Esperpento

Esperpento

El callejón del gato ya no existe, ni sus espejos deformantes, uno cóncavo y otro convexo, a los que, según Pedro de Répide, iban “los niños y los adolescentes por ver sus imágenes deformadas pareciéndose a Quijotes y Sanchos”. Ahora se llama calle de Álvarez Gato, poeta madrileño que llegó a ser mayordomo de Isabel la Católica. En los reflejos de aquellos cristales azogados hizo buscar Valle-Inclán a su personaje Max Estrella en Luces de Bohemia la verdad de la España de entonces. Estaba creando un nuevo género literario: el esperpento, aunando lo grotesco como forma de expresión y la deformación sistemática de la realidad.

Hoy ese género literario se ha convertido, en esta España nuestra, en la realidad de cada día. Valle hoy no tendría que pasear a sus personajes por el callejón del Gato, bastaría con que prendiera su televisor o su radio o, darse una vuelta por el kiosco.

¡Qué ironía!, ahora que las pantallas de los televisores son planas es cuando más personajes grotescos alumbran. Por un lado están los Kikos, Franes Álvarez, Aídas…; una panoplia de verduleros sin oficio ni beneficio que aportan el morbo de desnudar a gritos sus insípidas existencias, y de glosar las piezas de casquería que van recibiendo, a golpe de rumor y sms, de señoritas con furores uterinos y señores con la testosterona desbocada. Por otro, están esos señores encorbatados y señoras repeinadas que se sientan en semicírculo para platicar en tertulias polícromas, en seguida elevan el tono de voz como si estuvieran sordos, se roban la palabra, se zahieren y se insultan, entonces constatas que en esas batallas adialécticas la elocuencia, el sentido común, los argumentos y las ideas son especies extintas. Ya no te digo cuando la tal llamada tertulia es unícroma, entonces los contertulios pulen con la lengua el culo de la secta a la que adoran y maldicen con palabras gruesas y caras avinagradas cualquier hecho, manifestación o palabra del contrario. Si enciendes la radio te obligas a oír al muecín desde su alminar microfónico soltarte un sermón de ayatolá, con sus admoniciones y con su ración de improperios y descalificaciones hacia el contrario; claro que cada cual escucha al muecín que le dice lo que quiere oír, del mismo modo que nos acercamos al espejo curvado para que nos aminore los que nos sobra y nos agrande lo que nos falta. Los periódicos se han transformado en el altavoz de las ideas de sus amos; desaguan desde la extrema derecha que aboga por un revival del franquismo, los hay que se han transformado en una hoja parroquial y hacen proselitismo por una nueva cruzada de catolicismo rancio; otros se creen sus propias conspiranoias porque han de seguir los movimientos ondulatorios que se amoldan como un guante al ego del director carismático; algunos de tanto forzar el sello identitario se empiezan a creer sus propias historias inventadas; los que otrora eran serios baluartes del periodismo europeo ahora naufragan en el proceloso mar de la dependencia, a pesar de la frase que adorna su mancheta. Si los espejos de los medios de comunicación tradicionales tienen una cierta curvatura que hace que los rayos de luz reflejados dibujen figuras grotescas, los que abundan en la red tienen tal grado de curvatura que, la deformación de la realidad te produce un estado hilarante, muy similar al que nos ocasiona nuestra imagen reflejada en la Casa de los espejos de los parques de atracciones.

