudió la misma carrera y en la misma Universidad que quién te teclea cada semana estas insensateces, va y produce la reforma laboral: Rebaja el coste del despido. Multiplica las causas objetivas para que la empresa pueda despedir con 20 días por año. Facilita la bajada salarial por decisión del empresario. Y desactiva la regulación colectiva y, con ello, lamina el poder sindical. Iba a ser mano de santo. Pero, echemos unas cuentas, grosso modo, como hacían los labradores de mi pueblo al poco de recoger la cosecha:

1.- Hay 18 millones de personas ocupadas en España. Casi la mitad rota cada año, esto es, se extingue su contrato y firma uno nuevo. La gente que pierde su empleo se distribuye de la siguiente forma: el 66% porque termina su contrato, un 18% por decisión del trabajador, el 10% por otras causas. Y sólo un 5,15% por despido.

            Corolario: Abaratar el despido sólo afectaría al 5,15% de la población que pierde su trabajo.

            2.- En España hay censadas 1.4 millones de empresas. De las que hay que restar 554.000 que sólo tienen un trabajador. Sí, hombre, es que hay empresas que para contratarte exigen que te des de alta como autónomo para quitarse de en medio las cotizaciones a la Seguridad Social y las indemnizaciones por despido. La inspección de trabajo es inexistente o mira para otro lado. Otras tantas, 541.000 empresas tienen menos de cinco trabajadores. 284.000 tienen una plantilla superior a 5 e inferior a 50 trabajadores. Solamente 2.021 empresas tienen más de 500 empleados.

            Corolario: La tan manida regulación de los convenios de empresa, sólo afecta a 2.021 empresas.

            3.- Por último te reseño, para tu acervo estadístico, que, el despido por causas objetivas sólo afecta al 3,17% de las bajas laborales iniciadas por las empresas.

Corolario: Se ha hecho una reforma laboral para el 3% de las bajas laborales.

Sí, caro amigo, la reforma laboral es un chaleco hecho a medida de las grandes empresas del sector financiero, el de telecomunicaciones, el de seguros, el eléctrico, el de los grandes almacenes, el hostelero mayorista, el automovilístico, una pequeña parte del tejido industrial,  y el de medios de comunicación. Dos mil empresas cuyos trabajadores deberían echar sus barbas a remojar. Se trata de reordenar la mano de obra de las únicas empresas que hoy por hoy mantenían unos salarios dignos, para a continuación contratar mano de obra más barata y reducir drásticamente el coste medio laboral.

De camino el gobierno se encontrará con que, el colectivo de esas 2.000 empresas está formado por trabajadores que sostienen las cotizaciones sociales, porque tienen contratos fijos y cotizan por las bases más altas. Así que verá cómo se incrementará el paro hasta rozar los 6 millones de empleados; se hará insostenible la partida del desempleo porque tienen derecho a los máximos subsidios; y se ampliará el déficit de la Seguridad Social. Para paliar la situación reducirán las pensiones como ha hecho el gobierno griego y el portugués. Pero deberá caer en la cuenta de que estos trabajadores contra los que se ha hecho la reforma laboral son sus votantes y además, están acostumbrados a una vida digna. Ya se sabe, pasar de burro a caballo estupendo, de caballo a burro, malo. Y éstos no esperarán a que los convoquen los sindicatos para echarse a la calle.

Iluso de mí que creí la paparrucha de que eliminarían las trabas burocráticas a las pymes; exigirían a los bancos el afloramiento del crédito; afinarían su fiscalidad para hacerla más justa; reducirían el coste de los alquileres, la electricidad, las comunicaciones, el transporte; fomentarían la competencia para que consiguieran los productos más baratos, etc. Iluso de mí que no acabo de caerme del burro de que sólo son liberales de boquilla.

Esto de la ingeniería social vende mucho en Alemania, pero las reformas sociales las carga el diablo y nunca se sabe por dónde saldrá el tiro. Felipe González montó la escopeta de los contratos temporales y le salió el tiro por la culata.

¡Qué triste! Es domingo, tarde, y yo aquí hablándote de paparruchas, siendo que me está esperando Mújica Laínez para contarme Bomarzo.

              J. Carlos

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