Vicios ocultos

La economía y la sociedad españolas adolecen de unos cuantos vicios ocultos de los que sus beneficiarios no nos quieren dar cuenta porque la verdad desnuda les incomoda. Como uno es muy ingenuo, espero que el advenimiento de este nuevo año nos desvele alguno de esos misterios.

Primero.- LLevo años esperando un estudio pormenorizado sobre el proceso de privatización de las joyas de la economía española que se llevó a cabo en los noventa, y que dio lugar a la “práctica dación” de gran parte del capital público, amasado por todos los españoles, bajo las condiciones precarias de miseria, emigración y falta de libertades de la dictadura. Este capital fue puesto en manos de los amigos del Poder mediante la “privatización” (lo entrecomillo porque no deja de ser un eufemismo) de las empresas del antiguo INI y otras: telefónía, constructoras, aviación, naval, bancos estatales, eléctricas, servicios públicos como seguridad, sanidad, empleo, transportes, televisión, radio…  No pido estudios sesudos, sólo saber a quiénes se trasvasó esa riqueza, cómo la administraron, cuánto subieron los precios de los servicios que prestan a a la comunidad, cuánto han ivertido en capital, cuántos  trabjadores perdieron su empleo en ellas, cuánto les costó al erario públcio sus e.r.e.s, cuánto se incrementaron sus puestos directivos y cómo subieron exponencialmente sus salarios y prebendas, si han conseguido una mayor competitividad, si los precios se fijan en un mercado libre o si son oligopolistas o, lo que es peor, se fijan  por el propio gobierno del estado o de las comunidades autónomas. Vamos, sólo pido que se haga un Balance Social del sistema de privatizaciones.

Segundo.- Nuestro sistema se asienta sobre el principio de socialización de las pérdidas y garantía absoluta de privatización de las ganancias. El capitalismo en sus incios ya creó un entramado jurídico mediante el cual animaba al empresario a correr riesgo poniendo a salvo su patrimonio, mediante la grantía de que sólo se respondiera con el capital de la empresa, salvo en casos de quiebras fraudulentas. Pero en España no sólo acatamos el principio, vamos mucho más allá:

-Avalamos y financiamos los desmanes de la banca y de las cajas de ahorro, endeudándonos ad infinitum.

-Subvencionamos la compra de pisos para que se enriquezcan los especuladores, (preguntar de dónde sacó su fortuna sl Sr. Martín, el de Martinsa, de vender terrenos para VPO) sopretesto de ayudar a los más necesitados -afortunadamente la ayuda se ha limitado a partir de este año-. Otorgamos ayudas públicas a la compra del automóvil para que las compañías automovilísitcas y los concesionarios sostengan los puestos de trabajo (sic). Primamos con nuestro dinero a las eléctricas por el método de dar por buenos los precios que entre ellos mismos fijan y para que se forren con las energías renovables; no creas, no se les exige investigación, ni capitalización, sólo producir kilovatios que costeamos de nuestro bolsillos a precio de oro. Pagamos a las televisiones privadas porque son “un servicio público” (para ver a la Esteban veinticuatro horas al día), por el método de quitar la publicidad a la televisión pública estatal. Financiamos televisiones y radios públicas de comunidades autónomas y ayuntamientos para glosar las innumerables virtudes que adornan a sus dirigentes políticos. Pagamos a los periódicos, aunque no los compremos, a través de la subvención al papel prensa y con la publicidad institucional.

A las empresas so pretexto de que crean empleo, les regalamos terrenos públicos, les condonamos impuestos e, incluso, les añadimos subvenciones públicas o/y les perdonamos cuotas de la seguridad social;  pero cuando echan el cierre y mandan a los trabajadores a la calle porque encuentran mano de obra más barata en África o en China, nadie les pide cuentas. Que les quiten lo bailao.

