Perspectiva

Perspectiva

 No está la situación para andar con paños calientes. De aquellos polvos de las hipotecas subprime que nos empaquetaron con lazos de colores y nos vendieron los USA, vinieron estos lodos de crisis financiera porque los bancos no podían cubrir los riesgos que habían comprometido, y los estados se endeudaron para taparles los agujeros. Como corolario a tanta ineptitud ahora llega la tormenta de arena de la deuda, lo que obliga a los estados a asumir las pérdidas que la compra de deuda ha generado a los bancos. Una espiral estúpida que recae siempre sobre las mismas espaldas. Lo cierto es que la arena tiene cegados a nuestros prohombres y nadie se atreve a aventurar cuándo amainará la tormenta. Es más, gracias a la  desregulación y a la opacidad de muchas de las operaciones financieras de economía virtual, hay algunos que están trasvasando, a mansalva, nuestro dinero a sus bolsillos y no les interesa que cese la tormenta.

Es también mala suerte que nos haya tocado en suerte el toro con más trapío, tal vez más bravo que el del 29, con los peores toreros en cartel. Obama nos deslumbró con su oratoria del Yes we can, pero fue un espejismo, en cuanto llegó al poder puso al frente del corral económico a los zorros de Wall Street y se nos desinfló en seguida como un mal suflé. En la desmembrada Europa tenemos una burocracia de correveydile con tendencia a la piromanía que sólo se dedica a hacer juegos de prestidigitación en los que en un santiamén se saca 27 estados de la chistera; al parecer los únicos que ordenan y mandan en ese cotarro, antes llamado Unión Europea, son dos excrecencias de la banalidad llamados Merkel y Sarkozy; ambos dos burlando las más elementales normas de la cortesía, y haciendo mofa y befa de la democracia y de los valores europeos que tanto esfuerzo costó hilvanar, se permiten el lujo de reunirse para nada, obligan a la voz de “ar”, y al son de las trompetas del apocalipsis, a los países del sur a hacer lo contrario de lo que pide el sentido común, con la sola pretensión de arañar unos votos nacionales que, para más inri, les niegan reiteradamente sus urnas. Es difícil encontrar un momento histórico en que se haya concentrado tanta idiocia junta entre nuestros gobernantes. Para que hablar de Zapatero y su inveterado optimismo de anteojeras, que lleva noqueado desde mayo de 2010 poniendo parches neoliberales y haciendo recortes sociales al más puro estilo aznarista. O de Berlusconi que se dedica a la política ocasional para ejercer con propiedad su profesión de delincuente. O de Camerón que en su remedo de Tacher seguirá desmantelando el estado social hasta su estallido final… Ahí tienes a Putin y Mendievev intercambiando sus puestos en Rusia como quien cambia cromos, al puro estilo mafioso. Tenemos hasta un comunista, Ju Jintao, que dirige un país bipolar y bastante hace con regular la válvula que alivia la presión de la olla exprés china, donde se cuece el capitalismo más salvaje especiado de comunismo y dictadura de partido.

No, no está la situación para tirar cohetes, pero déjame ser optimista, aunque las urnas alemanas y francesas que desalojarán a estos inútiles todavía están lejos, la historia nos enseña que después de la desesperación viene la catarsis. Nos dejaremos unos cuantos pelos en la gatera y muchos de nuestros ahorros se volatizarán, sin duda, pero llegará la reacción ciudadana y no tardando mucho: Tendremos una cierta armonización fiscal europea, un Tesoro único, emitiremos eurobonos, se cobrará una tasa por transacción financiera internacional, se regularán los CDS y demás instrumentos opacos, se prohibirán las ventas en corto y, tal vez, hasta se ponga coto a los paraísos fiscales mediante el establecimiento de tasas aduaneras virtuales. Y lo que es más importante, los estados europeos inyectarán miles de millones de euros en inversión productiva en el más puro estilo Keynesiano para poner en marcha la locomotora económica y paliar el paro. Con todo, nos espera una década que habrá que transitar a lomos de burro porque nos han bajado, a la fuerza, del caballo.

