Las esquinas del verano (I)

Las esquinas del verano (I)

Allá, en mi tierra vieja de Castilla, nos parapetábamos en las esquinas de los bardales que proyectaban la sombra del sol inmisericorde en el verano, buscábamos la abrigada en las esquinas de las casas de adobe cuando azotaba el viento, nos ocultábamos tras los tapiales de las casetas de labranza para fumarnos los primeros Celtas, y nos escondíamos tras las esquinas redondeadas de las parvas de mies jugando al escondite. A veces, también, buscabas un esquinazo en un palomar lejano para encontrar tu soledad desde otra perspectiva. Como el verano es pródigo en nostalgias se me ha pasado este tiempo entre esquinas.

Introito: Esquinas literarias.

Para hacer paladar me fui con Proust Por el camino de Swann, desmigajé su magdalena en la niñez de su Combray, acompañé a Charles Swann por el territorio del amor, la mentira, los celos, el fracaso…, y hube de enlentecer mi tensión arterial para acomodarme al estilo espiral, lleno de silencios y de recovecos. Si tuviera que resumir en una imagen lo que me suscitó el personaje de Swann diría que, es como aquella piedra que lanzábamos sobre la superficie de la laguna de los Terreros: Disparada por nuestra mano rebotaba varias veces en la lámina de agua hasta que, perdido el impulso, se ahogaba lentamente en pequeños círculos, aminorando su velocidad según descendía, y por fin, con un gesto de hastío, aterrizaba en el légamo levantando una nube viscosa que enturbiaba el agua y la perdíamos de vista.

En Beauts Ille, la primera novela de de Muñoz Molina, uno se emborracha de literatura. Rompe los esquema narrativos, tanto el clásico como el moderno, avanza en círculos con tiempos y espacios solapados, con un narrador desconocido y, en el entretanto, convierte un simple relato policiaco en una antología del alma humana. La prosa es de una luminosidad exquisita, te envuelve con frases imposibles que llenan solas más de media página. Emociones, sutilezas, reflexión, personajes construidos con inteligencia, descripciones soberbias y un manejo superior de la lengua. Y Mágina su territorio imaginario que se consagrará en su obra como el Yoknapatawpha de Faulkner, o el Macondo de García Márquez.

Viajé al fin de la noche con Céline. Era la segunda vez que llegaba al fin de la noche y no me arrepiento de su relectura, aunque su autor fuera un antisemita y escribiera panfletos pro nazis, que han impedido que los franceses le agasajen al cumplirse en centenario de su nacimiento. El arte, lo queramos o no, está por encima de la talla ética o moral de sus autores, si no, correríamos el riesgo de quedarnos sin arte y sin artistas que vanagloriar. Parece mentira que esta obra singular tenga casi un siglo, si se escribiera hoy, cambiando los escenarios, diríamos que es de la más rabiosa actualidad. Es una enciclopedia de la miseria humana descrita con un lenguaje crudo, amargo y áspero, como corresponde; en la que el autor disecciona la maldad de la naturaleza de los hombres y la cuelga en el tendedero de la  literatura para que se oree,  al igual que el carnicero abre al cerdo con un cuchillo, lo cuelga, y expone sus vísceras al sol.

Las mil y una noches. El sesteo sobre una hamaca a la orilla del Mediterráneo cuando la tarde esponja los vientos y los buscadores de sol abandonan la arena, es el mejor  momento para escuchar a Sherezade, la hija del visir, contarle cuantos cada noche al sultán Shahriar para librarse de la muerte al amanecer. Son como muñecas rusas, cuentos dentro de cuentos que, a su vez, guardan nuevos cuentos. Genios, sultanes, visires, magos, palacios, mujeres exquisitas, lugares de ensueño, erotismo, poemas… También cierta moralina, algo de subversión del orden establecido por la jerarquía férrea de lo sultanatos, machismo rampante derivado de la religión dominante. Y todo por la infidelidad de la mujer de Shahriar. Después de mil y una noches y tres hijos habidos con Sherezade, el sultán le conmuta la pena y viven felices. ¿Quién da más?