-Ponemos trabas a nuestros emprendedores y a los que crean empresas, o exigimos que rotulen en el idioma de cada chiringuito autonómico, o les obligamos a que cumplan requisitos absurdos que encarecen sus productos para mantener  administraciones periféricas inútiles, o les freimos a impuestos municipales, autonómicos o estatales, o les maremos con parefernalia administrativa, otra vez -y ya lo siento- local, de comunidad, estatal o europea.

-Te dejo la línea abierta para poner alguno más de los ciento veintidós ejemplos que se me ocurren.

Tercero.- Tenemos 47 aeropuertos públicos. Hay 2.600 kilómetros de red ferroviaria de alta velocidad -la más extensa de Europa y la segunda del mundo, detrás de China-. España cuenta con casi 12.000 kilómetros de autovías y autopistas, éstas últimas de gestión privada, pero muchas con peajes en sombra y otras con garantía financiera a cargo de los presupuestos públicos; construirlas nos cuesta una media de 6 millones de € por kilómetro, y mantenerlas, más el gasto de los peajes en sombra y subvenciones al peaje, casi 2.500 millones de € al año. No hay ciudad que se precie que no tenga su Universidad pública. Inversiones faraónicas con que se llenan la boca nuestros políticos, pero callan que el precio del billete del AVE no cubre ni un tercio de su coste, tampoco nos dicen que esa red de alta velocidad ha postergado las líneas ferroviarias de mercancías y con ello priman el transporte por carretera, mucho más caro e infinitamente más contaminante. Y es que somos ricos, por si no habías caído en la cuenta.

Cuarto.- Los inspectores de Hacienda calculan que hay más de 200.000 € de fraude fiscal. Si los que viven de una nómina estamos retratados frente al fisco, ¿quién defrauda? Un ministro de trabajo, de infausta memoria, calculaba grosso modo que la economía sumergida en España rondaba el 20% del PIB. Y debe ser verdad porque con un 20% de paro hace muchos meses que habría habido un estallido social. La pregunta es obvia: Si tenemos 3,1 millones de funcionarios (17% del total de empleados), ¿por qué no tenemos capacidad para reducir el fraude fiscal y la economía sumergida? Te doy una solución para eliminar ambos factores: Suprimir el dinero en papel y admitir sólo el dinero electrónico, de forma que quede rastro informático de cada transacción. ¿Sabes quién se opondría? Todos aquellos cuyos ingresos son oscuros o no provienen de una nómina y, por consiguiente, tienen fácil defraudar.

Quinto.- Hace más de una década a algún iluminado se le ocurrió la feliz idea de que todo aquel terreno que no tuviera una especial protección era susceptible de enladrillarse, y lo que es peor, dejó en manos de los 8.000 ayuntamientos con sus alcaldes y concejales de urbanismo al frente, la postestad de cambiar el uso del suelo a urbanizable y otrogar licencias de construcción. Se iniciaba la etapa del trilerismo: la bola desaparecía ante las narices de los administrados y cuatro mamones se hacían de oro. Se enladrilló el solar patrio al mismo ritmo que unos cuantos enladrillaban sus cuentas corrientes. Los notarios daban fe pública de que en unas horas, a  veces no trascurrían ni unos minutos, el terrenito se multiplicaba de milagro como los panes y los peces (Notas: 1.- El notario tiene el estatus de funcionario público. 2.- El código penal no contempla la especulación y el enriquecimiento injusto es cosa del Derecho Civil. 3.- La ex ministra de Fomento -de infausta memoria también, a la sazón inspectora de hacienda- nos recordó que el dinero público no tenía dueño. 4.- Los políticos corruptos son aplaudidos en la calle, les piden autógrafos y, por encima, si se presentan a las elecciones se les vuelve a votar -con v-). Spanish is different.