No obstante, con el fin de darte esos ánimos que te faltan, me gustaría que te dieras un breve garbeo conmigo por la historia, porque permite una visión con cierta perspectiva que, a menudo, desdeñamos porque la vorágine de lo cotidiano nos impide ver más allá de nuestras propias narices. Siguiendo este hilo argumental te apunto la frase que escuché el pasado sábado en la radio al profesor Santos Juliá: “Hubo europeos nacidos a principios del siglo XX que cambiaron dos o tres veces de país sin moverse de su casa”. Nos olvidamos que en la primera mitad del siglo pasado Europa tuvo que renacer de sus cenizas, como el Ave Fénix, dos veces. En las dos guerras mundiales murieron más de ochenta millones de personas, y ya nos cuesta recordar que en la segunda mitad del siglo, parte de Europa cayó al otro lado del telón de acero y vivió bajo los regímenes de terror comunistas. Nos olvidamos también de que a las puertas del siglo XXI, desde 1.991 hasta 200, se sucedieron las denominadas guerras de los Balcanes, en el corazón de Europa, que afectaron a las seis ex repúblicas yugoslavas y que se cobraron más de doscientos mil muertos.

Ciñéndonos a España y desde la perspectiva cultural hay que recordar que, la voz “alfabetización” aparece por primera vez en el DRAE en 1970. Lo que es tremendamente significativo, tal vez sea porque hace ciento cincuenta años, en 1860, sólo el 19,9% de los españoles sabía leer y escribir. En 1950 se había elevado la alfabetización al 55,6%. Pero hubo que esperar a los años 80 del pasado siglo para conseguir que el 95% de los españoles supiéramos leer y escribir. Hoy el proceso de alfabetización es completo, obligatorio y gratuito desde los 6 a los a16 años.

Hace apenas treinta y seis años vivíamos en una dictadura, bajo el régimen de partido único y sin libertades, depauperados después de una guerra civil que sembró nuestro suelo con la sangre de más de 500.000 muertos, y una posguerra de racionamientos y represión. Aislados internacionalmente, apenas pudimos empezar a levantar cabeza a partir de los años 60, gracias a las remesas de los emigrantes, los ingresos por turismo y la mano de obra abundante y barata que abandonaba el campo. Muerto el dictador hicimos una transición modélica, pero los que vivimos aquellos años recordamos el miedo a la involución, los asesinatos casi diarios de ETA, la extrema derecha campando por sus respetos en la calle, la matanza de Atocha… Fueron días densos y pesados como el plomo.

Desde la perspectiva económica, basta con unas cuantas pinceladas para situarnos: Al final de la dictadura, en el año 72, el 5,1% de la población activa había emigrado a otros países para buscarse la vida porque en España faltaba trabajo y sobraba miseria. Por el contrario, a día de hoy tenemos cinco millones de personas que han venido a buscarse la vida en España y realizan, en general, aquellos trabajos penosos o insalubres y mal pagados que los españoles ya no estamos dispuestos a realizar. Basta volver la vista atrás a los últimos treinta años para encontrar varias crisis económicas de mayor calado social que la que nos oprime: La crisis del petróleo del año 73 eleva el precio del barril de petróleo de 1,63  a 14 dólares, lo que coloca la inflación en España en el 44% en 1977 y el paro afecta a 900.000 personas; afortunadamente los políticos de la transición de todo el espectro, desde Suárez hasta Carrillo, son capaces de suscribir los Pactos de la Moncloa, devaluar la moneda y paliar la situación, aunque la década siguiente fue muy dura y exigió el desmantelamiento del tejido industrial en su mayor parte obsoleto e incompetente. En 1986, el año de entrada de España en la CEE, el paro se cifraba en el 24,4%, pero la entrada en el club europeo rindió sus buenos frutos porque en apenas tres años, la tasa de paro quedó reducida al 15% y la inflación se estabilizó en el 3%. En los años 90 nos sacudió otra nueva crisis que exigió devaluar la peseta hasta en tres ocasiones en el término de ocho meses. En el año olímpico de Barcelona y la expo de Sevilla, el 92, caímos en la tan temida recesión y 3,3 millones de personas se quedaron en el paro.

Ya sé que los números son fríos como el témpano y no contienen una gota de emoción. A su través no se ve el dolor, ni la miseria, ni el hambre. Toma una película o un documental de hace veinte o treinta años y luego sal a la calle. Espero que la vista en perspectiva te modere el pesimismo. Ya me dirás.

J. Carlos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s