Pero para esperpento la reforma constitucional perpetrada a hurtadillas y con urgencia vergonzante, como si fuera la meada nocturna del prostático en un rincón oscuro. Y la decisión de instalar el escudo antimisiles en Rota sin encomendarse ni a dios ni al diablo. ¡Viva la democracia! Y las palabras de Zapatero de un juicio tan preclaro a las puertas de la crisis: “jugamos en la Champions league”. Y las de Artur Mas antesdeayer afirmando que los niños andaluces y gallegos no se les entiende cuando hablan castellano. Y las de ayer de Durán Lleida: “los agricultores extremeños y andaluces reciben el per para pasar una mañana o toda la  jornada en el bar del pueblo”. Y las decisiones del gobierno catalán de suprimir el Impuesto de Sucesiones (100 millones de €) y mantener las embajadas catalanas (20 millones de €), pero recortando más de 7.200 puestos en la sanidad pública. Y los desastres de Esperanza Aguirre en educación: 80 millones que suponen más de 3.000 profesores interinos a la calle, a cambio regala 90 millones de € en deducciones a las familias que llevan a sus hijos a la escuela privada; según ella y Telemadrid no hay recortes, son mejoras de gestión; ¿quiere ello decir que en años anteriores gestionaban mal y han pulido 80 milloncejos de € anuales para pagar puestos de profesores que no necesitaban? Y la Gürtel. Y los Eres en Andalucía. Y los tres directivos de Novacaixa que se han llevado crudos 23,6 millones de € en indemnizaciones, en una Caja en la que el FROB, ergo los ciudadanos, hemos puestos 2.465 millones del ala para reflotar lo que estos hundieron latrocinando. Y la Directora General de la CAM, con una pensión de 340.000 € al año de por vida por dejar la Caja hecha unos zorros. Suma y sigue… Y Rajoy no sabe y no contesta no vaya a ser que diga algo inconveniente y pierda las elecciones, así que, a lo mejor nacionaliza la banca y la educación y la sanidad, ¿quién sabe?

Y el esperpento de nuestras grandes fortunas de patriotismo testicular y billetera apátrida, que nos chantajean y dicen que: si le subes la fiscalidad del 1% a las SICAVS, o le aprietas a las rentas del capital, o le quitas las prebendas de tener los bienes a nombre de la sociedad para no pagar y desgravarse todos los gastos hasta de ropa interior, se van a otros paraísos fiscales más gloriosos que el nuestro todavía. Y el de nuestras grandes empresas que entintan los periódicos de color salmón con lo de la Responsabilidad Social Corporativa, porque es lo que se lleva ahora como el tractor amarillo; ¿por qué no invierten?, ¿por qué no crean empleo?, ¿por qué no pagan un salario justo?, ¿por qué no pagan sus impuestos?; esa es su responsabilidad social, cúmplanla y dejen de tocar la flauta con el señuelo para estúpidos de la caridad bondadosa; lo llaman Responsabilidad social corporativa porque es más barata y vende más y, de paso, les permite a sus directivos salir en las fotos como sacrificados prohombres en pos de un mundo mejor; practiquen la justicia social, es más barata y es su responsabilidad, aunque esto último no se lo enseñaran en las Escuelas de Negocio.

En esto va Cayetana, la duquesa de Alba, con dieciséis títulos de Grande de España -como diría Juan José Millás, “qué diablos significará eso de Grande de España”-  y otros tantos sin grandeza, y se nos casa con un señor del vulgo; antes lo hizo con la aristocracia y con el clero como corresponde a tan Gran señora. A la sazón, su consorte es un administrativo veinticuatro años más joven que la octogenaria duquesa. Para acallar bocas la señora ha tenido que repartir unos 110 millones de € a cada miembro de su progenie, aunque uno de sus hijos molesto por el reparto y porque la húmeda de la duquesa puso a caldo a su señora esposa -nuera de la dieciséis veces Grande de España- no acudió al santo sacramento. Fue salir de la capilla, descalzarse y marcarse unas rumbas artríticas que han sido jaleadas por todos los palmeros de España, que son muchos y que según dicen, la aplauden porque la duquesa se pone el mundo por montera. Con su patrimonio heredado, con sus privilegios heredados, con la banalidad de su vida entregada al papel cuché y al botox, con las subvenciones que le dimos los madrileños para el cambio de caldera para que caliente sus huesos cuando resida en el Palacio de Liria, con la pasta que le regalamos los europeos vía subvenciones PAC de sus incontables fincas…  ya puede la señora ponerse el mundo por montera. Lo esperpéntico es ver en todos –y digo todos con negrita- los medios de comunicación semejantes imágenes, no ya grotescas, sino impúdicas, cutres y desvergonzadas.

Así estamos, entre el azogue purulento de la princesa del pueblo –La Belén Esteban– y el alumbre rancio de la duquesa –Cayetana de Alba-, en el medio la realidad sin espejos deformantes:  4.226.744 personas en paro y subiendo.

J. Carlos

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