Sexto.- El Banco de España, otrora institución que supo ordenar debidamente el curso de los acontecimientos bancarios desde la crisis bancaria de los ochenta hasta bien entrada la década ya pasada, se ha dedicado en los últimos tiempos a sugerirle, cuando no a exigirle, al poder político y al económico las medidas necesarias para navegar la crisis, pero a costa de hacer dejación de sus deberes de inspección del sistema financiero. ¿Qué hacía el Banco de España mientras las entidades financieras competían entre ellas para “robarse” hipotecas de importes haste el 120% de las supuestas garantías? ¿Qué decisiones adoptó cuando esas entidades “exigían” a sus tasadoras que incrementaran el precio de sus tasaciones hipotecarias? ¿Dónde estaba el Gobernador del Banco de España en el momento en que las cajas de ahorro se metían en el negocio de promoción de viviendas y los bancos compraban terrenos para especular? Ah sí, estaba dando lecciones de economía, las mismas que estaban dando los banqueros, tan queridos y ensalzados ellos, que hasta un Madoff les pilló con el carrito del helado (recordemos que nuestros banqueros se fiaban de este sujeto cuyo fondo era auditado por una compañía que sólo tenía un empleado, eso sí, era contable). Por cierto, ¿algún banquero ha dimitido por su nefasta gestión del riesgo? Ah no, están convenciendo a sus “consejeros independientes” para que voten a favor de la ampliación de sus sueldos y prebendas.

Séptimo.- El coste de la Seguridad Social española no llega al 8% del PIB, se mantiene en un porcentaje similar desde los años ochenta. Digamos que en Francia y Alemania está cercano al 15% del PIB. Digamos que según el profesor Barea y otros insignes etudiosos del tema, en el año 2005 el sistema español tendría que haber quebrado al no poder pagar a los pensionistas; hoy, 2 de enero de 2011, más de diez años después, estamos en superavit y hay un fondo de reserva de 62.000 millones de €. Hay cuatro millones largos de parados, más de un 40% entre los jóvenes, y se pretende incrementar la edad de jubilación a los 67. ¿Será para evitar que los jóvenes encuentren empelo? Digo yo, si no sería mejor fomentar el empleo para evitar por un lado, la sangría del coste del subsisdio de desempleo y por otro, para incrementar la masa de cotizantes a la Seguridad Social. Digo yo, si no sería mejor, suprimir todas las primas a la jubilación anticipada, primando a la vez el mantenimiento voluntario en el trabajo más allá de la edad de jubilación y, entre tanto, esperar que escampe la recesión, se produzcan unas tasas razonables de creación de empleo, antes de poner encima de la mesa una decisión a todas luces innecesaria en estos momentos. Además, el sistema complementario de pensiones privadas ha sido un fracaso para los fondistas, y un negocio redondo para las gestoras de planes de pensiones propiedad de los bancos, que se embolsan hasta el 2.5% del capital de los fondos cada año, llueva, nieve, hiele o haya sequía en el campo. Recordemos que, a finales de los ochenta, a las empresas les obligaron a externalizar sus fondos, esto es, a privatizarlos y a los trabajadores nos vendieron las bondades de ahorrar nuestro dinero invirtiendo en planes de pensiones, pues bien:  Recientemente han sido publicados por el IESE dos estudios cuyos autores son Pablo Fernández y Vicente Bermejo acerca de la rentabilidad de los fondos de inversión y los fondos de pensiones en España. El resultado de ambos estudios es demoledor. Respecto estos últimos: “En los últimos 10 y 17 años, la rentabilidad promedio de los planes de pensiones fue inferior a la inversión en bonos del Estado. Sólo dos de los 170 planes con 17 años tuvieron una rentabilidad superior a la de los bonos del Estado. Ninguno de los 170 planes con 17 años de historia; 3 de los 511 planes con 10 años de historia; 2 de los 1597 planes con 5 años de historia y 2 de los 2007 planes con 3 años de historia tuvieron una rentabilidad superior al Índice de la Bolsa de Madrid.” Y para redondear la faena, el Sr. Zapatero cambió la fiscalidad de los fondos de pensiones suprimiendo la deducción del 40% del impuesto en caso de rescate de una sola vez.  Bravo, visión de futuro. Digo yo, si no sería mejor ir a un sistema público como el sueco, una parte se cionstituye como fondo idividualizado con su rentabilidad actualizada cada año, sin que los bancos depreden el 2,5% en comisiones, y otra parte se destina al sistema de reparto, esto es, a hacer frente a las pensiones de los actuales pensionistas. Por supuesto, siempre con la libertad de complementar son un sistema privado puro, pero con tres premisas: a) Limitación de las abusivas comisiones de gestión y administración y que sólo puedan cobrarse sobre los beneficios caso de que se produzcan y no sobre la totalidad del capital. b) Un sistema impositivo limitado sobre el rescate del fondo de pensiones. c) Que no se penalice la disciplina en el ahorro en planes de pensiones privados mediante la limitación a los servicios sociales en el futuro, es decir, que no ocurra como en la actualidad, que las cigarras que se han pulido todo su patrimonio tienen derecho a todos los servicios sociales, mientras las hormigas que ahorraron se ven impelidas a sufragar con sus ahorros las dependencias propias de la edad que deberían cubrir los servicios sociales, dándose la paradoja que “viven mejor en la tercera dedad las cigarras que las hormigas”.

