Aquí, reflexionando

Aquí, reflexionando

Vas descuidado con el calendario y te endilgan un día de reflexión, veinticuatro horas con sus minutos para que hables contigo mismo y tomes una decisión crucial: “A quiénes apoltronar durante los próximos cuatro años”. En el entretanto van unos chicos que andan indignados y asientan sus reales en las plazas de las ciudades para manifestar el hartazgo de un sistema que se agrieta. Sucede que los medios se abalanzan como buitres ante la carnaza y se reproduce el milagro de los panes y los peces; el efecto llamada prospera y la chiquillería se asusta al principio de su propio éxito y, sin embargo, nos dan una lección de lucidez y oportunidad emprendedora, no sólo son capaces de organizarse para preservar en el intento (foros de debate, departamentos de aprovisionamiento, de comida y agua, de comunicación, de obras, de cartelería, de limpieza, ludotecas, guarderías…), sino que tienen la astucia de liberarse de banderas partidistas, debatir sobre problemas reales con orden, auspiciar actos concretos participativos y llenos de sentido común, construir desde un colmenar diverso un discurso político con cierta coherencia, utilizar en provecho de su movimiento las redes sociales, las televisiones y la prensa en general, impedir que los reventadores profesionales les agüen la fiesta, etc.  Y lo que es más singular, cada tarde y cada noche las plazas se vuelven a llenar en un crescendo que empieza a intimidar a los acomodados. Además de la clase política debería tomar nota la clase empresarial, y los head hunter porque por esas plazas de dios hay gente preparada, emprendedora y muy capaz. Y no se engañen señores poderosos, no sólo aborrecen de la clase política, también debaten sobre los banqueros, los empresarios, los salarios mareantes de los directivos o el papel mamporrero de los sindicatos… Pasen por allí y agucen el oído. Estas cosas empiezan con cuatro desarrapados, tal como editorializó algún medio nacional en un análisis sociológico digno de estudio, y no se sabe cómo terminan porque las protestas como las armas las carga el diablo. Ya sé que será flor de unos días, dos semanas a lo sumo, y luego quedará en agua diluida de borrajas como se diluía en mayo el rosario de la Aurora al despuntar el alba, pero tal vez abra un debate social y algunos privilegiados tendrán que enmascarar durante un tiempo su codicia. Nada más, pero algo es algo.

El sistema económico se ha hecho trizas porque los contrapoderes, en forma de regulación,  desaparecieron. Estas cosas pasan.  La caída del muro de Berlín no sólo trajo libertad y prosperidad para millones de personas que vivían bajo la dictadura de un régimen tóxico, también tuvo el efecto nocivo de desatar las bridas del capitalismo salvaje. Sólo el miedo a la ideología del otro lado del telón de acero mantenía embridados a los poderosos, de forma que se avenían a soportar los costes de un cierto estado social y consentían apenas un remedo de igualdad de oportunidades. Pero cuando se hubo asentado el polvo del muro y quedó patente la miserable inanidad del régimen soviético, su depravación humana y su inconsistencia económica, los poderosos rompieron la baraja y exigieron su derecho de pernada proclamando que el capitalismo era la salvación. Con este mantra y con la inestimable ayuda de la intelectualidad más conspicua –encabezada por el infausto Milton Friedman– se ha desarrollado en estas últimas décadas una involución social, iniciada por Thatcher y Reagan, que suprimió los contrapoderes y desembridó al pura sangre del capitalismo salvaje. Y el jamelgo corre por ahí desbocado, pateando la débil construcción del estado social, cargándose los edificios del empleo digno y ciscándose en las murallas de la responsabilidad social. Paradójicamente enarbolan la bandera de la libertad: para despedir, para corromper, para medrar, para comercializarlo todo, para privatizar las joyas de la corona… Bien saben que no hay libertad sin justicia, de sobra conocen que la libertad sin igualdad es una palabra hueca. Que se lo pregunten al parado, o al desahuciado, o al que se endeuda por subirse a una patera jugándose el pellejo.

No te engañes, la política no es el arte de lo posible como afirmaba Bismarck, es el arte de los equilibrios. La cuestión es que los políticos empeñados en seguir el realismo de Bismarck han prescindido de los principios, sólo les interesan los hechos y los resultados, más concretamente, sólo les interesa ver a la luz morosa y corta de un candil los resultados de las encuestas. Y no era eso ¡imbéciles! Eran los principios. Se trataba de que mantuvierais el fiel de la balanza en su sitio. Bastaba con contrapear el poder económico, el político, el religioso, el de los medios… Desgraciadamente habéis practicado lo contrario porque sois vicarios de los poderosos y habéis sucumbido al brillo del oro y a la pomposidad del armiño. Como escribe Martín Garzo: “La libertad sin igualdad genera injusticia; la igualdad sin la libertad, tiranía. Un ejemplo de tiranía son los regímenes comunistas; un ejemplo de injusticia, el feroz liberalismo económico que padecemos, y que está conduciendo al mundo a la catástrofe, ante el entusiasmo de los que no dejan de llenar sus arcas ajenos a la pregunta de dónde viene de verdad su riqueza”. Por eso unos chicos, que están indignados y sin trabajo y sin perspectivas, andan construyendo ágoras por las plazas de las ciudades buscando esos principios.

¿Hay alguien ahí que se atreva a regular los excesos de la banca? ¿Hay alguien ahí que se atreva a exigirle a los bancos que saquen sus pisos al mercado? ¿Hay alguien ahí que limite los salarios de los directivos? ¿Hay alguien ahí que investigue a los terroristas económicos que para llenar sus bolsillos condenan a millones de personas a la miseria?  ¿Hay alguien ahí que restablezca la igualdad de oportunidades? ¿Hay alguien ahí que se comprometa a velar, mantener y fomentar el estado social?¿Hay alguien ahí que se atreva a no llevar en sus listas a imputados por corrupción? ¿Hay alguien ahí que se atreva a poner en marcha un régimen electoral de listas abiertas? ¿Hay alguien ahí que imponga democracia dentro de los partidos? ¿Hay alguien ahí que se atreva a meter en la cárcel a los que defraudan? ¿Hay alguien ahí que se atreva a propugnar la desaparición del Senado, de las Diputaciones provinciales, las televisiones autonómicas, la limitación del número de ayuntamientos, el destierro de los vehículos oficiales y de las visas públicas, a suprimir las comidas a costa del erario público y la contratación de personal que no sea funcionario…? ¿Hay alguien ahí que desfaga el carajal autonómico? ¿Hay alguien ahí que se atreva a aplicar el principio de austeridad en la administración pública y el restablecimiento del equilibrio de poderes? ¿Hay alguien ahí que se atreva a publicar en internet las actas de resolución de cada concurso público, los certificados de obra, cada pago y la justificación de cada incremento? ¿Hay alguien ahí que exija a cada cargo público la publicidad de todos sus gastos con cargo al erario público? ¿Hay alguien ahí que persiga el fraude fiscal? ¿Hay alguien ahí que restablezca un sistema fiscal más progresivo y justo?

Harto ya de reflexionar me pregunto: ¿Hay alguien ahí?

J. Carlos

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