Las esquinas del verano (y III)

Las esquinas del verano ( y III)

Paseando por las esquinas del Retiro me encontré una estampa imposible, en el Paseo de carruajes estaban montando dos hileras de confesionarios de un blanco satinado, sin cortinas y sin puertas, con una celosía para que se cuelen las palabras y se velen los rostros del perdonante y del arrepentido. Una pareja de policías custodiaba el trabajo de los carpinteros que montaban los adminículos como mecanos. Hacía calor. Hacíamos fotos. Pensé que las sotanas negras harían contraste con los contrachapados de melamina blanca. Pensé que se podría hacer una magnífica película en blanco y negro cuando se oficiara allí la gran parada del arrepentimiento.

Garvotta:

Ni sestear me han dejado las esquinadas noticias del verano. Que si los atentados en Noruega, el estallido social en Reino Unido, la guerra de Libia, la masacre de ciudadanos Sirios perpetrada por su dictador. Que si ese veneno que le han añadido a la deuda, prima de riesgo lo llaman, se dispara en España e Italia arramblando los valores de la Bolsa y mandando hacer puñetas al euro. Que si modifican la Constitución alevosamente, en un santiamén, sin contar con los constituidos y alegando que lo hacen a petición unánime de los mercados. Así no hay quien duerma, te encogen el corazón y el bolsillo, de resultas, cada día eres más pobre que ayer y menos que mañana.

Añoro aquellos telediarios elaborados por los becarios veraniegos con fotos y reportajes de archivo, que te dejaban con la modorra puesta. Ya sabes, los que te contaban las operaciones de salida de la Dirección General de Tráfico, el asentamiento de la Campus Party en Valencia, unos fotogramas de niños chapoteando en las fuentes de Sevilla que terminaban con el plano de un termómetro de Delclaux marcando 45 grados, una reportera con un vestido ibicenco emitiendo desde la arena de Benidorm, el tañido de la campana en las conmemoraciones de Hiroshima y Nagasaki, la voz chillona de una señora gorda con las mantecas al aire quejándose de “la calo y del bochorno”, las desocupaciones de la jet de Marbella, las regatas de su Majestad, las ferias de Málaga y Bilbao, las torturas a los astados infligidas en las calles y plazas de España en las fiestas de la Virgen de agosto, el despacho del Presidente del Gobierno con el Rey en Marivent, la tomatina de Buñol…

Finale molto vivace:

Y llegó el Papa con sus escarpines rojos y su sotana de un blanco inmaculado, como el solideo. Leyó lo que tenía que leer y no escuchó. No venía a escuchar. Alfombras rojas, arterias principales, plazas y aeropuertos cerrados durante semanas para uso y disfrute exclusivo de los suyos, televisiones públicas convertidas en púlpitos, periódicos travestidos en hojas parroquiales. Había más de un millón de jóvenes reclutados en todo el Globo, gritando enfervorecidos como se grita a un cantante de éxito. Estaban todos los prebostes de nuestras instituciones haciendo cola en el besamanos, tal que hace cincuenta años, pero a todo color.

En la gran parada del arrepentimiento se hizo una oferta especial -quise decir bula especial-, se perdonaban todos los pecados, incluso los del aborto, siempre que se mostrase el debido propósito de la enmienda; oficiaban bajo la canícula dos mil quinientos curas, se sumó también el propio Papa. Él ya venía confesado.

Me llamó la atención la misa con su parafernalia medieval: Concelebraban los varones (ellas son parte del atrezzo) con albas blancas, casullas repujadas en hilo de oro, cíngulos con borlas, solideos púrpuras, zapatos rojos. Lo hacían bajo un árbol artificial que expelía agua vaporizada… Impagables las imágenes. Si John Ford levantara la cabeza le gustaría haber rodado la película, De Madrid al cielo. Una inoportuna tormenta de verano cortó su sermón y las palabras más duras quedaron emborronadas en el papel y no pudieron ser pronunciadas. No importa, las televisiones públicas y los periódicos convertidos en santas hojas parroquiales lo reprodujeron al día siguiente. Sí le dio tiempo a decir que no hay que creer en falsos dioses, sólo hay uno verdadero y el Papa es su representante en la Tierra. Amén.

Cuando me desperté el palio y el olor a incienso seguían ahí.

J. Carlos

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