Octavo.- Los Jorge Javieres. Belenes Estebanes y demás ralea son un síntoma, nada más. Aunque sus egos, sus audiencias y sus emolumentos vayan in crescendo, no son más que un síntoma, como lo es el sarpullido o la fiebre, de una enfermedad social.  Hete aquí que esta sociedad que hizo una transición modélica, que se congratula de haber conseguido derechos, libertades y una cultura media más que aceptable, está vieja y cansada como el caballo del bolero. La fatuidad, la banalidad nos está barriendo como un tsunami. Leo análisis económicos: vacuidad de ideas, lugares comunes, reiteraciones, insultos, procacidades; a partir de la primera línea ya enseña la patita y sabes de qué pie cojea. Leo a sesudos sociólogos: basta con reconocer la firma para saber el terreno que piso y adivinar las conclusiones de sus estudios, eso sí, perfectamente documentados con estadísticas que casan fielmente con sus argumentos. Ya no te digo cuando leo historia. Para qué hablar de los artículos periodísticos, de las tertulias, de los sermones de nuestros comunicadores de cabecera. Pareciera que todo el mundo hubiera estudiado para abogado y con gran provecho, saben emplear con astucia las triquiñuelas del fiscal cuando es el caso, o del abogado defensor si es lo que toca; arrimando el ascua a su sardina, forzando las interpretaciones de la “norma” o, cortando pegando y coloreando los considerandos de la jurisprudencia que abundan en la tesis defendida. No en vano la mayoría de los políticos son licenciados en Derecho.  El poderoso caballero Don Dinero sabe que excitar el hipotálamo de las masas (sí, esa glándula que heredamos de los reptiles y que nos gobierna cuando el consciente está obnubilado o de vacaciones) es muy rentable, es el pan y circo romanos.  No vende la hondura, la finura, la ironía, la sabiduría, la humilda. Ni el trabajo bien hecho, ni las frases bien construidas, ni los conceptos elaborados, ni los dilemas, ni las dudas, ni los porqués, ni los adóndes.

Esta Navidad–el ocio es lo que tiene- destripé algunos artículos en busca de ideas, no nuevas, no, sólo ideas, que ideas nuevas con una buena cada diez años ya es bastante por barba. Y me atrincheré en la mesa con las armas del papel y del lápiz. Pues bien, después de quitar los antecedentes, soplar sobre la paja, pulir los adjetivos calificativos, deshacerme de los lugares comunes, apenas sí encontré alguna idea ya manida, simplemente esbozada y, por supuesto, sin desarrollar.  Y sin embargo, hay materias científicas como la médico sanitaria, la biología, la física, la astronomía…,  en que España es puntera. Sus próceres deberían ser los top –perdón por el anglicismo- de los medios de comunicación, además no cobran como la Esteban no sé cuántos miles de euros por hacer lo que las verduleras practican con más criterio mientras colocan, pesan, embolsan y cobran. Ya entiendo, nuestros sabios y eminentes no excitan nuestros hipotálamos, sus discursos exigen estar conscientes y aplicarse en la tarea de seducir las neuronas y a las dendritas para que se unen mediante sinapsis y que rieguen nuestros cerebros con los impulsos de la inteligencia. Y eso es cruel.

