De paradojas y de plagios

DE PARADOJAS Y DE PLAGIOS

Se atribuye a José Luís Sampedro, buena persona donde las haya, aquella frase que reza: “quien copia de un libro plagia, quien copia de dos investiga”. Estas últimas fechas han sido pródigas en plagios. Perdón, quise escribir. “intertextualidades”. Y es que el lenguaje se adapta a los tiempos con precisión camaleónica, lo que antes era un robo de la propiedad intelectual, se transformó en copia, después se llamó plagio, más tarde similaridad y ahora se denomina juegos de intertextualidad.

El caso es que el ex ministro de Defensa alemán, Karl Theodor zu Guttenberg, se embarcó en una tesis doctoral y, como el cargo de ministro alemán consume mucho tiempo y esfuerzo, fusiló el trabajo de otros autores, dicen que en más de 80 pasajes. Theodor que por esas paradojas de la vida es descendiente del inventor de la imprenta, arguyó que fueron sólo unos errores. Al pobre le han quitado el sobresaliente cum laude, el doctorado, el ministerio y el título de sucesor de la Merkel. Tan sólo unas horas después a los sesudos profesores de la London School of Economics, en el Reino Unido, les debió entrar una flojera de tripa porque de seguido han anunciado que, van a indagar si uno de los hijos del líder libio Muamar Gadafi, Saif-al Islam, también cortó, pegó y coloreó textos ajenos, o si usó los servicios de un negro para la suya. Por cierto, otra paradoja, ¿sabes cómo tituló su tesis el hijo del dictador sanguinario?: Papel de la Sociedad Civil en la Democratización de las Instituciones de Gobernanza Global. Ya te digo.

En enero del 2008 M. Errami y sus colaboradores publicaron en la revista Nature un artículo basado en el desarrollo de un programa informático llamado eTBLAST, con el que trataban de buscar entre las publicaciones científicas textos que tuvieran similitudes, lo que permitiría encontrar trabajos supuestamente copiados los unos de los otros. En junio de 2009 ya tenían una base de datos que llamaron, acertadamente, Déjà vu, donde quedaban al descubierto 74.790 pares de trabajos científicos con grandes similitudes, lo que podría indicar que se trata de trabajos no originales. Reconocerás conmigo que Word, Googel y la Wikipedia han hecho estragos.

La literatura ha sido uno de los campos más prolíficos en esto del plagio. Recuerda a Cervantes y Avellaneda o Góngora y Quevedo. Neruda fue acusado por Huidrobo en la revista Vital de que Veinte poemas de amor y una canción desesperada no era más que una traducción de un poema de Rabindranath Tagore. Vallé Inclán se autoplagiaba y presentaba sus antiguos textos teatrales como nuevos. A Bryce Echenique se le contabilizan más de diez textos de diferentes autores reproducidos de manera ilegítima, incluso plagiaba a viejos amigos como Herbert Morote y Ángel Esteban; el primero parece que le envió un borrador del texto demostrando que la amistad también es ciega como el amor. Luis Racionero que fue Director de la Biblioteca Nacional, se constituye en paradigma, ya que para justificar que en su libro, La Atenas de Pericles, aparecieran párrafos completos del Legado de Grecia de Gilbert Murray, alegó que se trataba de intertextualidad no de plagio (Déjame aquí hacer un inciso contuso: a Racionero lo vi hace unos meses en un programa de televisión, se manifestaba dolido porque ahora cualquiera podía tener toda la información en internet a un golpe de ratón, mientras que toda su sabiduría la había tenido que sudar estudiando y leyendo durante toda su vida. Me llamarás ladino, pero no puede por menos que pensar, si a este pájaro le hubieran llegado antes las nuevas tecnologías habría dejado a César Vidal en pañales). Lucía Etxebarría también disfruta con las relaciones intertextuales, su obra Ya no sufro por amor contiene párrafos enteros copiados del artículo Dependencia emocional y violencia doméstica, publicado con anterioridad por el psicólogo Jorge Castelló en la revista Psiconcentro. El propio Camilo José Cela, el penúltimo Nóbel español, fue acusado de plagio en 1995 por Mª del Carmen Formoso, que había presentado su novela Carmen, Carmela, Carmiña, Fluorescencia, al premio Planeta; el premio le fue otorgado a Cela por  La Cruz de San Andrés. La escritora sostiene que la editorial le habría pasado su original al Nóbel.

Hace algo más de un año se produjo paradoja, plagio y carambola. A Juan José Tamayo, que estaba en Quito, le pidieron para el periódico El País una necrológica sobre el teólogo Edward Schilleebeckx, la envió ese mismo día, 25 de diciembre de 2009, y se publicó en la edición digital; el 27 de diciembre remitió otra necrológica mucho más elaborada que se publicó en el mismo periódico, en su edición impresa. Un lector de la edición digital se percató de que era una copia de Wikipedia y  acusó a Tamayo de plagio. Éste lo negó rotundamente. La Defensora del lector Milagros Pérez Oliva consiguió desfacer el entuerto: la entrada de Wikipedia se produjo el 28 de diciembre, después de publicado el artículo de Tamayo, se trataba de una modificación sustancial de la versión anterior, que era bastante escueta y pobre. En suma, alguien había “subido” el artículo de Tamayo a la Wiki y, paradójicamente, le acusaban a él de plagio.