Philip Roth en Pastoral americana elabora un crudo relato del desencanto de la sociedad americana, esa que creció en la Arcadia feliz del Imperio consolidado al finalizar la segunda guerra mundial, esa sociedad que vivió en sus propias carnes el sueño americano de salir de la nada y conseguirlo todo sólo con esfuerzo y un poco de suerte. Después vienen los sesenta, la maldita guerra de Vietnam, el 68, Nixon, las pequeñas revoluciones que van cambiando la faz del mundo…. Todas esas pequeñas putadas que precipitan la pérdida de la inocencia de una generación próspera, que empieza por perder la fe ciega en su Gobierno, después cae en la cuenta de que sus vidas son una tupida madeja de hipocresía donde se desdibuja la prosperidad conseguida, para terminar enfrentándose a sus propios fantasmas y concluir que ya no es posible disfrutar de su bien ganada felicidad. Es un relato de una familia ejemplar estadounidense donde todo está encarrilado para ser perfecto, pero la felicidad es un gigante con pies de barro y las tormentas familiares y políticas lo barren de cuajo. Amarga, lúcida y dura.

Como en la variedad está el gusto, hay mil páginas de un tal Ken Follet, que llevan por título La caída de los gigantes, y que me he metido entre pecho y espalda. Van y me dicen: Que la literatura no es eso, ¡hombre!, que eso es telenovela escrita, por decir algo ¿Dónde están las emociones? ¿Y la prosa estructurada? ¿Y el estilo? ¿Y los personajes apenas pespunteados? ¿Y las reflexiones hondas? ¿Y la pasión de escribir?… Sí, ya sé que no hay un autor, que es una factoría con sus documentalistas, archiveros, historiadores, juntapalabras, redactores, estilistas, hasta publicistas y asesores literarios. Sí, ya sé que Follet cumple con dirigir un poco el cotarro, poner la firma y decidir en cuál de sus abultadas cuentas corrientes han de ser ingresados los derechos. Pero con los Pilares de la tierra, cuando desde la primera hasta la última línea eran de su propiedad, creó un producto básico de consumo de masas: Una saga familiar, un trasfondo histórico, cuatro párrafos por página, muchas injusticias, malos muy malos, buenos muy buenos, personajes planos, tramas en cadena y muy cinematográficas (amores, desamores, embarazos, lealtades, cobardías, poderes corruptos…), final de cada página con banderín de enganche para seguir leyendo, una prosa utilitaria, un atmósfera creíble. Redoble de tambores. Y… voilà: Un best seller. Después a exprimir la ubre, como ha hecho en Un mundo sin fin. Sin embargo su obra es muy extensa y tiene títulos muy dignos como: El escándalo Modigliani,  Papel moneda y La clave está en Rebeca. Volviendo a La caída de los gigantes, escribirte que es una obra de factoría con cinco familias de cinco países distintos, en los que fabula sobre la historia del siglo XX en los años que median entre 1911 y 1924. Maneja muy bien los tiempos, la estructura narrativa, el mix entre la atmósfera hogareña de los miserables y la de los palacios y embajadas de los poderosos, y se lee con la misma fruición con que un director de cine leería un guión. Pero no esperes belleza expresiva, descripciones memorables, personajes complejos. Sólo la inanidad de un guión que funciona como un reloj suizo. ¡Ah!, quedas avisado: Estas mil páginas son la primera parte de una trilogía que se titula The Century. ¡Cuánto daño ha hecho Stieg Larsson con su saga Millennium!

J. Carlos

Anuncios

Una respuesta a “Las esquinas del verano (I)

  1. ¿Qué te voy a decir de AMM y su Beatus Ille? Me sigue pareciendo una novela de una solidez impresionante. Conozco übeda, ciudad a la que voy algunas veces, y donde busco las huellas de esa Mágina literaria y de los personajes de esta novela.
    Me admira la vuelta de tuerca final, donde el lector asiste a un giro inseperado, un aut´netico coup de theatre.
    Saludos y a seguir en la brecha.

    AG

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s