Noveno.- Tenemos una Justicia, tal vez excesivamente garantista y, por ende, lenta; no exenta de trasuntos corporativistas que vienen de la oprobiosa. Habemos unos legisladores muy atentos a las vísceras de la calle -cuyos humores muchas veces son removidos con hiel por determinados medios-, que modifican las leyes o crean nuevas a golpe de efectos mediáticos. Proliferan políticos que sólo toman decisiones en función de la encuesta y no hacen nada que no exista y nada existe para ellos, si no es publicable y vendible políticamente, amén. Abundan los medios de comunicación que se atrincheran en una guerra sin cuartel, suplantando a jueces, legisladores, políticos; medios que se erigen en heraldos de la Verdad, aunque prediquen verdades tan contrastables objetiva y científicamente como el misterio de la Santísima Trinidad en su versión de la conspiranoia del 11 M y, por encima, consideren que los ciudadanos lectores, escuchantes o espectadores somos un poco lelos. No me preocupa que los políticos “pillados” se defiendan con tinta de calamar y con “campana y se acabó”. Son ciudadanos y tienen derecho a defenderse. Eso sí, también tenemos derecho a valorar su forma de actuar y la del partido que les ampara. Me preocupa que la Justicia sea tan lenta y necesite 30.000 fotocopias y varios años para culminar en “los delitos, de haberlos, han prescrito”. Pero me preocupa infinitamente más que, los ciudadanos cuando votamos -dicen los entendidos y las encuestas- tendemos a disculpar las veleidades delictivas de nuestros mandatarios en los asuntos económicos. Hay corruptos que han revalidado mayorías absolutas. Me preocupa más aún, si cabe, que los corruptos son corrompidos por alguien. Esos alguien que atacan triplemente nuestros bolsillos: por las dádivas que hacen seguir a nuestros mandatarios corruptos, porque ganan los concursos amañados, encarecen los servicios que teóricamente prestan a los ciudadanos y porque condenan a la miseria económica a las empresas que actúan dentro de la ley y de la decencia. En consecuencia, destruyen riqueza y empleos, diluyen nuestra confianza en el mar de su avaricia y encarecen nuestros impuestos. Flaco servicio nos hacen esos mamones, sus mentores y sus encubridores. La corrupción y la falta de justicia inmediata ante cualquier controversia o, ante el delito económico, lastra profundamente cualquier economía. Créme, más allá del daño a la democracia, a  nuestro sistema de valores y del agujero producido en nuestros bolsillos; está el que produce al desarrollo de nuestro sistema económico y, en suma, castiga a la inopia nuestra potencial riqueza futura.

Vayamos a sistemas de transparencia total en la Adm¡nistración: Cada partida presupuestaria y su desarrollo publíquese en una página WEB, con sus concursos públicos, empresas adjudicatarias, actas de los funcionarios, sus objetivos y distancia a su cumplimiento, seguimiento de cada pago  e ingreso, fotos y certificados de obra…etc.

Décimo.- 17 comunidades autónomas, 18 gobiernos, 18 parlamentos, 8.000 ayuntamientos. ¿Cuántos presupuestos? ¿Cuántos coches oficiales? ¿Cuántas visas oro o platino? ¿Cuántas leyes para dar trabajo a tanto amigo? ¿Cuántas lenguas para crear la diferencia? ¿Cuántas historias inventadas para ensoñar una patria común? ¿Cuánto clientelismos se necesita para sostener el tinglado? ¿Cuánto medio de comunicación para mantener la impostura? ¿Cuántas empresas invitadas al banquete de cada presupuesto? ¿Cuántos familiares, amigos, votantes al sopicaldo? ¿Cuánta mierda se esconde en los papeles? … Ya se sabe, el papel lo aguanta todo. ¡Cuánto catetismo!

J. Carlos

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