Microrrelatos

LECCIONES

De niño jugó en la carpintería del abuelo, aprendió que un clavo se saca con otro clavo. Al llegar la adolescencia se enamoró y le abandonaron, aprendió que un amor se cura con otro. En la guerra una bala le desgarró por dentro, pensó que con otra bala se acabaría el dolor.

LA ALTURA DEL LARGUERO

Le llamábamos Cuatropatas porque se colgaba de dos muletas a la altura de los sobacos. La polio le ha dejado las piernas raquíticas y como entumecidas. En las tardes de fútbol hace de portero, cambiamos las reglas del juego para que no se penalizara detener el balón con las muletas. Adquirió tal destreza en su manejo que resultaba difícil marcarle un gol. Hace dos domingos, jugando contra el equipo del pueblo de al lado, no sólo detuvo un penalti, sino que desempató en el último minuto. Se lanzaba un corner, subió hasta la portería contraria, remató de cabeza y estrelló la pelota contra la red. Cayó en mala postura. Ahora lo llamamos Dosruedas. Hemos cambiado otra vez las normas, se ha bajado el larguero hasta donde llega con sus manos en alto.

                                   MI PRIMER PENSAMIENTO

Estaba pensando, aburrido, ¿si pudiera encontrar mi primer pensamiento?. Empezó recorriendo los pasillos y los recodos de su cerebro, llamó a las puertas de los recuerdos más antiguos y, buscando, buscando, llegó hasta unos repliegues que formaban los diez o doce primeros pensamientos. Fue levantando uno a uno, con mucho miramiento porque estaban muy deteriorados, hasta llegar al primero. Lo desplegó y leyó: “cuando cierro los párpados se apaga la luz y todos los que me rodean se quedan a oscuras. ¡Pobrecitos!,  cuando yo duermo se quedan ciegos”.

MAGIA

A Violeta le gusta que le escriban poemas y yo no sé juntar palabras que suenen bonito. El empollón de literatura la tiene engatusada, todos sabemos que después de clase le entrega un sobre azul con versos de amor y ella se arroba al recibirlo. La librera me ha vendido un pomo de tinta china, me ha dicho que es mágica. Debo echar unos borrones en una hoja y doblarla mientras pienso en Violeta, en su pelo crespo, en sus ojos negros; después he de meter la hoja en un sobre azul y dormir con él bajo la almohada antes de entregárselo. La librera dice que las palabras se compondrán solas formando un poema.

Ayer tarde escondí mi sobre entre sus apuntes en un descuido y esta mañana ha venido a mi mesa, se me ha encendido la cara cuando me ha dicho:

-Qué bien pintas. Y encima te ha salido mi cara de los días buenos.

RAREZAS

Po allí son gente rara, conocí a un sujeto que tenía un reloj de arena para cada día de su vida. Los tenía todos ordenados por estantes. Tomó el del día de la muerte de su padre y lo volteó, cuando la arena empezó a desgranarse se le descompuso el gesto y al cerrar los párpados se le descolgó una lágrima.

J. Carlos

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