Controladores

Estoy en el aeropuerto Francisco Sa Carneiro de Oporto, a la espera de de que salga un improbable avión para Funchal, capital de Madeira. Digo improbable porque el mal tiempo en la isla hace que el calificativo adquiera una consistencia de certeza. He venido en coche desde Madrid, salí a las diez y media de la mañana, decisión arriegada después de oír  las noticias de que unos privilegiados habian secuestrado a unos cuantos millones de españoles, entre los que me cuento, y presintiendo que mi vuelo, con salida prevista a las ocho de la noche, sería  cancelado.

Me parece patético que un colectivo, amparándose no el valor de su trabajo, que es bastante rutinario y simple, sino en la circunstancia de que su dejación afecta a millones de personas al mismo tiempo, tomen la iniciativa de abandonar sus puestos y delinquir contra el derecho a la libre circulación de las personas.

Clama al cielo que los sucesivos Ministros de Fomento amparándose en su propia cobardía, porque eran conscientes de que si ponían coto a sus bravatas les volteaban los aeropuertos patas arriba, les multiplicaran los emolumentos, les redujeran las horas ordinarias de trabajo y les pagaran las extraordinarias a precio de oro. Pero de oro, oiga, que alguno no se despeinaba por menos de un millón de euros al año. Espero que alguien se atreva a subir a la red los sucesivos convenios con las firmas estampadas al pie y los nombres de los Ministros que permitieron que se perpetrara ese robo a mano armada. Además, como no salía del presupuesto del Ministerio, sino de las tasas aeroportuarias que pagamos los sufridos españolitos al volar, miel sobre hojuelas para los susodichos Ministros. Hubiera dado igual que saliera de las partidas del Departamento, como dijo aquella sesuda Ministra, el dinero publico no es de nadie.

Es lamentable que la democracia no tenga suficientes herramientas juridicas, o nuestros políticos no se hayan, al menos hasta ahora, atrevido a ponerlas encima de la mesa, como hizo la marquesa, para parar los pies a estos secuestradores de la libertad de los demas, ergo delincuentes. No es la primera vez que abandonan sus puestos de trabajo con y hasta sin subterfugios, y hay figuras delictivas tanto en la ley que regula la navegación aérea como en el código penal. Basta repasar sus desmanes en los últimos años y ver las medidas que tomaron nuestros gobernantes. Ya se sabe, de aquellos polvos vienen estos lodos.

Como colectivo se merecen el desprecio social. Pero en tanto individuos, espero que los juzguen como presuntos delincuentes y, le pido al Ministerio Publico que solicite las indemnizaciones a que haya lugar con cargo a sus bienes presentes y futuros. Por cierto, podríamos constituirnos todos los perjudicados en asociación y ejercer la acusación particular.

Si algún día tropiezo con uno de estos presuntos delincuentes, simplemente le diría: Qusiera ser tu médico y explicarte que yo no actúo como tú cuando estás enfermo y acudes a mi consulta, y si hago huelga, cumplo con el preaviso de la ley, con los servicios minimos, etc. y, en todo caso, en huelga o no, siempre te salvaré la vida, ya sabes, el juramento hipocrático. Me gustaría ser tu asistente de proteccion civil si sufres un accidente para contarte que, no soy como tú y no miro ni la cara ni la raza del accidentado, ni siquiera me inmuta que pertenezcas a ese odioso colectivo cuando me arremango para ayudarte. Quisiera ser el policía que te salve del atraco aunque me estresen las balas que silban a mi alrededor, o el bombero que sofoca el fuego si arde tu propiedad jugándose la vida, o el simple empleado de banca que te atiende con dolor de muelas. Me gustaria ser el auxiliar de Aena que prepara tu abultada nómina cada mes, sin cabrearse porque ganas cien veces más que él y trabajas bastantes menos horas.

Sí, estoy deseando echarme a un sujeto de estos a la cara para preguntarle como ciudadano que le enseñaron sus padres, que tipo de educación cívica aprendió en el colegio, que libros lee, si es que lee…, que amigos tiene, si es que tiene.

No es indignación, es algo más. Han envilecido nuestros derechos, han emborronado la marca de España, que no es que pasara por sus mejores momentos. Han condenado a la ruina a unos cuantos empresarios y, seguramente, a miles de trabajadores. Se vienen riendo desde hace años en nuestra cara. Ayer, simplemente, se nos mearon encima.

Aplaudo el temple y arrojo del Sr. Blanco. Aplaudo la declaración del estado de alarma. Aplaudo que, por una vez, los chulos y los mafiosos pierdan un pulso. Aplaudo el que alguien manifieste, al menos, que se va a aplicar la ley. Y aplaudo que por fin y, en este tema, haya triunfado el sentido común.

Lamentablemente ya ha empezado el vodevil de la politica y cada cual valora de que lado de la balanza se inclinan según que votos. Hay declaraciones que dan asco, pero así de canalla es la política. Para una vez que hay una causa común que clama al cielo, pues ni por esas.

Todo quedará en agua de borrajas, no les harán ni cosquillas. Lo sé, en cuanto pase el vendaval, algunos perderán unos miseros pelos en la gatera y ya está, el foco mediático alumbrará en seguida a otra parte. Esto mio no es mas que un desahogo, una querencia a lo sumo, no me supongas tan ingenuo.

Termino ya, con una reflexion que me incumbe. Soy un privilegiado porque aunque no he podido tomar el avión por culpa de estos presuntos delincuentes y he debido conducir seiscientos kilometros y perder dinero… al cabo, estoy vivo. Lamentablemente habrá alguien que transitando por carretera y por el mismo motivo que yo, no podrá contar su peripecia porque en los cementerios reina el silencio. ¿Al debe de quién o quiénes lo apuntamos?

El avión que tenia su salida a las veintidós hora portuguesa, tiene retrasada su salida hasta la una.

J. Carlos

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