Si Luís Racionero se constituyó en el paradigma de la intertextualidad, Ana Rosa Quintana ha construido el paradigma del paradigma, aunque más pedestre: “el negro intertextual”. La reinona de las mañanas televisivas, publicó en Planeta hace diez años una novela, Sabor a Hiel (100.000 ejemplares vendidos y muchos millones de beneficios), con páginas enteras de novelas de Danielle Steel y Ángeles Mastretta. Reacciones: Primero mutismo. Después achacó el desaguisado a un error informático –es que pulsas a la vez las tecla ctrl y alt y en la pantalla se intertextualizan las obras maestras de la literatura universal, pongo por caso-. Al final cantó, tenía “un colaborador que gozaba de toda mi confianza“, un ex cuñado para más señas –así todo quedaba en familia-. Ten negros para esto. Si la suponen abochornada por su engaño masivo y huida de los focos para no ser escarnecida, se equivocan. Esto es España, la cuna de la picaresca. Aquí se la idolatra como una diosa: Dirige el programa más visto de la mañana durante años que, por supuesto, lleva por título su nombre; tiene una revista AR para ella sola, con las siglas de su nombre y con su sola imagen en portada; una productora de televisión, Cuarzo; y ahora es consejera de administración de Cartera Industrial Rea, sociedad de inversión cotizada de las llamadas de capital riesgo, donde se sienta junto a empresarios e inversores como José María Loizaga (Mercapital), Juan Luis Arregui (Gamesa, Ence e Iberdrola) y Javier Benjumea (Fotowatio y El Kilo Americano), Manuel Soto (Santander), Antonio Pérez Nievas (Defensa), Antonio González Adalid (Enagás) y Javier Zardoya (Otis).

No contenta con los beneficios que le ha reportado la intertextualidad del negro, ha dado otra vuelta de tuerca a su quehacer periodístico. La tal Ana Rosa ha impartido desde su programa de televisión un curso doctoral de picaresca que, no sólo define la calaña del personaje, sino también la altura ética del periodismo patrio.  La tal Ana Rosa lleva un bienio haciendo un juicio paralelo en el caso de “Mari Luz Cortés”, una niña onubense de cinco años asesinada el 13 de enero de 2008. En el programa de esta pícara del 25 de febrero último compareció Isabel García, a la sazón esposa del presunto asesino de la niña, Santiago del Valle. Isabel había depuesto días antes en el juicio oral celebrado en la Audiencia de Huelva con un testimonio a favor de su marido, lo que contradecía la primera versión ante la policía en que lo había acusado del asesinato. Isabel tiene las facultades psíquicas disminuidas (Celia Villalobos emplearía otro término); fue traída de Huelva a Madrid por la productora de Ana Rosa se supone que a cambio de promesas, dinero -dicen que 600 €- o engaños; fue sometida a un interrogatorio digno de cualquier dictadura; le dio un ataque de pánico o de histeria y los reporteros omitieron el deber de socorro; pidió que apagaran la cámara, la reportera le dijo que sí, pero al técnico le ordenó que siguiera grabando; al parecer la retuvieron y escondieron como a una delincuente en hoteles de Sevilla y Madrid, durante diez días, para que no le robaran la exclusiva. Lo de menos es que ese día declaró ante las cámaras que su marido se había cargado a la niña, es decir, que volvió a repetir lo que en su día había testificado ante la Policía. Podía haber dicho que era la encarnación de la Virgen María, todo depende de la guita que le hubieran prometido. Ningún reportero de AR le advirtió que podía incurrir en un delito de falso testimonio si hacía esas declaraciones. Pues bien, la distinguida periodista Ana Rosa Quintana se defendió de las acusaciones de mala praxis periodística manifestando que: Isabel García realizó sus declaraciones de manera “libre” y “voluntaria”, y se ofreció la noticia que todo periodista “hubiera querido dar”. Oye, con un par. No hay más que ver el video de la entrevista que publicó el periódico El Mundo y verificar como los “secuaces” de Ana Rosa plagian los comportamientos de las dictaduras. El video atufa a la Cuba de Fidel, a la Venezuela de Chaves y a Guantánamo de Bush.

Me pregunto si la Fiscalía, en cuyo estatuto se regula que ha de velar especialmente por los menores e incapaces, va a investigar la responsabilidad de la señora Quintana. ¿No hay indicios de extorsión e inducción al falso testimonio? ¿El viaje de Isabel García de Sevilla a Madrid fue por propia voluntad?

Y el alemán Karl Theodor zu Guttenberg va y dimite. “Vente pa España tío”.

Larga vida a la picaresca.

J. Carlos

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